Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: sábado

Las vías ferrattas de Canillo al bolsillo

A veces es sorprendente como pueden salir las cosas. La realidad puede superar incluso la ficción. Resulta que tuve la acertada idea de poner un anuncio en la página web de la FEEC -Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya-. Ponía que buscaba compañero, o compañera, para realizar excursiones y que se pusieran en contacto conmigo. La verdad es que no esperaba que me contestara nadie. Pero esta vez no fue así. Resulta que cada vez más la gente que practica el mismo tipo de montaña que yo con el tiempo se quedan sin amigos para salir. Acabas o no saliendo o saliendo solo. Cualquiera de las dos cosas no entran mucho en mi concepto de montañismo. Total. Un buen día recibo un email. Es de Joan, tiene la misma edad que yo y vive casi al lado de mi casa en Girona. Realmente increíble. Le contesto el email y le propongo quedar para comer o cenar y poder intercambiar ideas y propuestas. No soy de los que le guste que una relación de internet se eternice en este medio. Creo que rápidamente el contacto debe pasar a formar parte de la vida real. Resulta que para temas de montaña este pensamiento es muy fácil de llevarlo a la práctica. En otros temas ya la cosa pasa a ser harinas de otro costal. En fin. ¡Qué se le va a hacer!
La comida transcurre muy fluida y se hablan de muchos temas. Quedamos para hacer unas canales de hielo en el macizo del Cadí. El fin de semana escojido es el del puente del 1 de mayo del 2003. Recuerdo perfectamente como en un momento de la comida mi nuevo compañero me hizo, según él, una pregunta casi indecente … ¿Si ahora te preguntara la montaña que más te gustaría intentar ahora cuál sería? Yo le contesté casi sin dudar … el Ama Dablam. ¡Joe! … me contestó … yo creo que ni tú ni yo ahora estamos preparados para enfrentarnoa a semejante reto. No … le contesté yo convencido … o … igual no tanto. Tiempo al tiempo.
La cuestión es que el día acordado ya íbamos camino del Cadí. Hemos quedado con Emilio a la hora de la cena. También es otro contactado por la web de la FEEC. Los tres nos conoceremos gracias a internet. Durante el viaje yo le pregunto a Joan como es que no sale con su grupo excursionista a la montaña. El motivo básico que me alude es que no le gusta ir con ellos porque siempre cambian de plan a última hora. Claro eso no es serio. Si se queda para ir a un sitio pues hay que respetarlo. Ya lo entiendo yo perfectamente. Pero … a nosotros nos va a pasar lo mismo que criticamos … Resulta que al llegar al Cadí vemos que ya no queda nieve en las canales y dedicimos cambiar radicalmente de plan … nos vamos a ir a hacer vías ferrattas a Andorra. Como resulta que todo el material que llevamos es para hacer hielo no llevamos nada para roca. Total que antes de empezar tenemos que pasar por una tienda y comprar un disipador, un cordino y un par de mosquetones de seguridad. Ya estamos listos.

Roc del Quer
Roc del Quer

El primer objetivo del sábado 3 de mayo fue la directísima al Roc del Quer de la parroquia de Canillo. Esta vía ferratta sube por la parte más vertical y extraplomada de la pared. Esto hace que se sucedan una serie de pasos muy atléticos desde el primer momento. La vía en cuestión no es que sea muy difícil, precisamente, pero es exigente. Dejamos el coche en un aparcamiento que hay en la misma carretera que sube de Canillo hacia Ordino. El aparcamiento está después de una primera curva muy cerrada y una recta. El inicio de la ferratta está en esta misma recta hacia el centro de la misma y hay una placa indicativa. El itinerario nos lo encontramos perfectamente equipado con cables, cadenas, peldaños y presas muy divertidas. Hay, de vez en cuando, puntos para rapelar por si la cosa se pone fea y conviene hacer un abandono honroso.

Roc del Quer
Roc del Quer

Nosotros disfrutamos la vía y del día. No paramos de hablar y no paramos de hacer fotos. El resultado es el que se puede ver en el reportaje fotográfico. Estuvimos casi un par de horas que pasaron casi sin darnos cuenta. El punto clave de la ascensión está hacia el final que se sortea un gran extraplomo por su izquierda y luego se supera con una travesía de vértigo. Realmente no es apto para cardíacos.

Roc del Quer
Roc del Quer
Roc del Quer
Roc del Quer

Una vez terminamos la vía en el mirador nos fuimos a comer a Canillo. Engullimos unos macarrones en un santiamén. Medio en broma medio en serio comentamos si hacíamos otra vía para aprovechar la tarde. Yo como pensaba que Joan estaba mas bien de broma le dije que vale. Pero la broma acabó en serio. Joan y yo nos dirijimos a la vía ferratta de Racons mientras nos despedíamos de Emilio que ya regresaba a Barcelona. Racons es una vía francamente difícil. En la directísima del Roc del Quer cuando necesitas hacer un paso siempre te encuentras un peldaño. En Racons ni de broma. Ahí radica su dificultad. Tiene peldaños pero estan tan espaciados el uno del otro que casi siempre hay que hacer una presa intermedia en la misma roca. Francamente elegante, seria y atlética. Tiene a mi manera de ver dos pasos interesantes. Uno es un largo en el que se transcurre por una roca vertical sin un puñetero escalón que si fuera en libre sería como mínimo de cuarto. En este caso tienes una cadena y un cable de seguridad. Pero nada más. Y el otro paso es el extraplomo. Superar el extraplomo que está al final de la vía tiene su intríngulis. Simplemente te quedas sin fuerzas de brazos. La torta que te espera es de campeonato. Y el brazo ya no responde. Se supera con una dosis de sangre fría fuera de lo normal y una inyección adrenalítica sin parangón. Eso sí la recomiendo. Es una vía que hay que hacer para el que se dedique al ramo este nuestro de las locuras de conquistas de lo inútil.

Racons
Racons
Racons
Racons

Ya cansados de las dos vías nos dirijimos de nuevo al mirador del Roc del Quer. Allí nos encontramos con un grupo en el que había unas cuantas escaladoras. Mi locuaz compañero enseguida entabló conversación. La cuestión es que ni nuestro vino ni nuestra oferta de compartir vivac tuvo mucho éxito entre las féminas. Seguramente fue porque nos dijeron que eran de Andorra y claro siempre puede ser mejor dormir en una cómoda cama que en un cómodo prado de hierba. De todas formas yo creo que esa bella noche se equivocaron de elección. El vivac bajo las estrellas después de haber bebido el vino fue realmente una experiencia única.

Canal del Grau
Canal del Grau

Al día siguiente nuevo objetivo: la Canal del Grau. Resulta que cuando terminas la vía ferratta de Racons puedes empalmarla con la de la Canal del Grau. Por poder todo se puede en esta vida pero son dos vías francamente duras. Para hacer el mencionado empalme hay que tener una fuerza física ya importante. La vía de la canal del Grau es tan difícil como la de Racons ni más ni menos.

Canal del Grau

Tiene un aire diferente con sus travesías y sus puentes colgantes pero no deja de ser difícil. Tiene sus extraplomos pero son bastante más limitados que el último de Racons. Se sube a una espectacular aguja y después tiene a mi modo de ver quizás el paso más comprometido. Se trata de una travesía que sólo se puede superar en oposición a lo Dülfer.

Canal del Grau
Canal del Grau
Canal del Grau
Canal del Grau

La bajada la hicimos por la misma canal dando un primer rodeo inicial. Después de comer estuvimos de tiendas por este caótico pequeño país pirenaico y por la tarde dirijimos nuestros doloridos cuerpos hacia un merecido descanso.

Canal del Grau
croquis vías ferrattas de Canillo
croquis vías ferrattas de Canillo

© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.003.

Al Besiberri Nord por l’estany Tort de Rius

Lo que me escribe Robert el 20 de diciembre de 1981.
(…) El motivo fundamental es explicarte la última aventura de la que me parece ya sabes alguna cosa.
A lo mejor te puede ayudar más el que te incluya los horarios y que te los vaya comentando. Igual son incomprensibles, aunque no lo creo. Fuimos Joan, su primo, Miquel R. y yo.
Viernes: salida de Barcelona a las 16.00, refugio de pescadores al lado del túnel de Viella a las 21.00 (aquí pasamos la noche).
Sábado: salida del refugio a las 9.00, port de Rius 12.45, port d’Estany de Mar 16.00, refugio metálico de la bretxa Peyta 21.00.
Si coges un mapa creerás que somos unas “tortugas cojas”, pues no. Te explico: al principio nos lo cogimos con calma, disfrutando del paisaje y de los estanys. Según las guías tardaríamos unas 6 horas. Pues a subir. Entonces nos pusimos a buscar un atajo. El terreno es bastante abrupto, la nieve nos llegaba a la cintura y a veces más arriba (nunca bajó de las rodillas). La piedra estaba helada totalmente y para colmo oscurece y no hay Luna. Nos turnábamos para ir abriendo paso, trabajo muy agotador (en verdad no había nunca luchado tanto como esa vez). Íbamos con una idea fija en la cabeza: llegar al refugio. Era lo único que me movía a intentar avanzar en esa sopa. Pero como ese no fue nuestro día todavía hay más: el final de la brecha no tiene nieve, es peor, piedra totalmente descompuesta y además cubierta de “verglaç” (en algunos lugares la capa de hielo tenía más de un par de centímetros). Era bastante vertical, sin Luna y sin frontales. Ya te puedes imaginar. Miquel y yo llegamos una hora antes que los demás. Yo funcionaba con el “piloto automático”. Pusimos una cuerda fija para Joan y para Josep. Empezaba a hacer mucho frío. Cansados como estábamos tuvimos que fundir nieve, tardamos tres horas en poder apagar la sed. Esto sí: el metálico es una delicia. Estuvimos con dos franceses muy simpáticos que iban a escalar el Pa de Sucre. Encontré nuestras firmas en el libro del mes de septiembre de 1979.
Domingo: salida del metálico a las 9.00, pie de la pared 10.00, cima del Besiberri Nord 11.30, pie de la pared 12.45, salida 13.00, estany 14.15, pleta del riu Malo 15.15, presa de Cavallers 16.00, Caldes 16.45, Erill la Vall 18.30 y Barcelona 01.00.
El plan era ir después del Besiberri Nord al Central por la brecha Trescazes lo que implicaba una larga travesía de nieve en muy mal estado y bajar otra vez al túnel de Viella. La cresta del Besiberri Nord al Central descartada en invierno y en verano cuando quieras aunque es necesario conocer pitonar y rapelar. En la subida me puse en un diedro de III+ con un poco de nieve en medio de la progresión pero es seguro. Cuando estaba el primer pitón colocado y preparado para asegurar me dijeron que por allí nada y que no les engañaría a subir por allí. Bajé en rapel hasta abajo (la primera vez que uso un pitón). La pared es muy segura y aérea. Además hacia un día muy bueno. Era de I y de II la escalada pero no es apta para empezar. Hay lugares que impresionan mucho. A la bajada estuvimos a punto de hacer un rapel y cuando estaba montado dijeron que no se fiaban. Era extraplomado y no se veía la cuerda por abajo. Bajamos muy cerca de la arista NE.
Era muy tarde, la nieve estaba podrida, estábamos un “poco” agotados … decisión: bajaremos por riu Malo y llegaremos en auto-stop hasta el túnel. Llegamos a Caldes y todavía no habíamos visto a ningún coche. Allí uno cogió a Joan hasta el túnel y nosotros seguimos bajando mientras hasta Erill. Nos encontramos de nuevo y de regreso a casa con una ascensión más. (…)
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Con la tormenta pisándonos los …. ones

ASCENSIÓN AL TUC DEL MULLERES (3016 m) PRIMER TRESMIL DE MI HIJO NÉSTOR.
13 de julio del 2003.
Intentar explicaros la alegría que tiene un padre que ve como su hijo de siete años sube por su propio pie a su primer tresmil es algo imposible para mí. Relataré un conjunto de emociones, pensamientos y experiencias de la excursión. Espero que a partir de ellas podais extraer esa inexplicable alegría que aún hoy siento en mi interior.
No sé qué me pasa últimamente. De verdad. Es un finde normal y corriente de verano como cualquier otro. Hace ya casi un par de meses que lo tengo reservado eso sí. Lo reservo porque el grupo de padres, madres y los hijos del Centre Excursionista de Banyoles, con los que salimos cada mes, tiene programada una excursión al Tuc del Mulleres. Es la “colla de pa xucat amb oli” … hablando en plata … nada que rascar … jejejeje … y estamos mentalizados de ello. Somos conscientes que con niños no se pueden hacer milagros en la montaña pero una vez al año nos sube la locura colectiva a la cabeza para intentar algo fuera de lo normal. ¿Fuera de lo normal? ¿El qué? … Subir un tresmil del Pirineo. Mi cuñada me lo ha dicho hoy …
– “Cuando me has dicho por teléfono que Néstor ha subido a un tresmil he pensado enseguida que no te había entendido bien … pero ¿seguro que habeis subido? … ¿sí?”.
– “Sí”, le contesto yo escueto y contundentemente.
En fin. La cuestión es que aún y tener el finde ocupado me habían propuesto otros tres planes alternativos todos ellos muy interesantes. Yo la verdad es que dudé hasta el último momento. Una decisión de este calibre me costaba mucho realizarla. Y para colmo la previsión meteorológica era totalmente mala: tormentas cada tarde. El viernes por la tarde intento hablar con mi hijo del tema. Intento hacerle comprender en su lenguaje lo que quiero saber …
– “¿Quieres subir a una montaña muy alta? ¿quieres venir a un sitio que sólo suben las personas mayores?”, le pregunto yo.
– “¿Vendrán a la excursión Bernat y Grau?”, me contesta con una pregunta rara y que me da la impresión que me está cambiando de tema.
– “Sí claro que irán”, le digo yo perplejo.
– “Iupiiiiiiiiiiiiii”.
Como comprendereis esta conversación demuestra que los niños tienen una mentalidad totalmente diferente a la nuestra. Hay que tener un chip especial para comprenderlos. Yo pensando en la dificultad de una empresa de este estilo y los problemas técnicos que van a aparecer. Él sólo quería saber si irían sus amigos para jugar con ellos. Estaba claro. Tenía que ponerme las pilas. Corriendo a las ocho de la tarde vamos al Decathlon. Compro una mochila de 80 litros para poder llevar todo el volumen de cosas que tendré que llevar, puesto que no puedo contar que el niño lleve absolutamente nada si quiero que realmente suba a la cumbre, y una cuerda de 15 metros para superar el tramo difícil de la excursión: la brecha final que da acceso al collado. Esa noche creo que hice una de las mochilas más dificiles de mi vida. Hacía muchos años que no me encontraba ante un reto de ese calibre. La verdad es que ir a dormir a las dos de la madrugada tuvo su recompensa puesto que no me falló absolutamente nada. Lo llevaba todo pensado y previsto. Creo que el éxito de esta excursión ya empezó en este momento de planificación. Por la noche continuaron los problemas. A Néstor le picó un mosquito justo en la planta de un pie y a mí me había salido una llaga también en la planta del pie. Una vez apliqué unos sencillos remedios caseros me fui a dormir realmente rendido.
Suena el despertador a las siete de la mañana. Mi aceleración va “in crescendo”. Un buen termómetro para saber si le gusta algo a Néstor es ver la velocidad que tarda en vestirse por la mañana. Ver su rapidez me animó. Mientras preparo todos los bocadillos mi cabeza no deja de pensar en los futuros problemas. El primero que vamos a tener es que llegaremos a la boca del túnel de Viella y nos encontraremos que va a llover. No llevamos tienda porque hemos acordado hacer vivac. Al final pienso llevarme la furgoneta para que nos pueda servir de cobijo por la noche en el caso de que la lluvia sea persistente y no nos deje hacer vivac. Llamo a Josep.
– “¿Sabes que va a llover? ¿Qué haremos con la gente?”, le digo yo preocupado.
– “Nada, tranquilo, yo conozco un refugio libre al lado del túnel”, me contesta con su habitual despreocupación.
– “Vale, de acuerdo, pero yo me voy a llevar mi propio coche por si acaso”, le digo yo no muy bien convencido.
– “Aaa, bueno, vale”.
Ya en la puerta Néstor me dice que no quiere ir con la furgoneta porque en el viaje a Port Aventura de la semana anterior cuando llegó a marcar los 300.000 kilómetros se le bloqueó el cuentakilómetros y ahora él no sabe a que velocidad vamos … jejejeje … Pues nada. El niño manda. No voy a ser yo quien me pelee por una cosa así. Bien pensado si vamos en caravana mejor que lleve el coche que es algo más rápido que la furgoneta y no ralentice la marcha.
En el viaje no hubo problemas de ninguna clase. Sólo se oyeron quejas de la velocidad del primer coche puesto que el resto del grupo tenía problemas para seguirlo. El conductor se escudó diciendo que cuando iba con otros grupos era él el considerado lento pero la verdad es que esos argumentos no convencieron a nadie. En el portal de los Pirineos me llama PK al móvil. Su parte meteorológico: el viernes hubo tormenta de las cuatro a las nueve de la tarde en el macizo del Aneto y hoy sábado a las nueve de la mañana había aparecido un dubitativo y eficaz viento del norte que despejaba por completo el cielo. Eran buenas notícias sin lugar a dudas.
– “Este año parece que tienes un ángel de la suerte a tu lado”, y me desea con cierta envidia ánimos.
Yo sé que la suerte no me la da ningún ángel me la da mi viejo piolet compañero de mil aventuras y que nunca me ha fallado en ningún tresmil. Tengo que reconocer que en esta excursión antes de salir de casa le he pedido suerte para mi hijo. He llegado a darle un beso para convencerle que la necesito. Una vez llegamos a la boca sur del túnel de Viella aparcamos el coche. Empezamos a comer. Preparamos las mochilas. Son casi las cuatro de la tarde. Empezamos a andar y … se oye el primer trueno. Hay tormenta en el macizo del Aneto. Está justo delante nuestro. Nos miramos los unos a los otros. Todos esperan algún comentario pero nadie lo hace. El paso era más dubitativo que nunca. Empiezan a caer las primeras gotas. Se oyen las primeras risitas. Rompo ese silencio y sentencio una solución convincente.
– “¿Y si nos ponemos a cubierto debajo de un árbol y esperamos tranquilamente que la tormenta termine?”.
No fue ni necesario votar la propuesta puesto que su aceptación fue total. Una vez bajo los árboles cayó un chaparrón y al poco salió de nuevo el Sol. La mejoría no era total pero era convincente. Lo justo para acordar que continuamos la marcha. Nuestro objetivo es llegar al refugio metálico. El refugio es una pequeña construcción que permite pernoctar a seis personas en el mejor de los casos. Está muy estropeado todo pero van pasando los años y sigue aguantando.
El camino primero va por unos praderíos preciosos junto a unos meandros y luego sube una primera fuerte pendiente que supera una refrescante cascada. Luego la sensación de bochorno es muy acusada y se agradece una primera parada junto al curso del río antes de una segunda gran pendiente que conduce directamente hasta el rellano del refugio. Aprovechamos todos el descanso para merendar alguna cosa. Justo en ese instante llega hasta nosotros Mariona que baja junto con un grupo de amigos. Nos cuenta que han encontrado dificultades serias para llegar a la brecha y que sufren por un componente de su grupo que les parece que se ha accidentado en ese punto al descender un último nevero. La triste noticia se confirma más tarde. Vemos llegar un helicóptero de rescate y pronto sabemos más datos de lo sucedido. Resulta que al cruzar el nevero tuvo un resbalón que hizo que cayera por la pendiente de la nieve hasta chocar con las piedras y romperse un hombro aparte de una multitud de otras magulladuras. Espero y le deseo una pronta recuperación. También nos comenta que es una buena idea hacer una parte del recorrido hoy puesto que hacerlo todo de una sola tirada es francamente duro. Siete horas de subida desde el túnel no te las quita nadie. La cosa está en que hablando hablando no hemos mirado el cielo un rato y la cosa se ha puesto realmente fea. Pienso para mis adentros que esta vez vamos a pringar y de verdad. Josep no dice nada para no asustar pero sé perfectamente lo que está pensando. Pone la primera y se va lanzado al refugio para intentar reservar el máximo de sitio posible y poner bajo cubierto al máximo número de gente posible. Con nosotros van unos cuantos niños pequeños y nuestra intención es poderlos albergar en el refugio en el caso de que vayamos a tener una mala noche. Yo me quedo atrás cerrando la comitiva dispuesto a soportar el peor de los chaparrones posible. El mochilón que llevo no me permite poner una marcha más rápida. Llevo las cosas de dos. Néstor que había ido siempre entre los componentes del grupo o incluso disputando ir a la cabeza del grupo esta vez tiene un gesto que me conmociona. Ha visto que voy siempre detrás de la comitiva y decide esperarme para acompañarme. Se convierte, a partir de ahora, en un real compañero de infortunio tanto para lo bueno como para lo malo. La cuestión es que la suerte va a estar de nuestro lado y con un ligero remojón llegamos sin más novedades al refugio. Tres chicos de Barcelona nos ceden su sitio y van a plantar la tienda de campaña por los alrededores. No cabemos todos dentro pero los más pequeños sí van a poder dormir en su interior. Después de cambiarnos la ropa húmeda cenamos algo y acostamos a los más pequeños. Los que haremos vivac tenemos que esperar hasta pasadas las nueve de la noche. Deja de llover al fin y empieza a despejar gracias a un convencido viento que soluciona la cuestión en minutos. Pero conciliar el sueño será gracias al cansancio acumulado puesto que la imponente Luna llena que asoma en el horizonte va a dar una luminosidad ambiental increíble y molesta.

Los niños se encargan de tocar diana. Mientras, dos isards miran perplejos desde lo alto nuestras lentas evoluciones. Tres del grupo deciden no salir. El amanecer es de foto. Una cosa que me sorprende es ver sentado a mi hijo, abrigado y contemplando estupefacto ver salir al Sol. Una cosa tan habitual resulta que no lo había visto nunca. Comprendo que para un niño que está en una edad de aprender y ver cosas nuevas un espectáculo como este le sorprenda y le capte su atención.

Néstor no está muy convencido que digamos pero entre todos acordamos empezar la excursión y decidir si continuamos o no más adelante. Los ánimos nos los damos los unos a los otros. La marcha es rápida inicialmente y después de la primera parada Jordi se pone al frente del grupo con el objeto de marcar un ritmo más lento. El paso tranquilo nos va a conducir casi sin darnos cuenta hasta el pie del collado.

Llegan las dificultades. Hay un último nevero con mucha pendiente y luego una grimpada por una empinada brecha con pasos muy verticales, casi de segundo grado, para poder llegar al collado. Todos sabemos que en este sitio ayer hubo un accidentado. Ponemos precaución y sacamos la cuerda para encordar a todo nuestro grupo. Uno me comenta que aunque no sirve para casi nada confiere mucha seguridad. Es verdad. Delante nuestro hay un grupo de cuatro excursionistas. El que parece que hace de cabeza de grupo lleva una cuerda que la saca reluciente de la mochila y se la cuelga a la cabeza. Una chica de este grupo no se anima a pasar. No entiendo porque su compañero que lleva la cuerda no la utiliza para asegurarla. Para mí esto es incomprensible. Si no se lleva cuerda hay que aguantarse pero si se lleva una cuerda, francamente, colgarla al cuello es lo más inútil que me haya tirado a la cara nunca. Yo entiendo el ataque a una montaña como una labor de equipo y en estas situaciones hay que ayudar a los más indecisos encordándolos. Para evitar los accidentes hay que pecar de previsor y de prudencia. La cosa está en que ahora la gente va mucho por su lado y no está de moda ayudarse los unos a los otros en estas situaciones. Se luce los mejores materiales pero luego no se utilizan mas que para colgarlos a la cabeza o llevarlo dentro de la mochila. Es triste esto porque luego pasa lo que pasa y hay accidentes que se podrían evitar. Pero como el individualismo es lo que impera, aunque se vaya en grupo, la montaña seguirá pasando su factura de forma sistemática. Ahora me viene a la cabeza que hace cosa de un mes en la brecha Latour del Balaitous había también una travesía por un nevero similar y en menos de una hora llegué a ver a tres que cayeron nieve abajo con la fortuna que este nevero terminaba sin piedras en el final. Aún y así el día anterior el helicóptero no dio abasto sacando a la gente accidentada de ese lugar. En la montaña uno se debe encordar para asegurar al compañero y superar las dificultades conjuntamente. Yo creo que vale la pena arriesgar tu vida para conseguir un objetivo común. De todas formas es muy triste ver como ya no se arriesga nada por nadie y menos una vida por una montaña de media bofetada. Yo lo tengo muy claro. Antes de salir con gente que no piense como yo prefiero salir solo.
El trabajo en equipo hizo que todos subieramos sin problemas al collado. Más de un valiente en ese lugar estaba francamente asustado. El miedo se notaba en las caras de los mayores y los pequeños lo decían de palabra con su habitual espontaneidad. Y lo comprendo puesto que justo al otro lado del collado aparece brillante la magnífica cresta de Salenques que termina vertiginosa en la majestuosa cumbre del Aneto. La hilera de gente que lo sube por su glaciar nos sorprende a todos. Las vistas son espectaculares. Quedan pocos metros del collado a la cumbre que se hacen brincando de piedra en piedra fácilmente. Arriba estoy borracho de alegría. Poco a poco voy asumiendo la idea que mi hijo ha subido a su primer tresmil. Hablamos un poco. Me pregunta por el Everest. Le digo que desde aquí no se ve. Está un poco lejos aunque no sé por qué me viene a la cabeza llevármelo pronto de trekking al Nepal. Es una idea que la voy a madurar tranquilamente este verano de cara al mes de mayo del año que viene. La verdad es que yo tengo muchas ganas de ver el Everest y me gustaría mucho que me acompañara. Con su inocencia habitual me pregunta si la China está muy lejos.

– “Mira”, le contesto yo, “si caminamos unos quince días igual como hoy podemos llegar a la China y ver al Everest, ¿te gustaría?”, la idea ha nacido ya en una loca cabeza como la mía y ya veremos donde va a terminar.
La interesante conversación termina pronto. Le entra somnolencia y veo claramente que le empieza un inicio de “mal de muntanya”. Tengo que bajarlo rápidamente. Hacemos la foto y me voy corriendo montaña abajo cojidos de la mano. Al pasar por la segunda cumbre nos felicitan por el éxito y le regalan una chuche de azúcar que lo reanima un poco. Poco tardamos en llegar al collado donde nos reagrupamos todos de nuevo para enfrentarnos de nuevo a las dificultades juntos. No encontramos el inicio de la brecha pero al final lo encontramos. Uno tras otro nos descolgamos por el tramo vertical y al llegar al nevero nos encordamos otra vez. Llega la alegría cuando terminamos de superar todos la nieve.
Bajamos muy rápidos a la primera agua donde hacemos un merecido descanso y empezamos a mirar el reloj. Nos queda superar una última dificultad: la tormenta de las cuatro de la tarde. Los cálculos no son muy halagüeños. Llegaremos a eso de las cinco al coche. No podemos perder mucho tiempo. Hay que descender tan rápido como nos lo permitan las rodillas. La bajada pasa sin muchos incidentes. Creo que estamos mentalizados para aguantar la tormenta gracias a la gran alegría que tenemos por haber subido arriba del Tuc del Mulleres. Esta vez la suerte nos va a acompañar de nuevo. Llegamos al coche que ya cae una lluvia contínua pero no muy intensa. Nos hemos librado por los pelos una vez más. Nos despedimos cuando tenemos en nuestros estómagos unos bocadillos alucinantes que nos comemos en el Pont de Suert. A eso de media noche llegamos a Girona.
Creo que esta excursión ha impactado mucho al niño. Lo digo porque tiempo después saca algún tema de conversación relativo a la misma. Me pregunta cuantos metros tiene la montaña. Me pregunta por la persona accidentada en la nieve y porque no puso los pies para frenarse. Me pregunta por la comida de los isards puesto que los vio arriba en las peñas cuando la hierba estaba muy abajo. Le sorprende que mis amigos lo llamen por teléfono para felicitarlo por la hazaña que ha realizado. Y lo más importante, creo, es que yo, a partir de ahora, tengo que pensar en que mi hijo ha dejado de ser un niño pequeño para empezar a ser un adulto y tengo que empezar a tratarlo como tal. ¿Ha nacido un montañero? Me gustaría, claro. Y deseo que si es así sea una persona respetuosa con la montaña y la Naturaleza. Y deseo que aprenda que si esta vez la montaña nos ha dejado subir otras habrá que no nos va a dejar hacerlo. Y deseo que aprenda a ser un compañero de cuerda leal. Y deseo que si un componente de la cordada resbala hay al otro lado un piolet bien clavado asegurando la caída. Y deseo que si por cualquier motivo el piolet no aguanta que vale la pena dar una vida a cambio de intentar conseguir un objetivo pétreo e inútil en común. Y deseo que vea muchos preciosos amaneceres esperando el calor del Sol naciente …
¡¡¡¡¡ FELICIDADES POR TU PRIMER TRESMIL Y QUE SUBAS MUCHÍSIMOS MÁS !!!!!
Datos GPS de los puntos clave de la ruta por el túnel de Viella
Aparcamiento túnel de Viella 31T 316574 4722036 1626
refugio metálico del Mulleres 31T 313064 4722274 2404
Tuc del Mulleres 31T 311379 4722433 3016
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.003.

Todos los Santos de 1978: la excursión de los Juanes, Caouarere y Culfreda

Una excursión realizada el 4 de noviembre de 1978.
Son las nueve menos cuarto cuando nos encontramos en la calle con la mochila en la espalda cuatro Juanes para hacer con otros seis compañeros más una excursión. Vamos llenando los coches y salimos a eso de las nueve y diez.
Una niebla bastante espesa nos acompaña hasta Martorell y luego se vuelve a reenganchar, ahora de humo y de gases de mal olor, entre Mollet y Sabadell. En El Vendrell tenemos que esperar que pase el tren y aún y así llegamos a Calafell más pronto de lo que la madre de PK se esperaba. Muntaner también tiene ganas de ir a Torredembarra a ver a sus padres. A pesar de lo ocupados que estan los demás lo pasamos con vinillo, almendras, avellanas, sugus y pan de la casa. Salimos de Calafell a eso de las cuatro menos cuarto y llegamos a Plan pasadas las ocho de la tarde. Es de noche y hemos hecho 531 kilómetros. Hace frío. Nuestra primera reacción es ponernos el jersey y entrar en el bar del lado de la carretera. Dentro, la estufa de leña y los hombres quemados por el Sol jugando a cartas dan un tono familiar al ambiente. Pedimos comer los bocadillos que llevamos y nos sirven el resto muy amablemente. Mientras los compañeros cenan PK y Gerald hacen una primera prospección del pueblo y se encuentran con dos gratas sorpresas: una viejecilla que con toda la amabilidad nos acompaña hasta el Hostal y la casualidad de oír por la tele, y de forma muy repetida, el nombre de San Juan de Plan mientras estamos bebiendo en la barra. Resulta que emiten el programa “Raíces” dedicado a los bailes y delicados útiles de trabajo de artesanía -como podrían ser los calcetines de lana, mantas, tapetes, etc- que tan bien se han conservado en este pueblecito tan alejado de la civilización y acostumbrado a sufrir las inclemencias meteorológicas más duras superándolas con los medios materiales que están a su mano. Con un acompañamiento tan gustoso la abundante ración de sopa y las costillas se comen con más deleite. Los que se han quedado en el bar de abajo todavía lo viven más intensamente puesto que algunos hombres que estan a su lado aparecen en el programa o son parientes de los que estan saliendo.
Enbobados con este espectáculo plantamos las tiendas en la chopera del lado del río Cinqueta. Una nube con forma de cabeza que se deja caer con forma de gotas frías lo humedece todo pero la tienda la repele en una noche en la que el sueño no es ni muy profundo ni muy relajador. Lo que sí nos relaja un poco, aunque nos hace pensar, es el juego de adivinar las montañas a partir de las cifras de sus alturas. Luego el juego va derivando poco a poco a montañas que llevan nombres de montañeros y, como no, montañas que llevan nombre de montañeras … Antes de dormirnos Braxman nos relata ampliamente las sensaciones que uno tiene cuando escala una pared y resulta que ves claramente que te has desviado de la ruta correcta.
El viernes nos levantamos a las ocho. Hace fresco y no hay nubes. Mientras, el Sol va enseñando la cara detrás del Puig Alfar y va calentando las casas más altas del pueblo. mientras vamos desayunando lo presenciamos todo. Un espectáculo vivo y rítmico de un despertar y salida de las personas y animales del pueblo: pequeños grupos de vacas grises con sus respectivos terneros, cabras, mulas y burros acompañados de sus pastores y pastoras de piel quemada y arrugada con perros de todas las medidas y pelajes más variados desfilando a pasos acompasados por el camino del río. También pasa, camino del Monte de Plan, un Land Rover que carga a los bosquetanos del pueblo. Y un hombre que ya ha hecho el trabajo puesto que los dos mulos que lo siguen llevan unos grandes fardos de leña para el fuego.
Ya es mediodía cuando emprendemos, en coche, el camino de Viadós. Está asfaltado hasta San Juan de Plan y el brancal que lleva hacia Gistaín. El pueblo se encuentra a 1400 metros de altura en el lado soleado de la montaña con torres de diversas casas señoriales y de un campanario que sobresale por encima del resto de los tejados. Baja por un camino de piedras un mulo que lleva las alforjas llenas de mierda hacia los próximos desnivelados campos. Es con este paisaje que uno entiende lo que significa la supervivencia y la utilidad de los múltiples animales en estos lugares. En la entrada del pueblo un hombre menos corpulento pero no menos amable de los que habíamos conocido antes nos dice que el refugio de Tabernés está abierto, que hay muchas vacas en Viadós, que la carretera es buena pero con bastantes piedras a las que habrá que subirse con las ruedas con el objetivo de no rebentar el cárter -como ya han hecho algunos-, que están haciendo muchas pistas por la zona de Plan y que desde aquí mismo arranca una con el objeto de llegar a Bielsa, que no quedan nunca incomunicados, que nos les hace miedo que se les ponga un metro de nieve en la puerta, y … etc. etc. etc.
Una vez estamos en el camino o pista de Viadós podemos comprobar como no se denomina así sino que se llama “senda pirenaica” que le da un aire como de maño o madrileño al igual que la torre de vigilancia que se encuentra instalada en el lado de uno de los campamentos. Un reguero de bordas o “quadras” se va extendiendo en el centro de los prados situados a lado y lado del camino. Se ven mujeres tejiendo calcetines y hombres durmiendo a la vez que guardan sus respectivos rebaños de vacas. Las pétreas y largas crestas del Posets y Las Espadas junto con las más proporcionadas de La Forqueta y de los Eristes se nos muestran soberbias y altívolas ante nuestros flipados ojos cuando llegamos a los Llanos de Viadós y empezamos a andar, menos los conductores, camino a Tabernés. Hay vacas en los prados que rodean el refugio. El Batoua, conocido en este país como Culfreda, preside majestuoso este frío valle.
Para conocer mejor el camino que tendremos que hacer mañana por la noche un grupo anda una hora hacia el Puerto de la Madera. Cuando regresa la comida-merienda-cena ya está preparada y el fuego enrojece e ilumina la fría estancia. El pastor se calienta y con un hablar rápido pero mesurado y amigal nos explica que guarda quince vacas en este terreno comunal. Por lo visto, la parte baja del valle es particular, en Gistaín hay casi ochocientas vacas, que en el invierno lo pasan muy mal para alimentar a tanta vaca y las tienen que tener dentro de las bordas, que el año pasado subió aquí un solo coche en el mes de enero, y tal y tal y tal … Nos abandona muy a su pesar … El Sol dora con sus últimos rayos la mole del Culfreda y nosotros meditamos alrededor del fuego las aventuras del Braxman entre los esquimales, las condiciones que le conducen a uno a tirar cocteles-molotov, las posibilidades de usar un piolet como arma defensiva, …
El sábado nos despertamos que son poco más de las tres de la mañana. El cielo sigue estrellado como ayer y una helada que te pone la piel de gallina cubre la tierra. Un vaso de leche chocolatada nos pone a buena temperatura.
Salimos a las cinco con pasos cortos y sólo los alargamos cuando nos llega un azote de aire frío procedente del Puerto de la Pez. A las seis y cuarto pasamos por la piedra que tiene pintado en rojo “camino del Puerto de la Madera” que está situada poco después de aquella que pone eso de “senda pirenaica”.
Empieza a clarear cuando subimos por una zona de hierba y matojos. Un gendarme de la cordillera que pasa a nuestra izquierda nos cautiva. Más tarde son las primeras luces del alba que pinta de oro viejo la falda y paredes del Culfreda y la larga cresta que desde éste desciende hacia el Puerto de la Madera. Por fin, y limitándonos a los elementos orográficos más inmediatos, ante nosotros las paredes cortadas a plomo de la Peña Blanca.
Nos paramos a desayunar -queso, chocolate, membrillo, fuet, bacon, jamón, higos, avellanas, pan, limonada, leche y litines- bajo el mismo puerto, en el lugar que nace el río, a las ocho y media. PK que hasta ahora a ido subiendo lentamente y animándose con mútua conversación con el Braxman dice que no tira y que se va a quedar en el puerto: va a ser el anuncio de un manifiesto, largo y doloroso suplicio.
Continuamos la fuerte subida por la hierba y tartera hasta el Puerto de la Madera. Llegamos en un cuarto de hora. Las penumbrosas y pálidas paredes de la Punta Fulsa tienen un aspecto muy invernal. De poniente a levante el Marboré y el Posets dominan, aunque lejanos, todo el paisaje. A medida que vamos superando la enfilada y ancha cresta del Cauarere van apareciendo detrás suyo los picos que escondía el Monte Perdido, los Astazus, el Vignemale coronado de nieve. PK y Braxman se quedan y los demás coronamos los 2901 metros a las diez y media. Casi sin pararnos y en una media hora más llegamos al Culfreda de 3034 metros sorteando las dificultades de su entretenida cresta unas veces por la vertiente española y las otras por la francesa.
Asímismo, la diferencia de color entre cada una de las vertientes es muy evidente. Por el francés los abetos remontan la ladera casi hasta nuestros pies y se descubren grandes manchas de nieve entre sus pobladas copas y se puede llegar a ver, incluso, un pueblo enblanquinado y un embalse de color sepia en medio de un general color oscuro. Por el español el único habitáculo es el refugio donde hemos dormido y todo lo demás son montañas pedregosas y afiladas, clapeadas de nieve en las paredes más resguardadas y bañadas por dos estanques inmersos en la penumbra: el de Ordiceto y los ibones de Bachimala.
Por lo que respecta a las cumbres, y en dirección E-S-W, la corta estancia en la cumbre me hace descubrir el Baliner, el Lostou, el Abeillé, el Pequeño y Gran Bachimala, la Punta del Sabre, los Gemelos, el Posets, Las Espadas, el Pavots, la Forqueta y el grupo de los Eristes, la Peña Blanca, las Tres Huelgas, la Punta Suelza, la Punta Fulsa, las montañas del cañón de Añisclo, las Tres Sorores, los Astazus y el Vignemale.
Bajamos, ahora siempre por el filo de la cresta hasta encontrarnos de nuevo con PK y el Braxman a eso de las doce del mediodía. En el descenso PK va acusando las punzadas y la asfixia producidas por la hernia de esófago. Para acabarlo de rematar no encontramos agua hasta que llegamos a la mitad del bosque. El sufrimiento moral y físico tanto de PK como de los que lo acompañamos es notable. Afortunadamente un azucarillo con nieve y después otro con agua ferruginosa le permiten hacer un gran erupto. Parece que le alivia algo y conseguir llegar fatigado al refugio a eso de las tres de la tarde sin haberse dado cuenta de nada de lo que le ha sucedido en todo este tiempo.
Comemos un poco, lo recojemos todo y nos las piramos. Los que bajan a pie se lo cojen con calma porque dicen que estan cascados pero resulta que cuando se les aparece un perro saben correr como el que más. Reencontramos al pastor de ayer y a la gente de Plan y de San Juan de Plan que regresan al pueblo con mulas cargadas de leña y burras que si no obedecen se las insulta con un clarito “burra del cojón” estrepitoso. En Plan la gente nos pregunta si hemos subido y si allí se pasa frío. En Sin nos repasan con una cara de curiosidad y extrañeza -vamos tres coches- muy inquietantes. Pero nos ofrecen la rectoría para que vayamos a dormir.
Cenamos en el comedor familiar del bar de la carretera de Plan. Nos sirven sopa, ensalada, verdura, tortilla, hígado, costillas y fruta todo por 300 pesetas mientras Braxman intenta convencernos de bajar el Fluvià con una balsa de madera hecha por nosotros mismos (Nota del traductor: como podeis claramente comprobar Braxman es, ni más ni menos, que el precursor del rafting) y PK se enrolla con lo de la universalidad de los sabadellenses. Entendemos la amabilidad con la que nos ha acogido esta gente cuando la señora del bar nos dice que tuvieron un maestro que era de Girona. Pobre hombre. ¡Qué destierro!
El domingo salimos a las siete y cuarto de Plan. Sólo encontramos un par de coches hasta La Foradada. En Arró un Sol redondo como una pelota reluciente pero que está difuminado por un cielo calichoso y que saca la nariz por encima de la montaña constituye el tema fotográfico de todos los objetivos exigentes del coche. En Barbastro acabamos las provisiones y hacemos la crónica del mercado musical.
Braxman sale el primero. No vemos por donde ha salido. Esperamos a que el semáforo se ponga verde y el urbano nos deje salir. Apretamos el acelerador a fondo y paramos en Monzón para considerar las posibles hipótesis más probables: Huesca o Lleida. Lo esperamos media hora y seguimos el camino. Paramos de nuevo en Las Balsas y esperamos infructuosamente una hora y media más. Durante este rato nos entretenemos a arreglar el reventón del Simca. Planteamos la hipótesis de que se hayan ido a Huesca y regresado por Fraga y la autopista o que simplemente se hayan ido hacia Girona sin parar. Desanimados proseguimos nuestro camino. En el área del Vallés telefoneamos y nos dicen tranquilamente que ellos ya han llegado. El hambre aprieta y les maldecimos los huesos. Cuando uno de los coches se para o se atrasa los otros siempre es esperan pero ya se sabe … la excepción confirma la regla … ¡Por algo es Braxman!
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Pentecostés: la dificultad de unos nombres

6 de junio de 1.976.
El afán de subir montañas y disfrutar de la belleza y la paz que reinan en las alturas nunca se acaba por lo que los mismos de la excursión a los estanys de la Pera decidimos ir a Viadós. El fin: conocer la zona y desgranar posibilidades a la vez que realizamos trámites burocráticos para preparar el campamento de verano.
Salimos el sábado a las doce y media del mediodía. Pasamos por Sabadell y Terrassa y a las dos y veinte estamos en Alella. Comemos rodeados de camioneros, estos hombres que han de tener más paciencia y prudencia que el resto de los conductores, y a las tres y cuarto salimos. Pasamos por Tàrrega a las cuatro y media; el trigo ya va amarilleando y los recolectores ya estan preparados para empezar su trabajo. Por Balaguer pasamos a las cinco menos cinco y por Graus a las seis y cinco. Entre Alfarràs y Benabarre encontramos guardias civiles y policías que esperan a la “Vuelta ciclista de Aragón”. A las seis menos diez estamos en Ainsa, capital del Sobrarbe. Hay gente francesa y chicos con los bolsillos rotos. Compramos algo y podemos admirar ya el maravilloso panorama que ofrecen las “Tres Sorores” manchadas de nieve. Salimos a las siete y cuarto y hemos de seguir un buen rato a un rebaño transhumante con dos pastores tostados por el Sol y dos perros que van muy a la idea. A nuestra derecha la Peña Montañesa corta el horizonte con sus paredes imponentes. La carretera, que primero sigue el Cinca por un amplio valle, bordea después el Cinqueta horneada entre acantilados muy pintorescos. Después de Saravillo hay unos cuantos túneles y el pueblo de Plan. Son las ocho. El día es bonito y no hace mucho frío.
Ascendemos por sus empinados y empedradas calles. Un bonito y escultural portal del siglo XVII recuerda que fue importante en otros tiempos. La iglesia, románica de tres naves, se conserva en su estado primitivo aunque se la ha emblanquinado. La gran pila baptismal es lo más destacable del conjunto. Encontramos al sacerdote que nos acompaña hasta el Ayuntamiento. El secretario nos dice que no tendremos problemas y poco a poco nos apercatamos del carácter amigable de estas gentes. Bajamos por una calle estrecha como lo son todas y que ésta lo es aún más al tener una bala de paja en el medio. Salimos de Plan a las nueve menos diez.
La pista de Viadós, que deja San Juan de Plan a la derecha y Gistaín a la izquierda, es notablemente estrecha. Encontramos un Dodge y dos hombres montados sobre sus mulas con una bonita piel como ensilladura. Bordas y prados por todos los lados. Nos equivocamos de pista y nos damos cuenta de ello cuando el coche se para debido a la gran pendiente. Grandes máquinas cortan los pinos de largos y grosores también considerables. Bajamos hasta encontrar la buena senda que llega al campamento de la Virgen Blanca. Un paraje maravilloso con un edificio que desentona un poco, algunas tiendas y un pastor que nos indica el camino a Tabernés. La carretera empeora por momentos. En el refugio hay un grupo de nueve excursionistas de Badalona que ya se disponían a dormir puesto que mañana quieren hacer faena al igual que nosotros. El fuego tira que es una alegría. Comemos un poco y nos ensobramos. Hay algunas nubes por la zona de los Eristes. Hace viento.
A las cuatro de la mañana ya hay quien madruga. No tardamos en hacerlo los demás puesto que todos queremos ir al Gran Bachimala (Bichomalo, Machimalo o Schrader): en realidad nadie sabe como se pronuncia. A las cinco salimos. Cruzamos el río y subimos por el lado izquierdo del bosque. Encontramos la cabaña de Culrueba y a las seis menos cuarto cruzamos un puente que se menea para ascender seguidamente por el valle de la Señal de Viadós. A las seis y media encontramos una cabaña. Aparecen detrás nuestro los Batoua con algunas pronunciadas canales de hielo. El ritmo es muy fuerte, y la subida también, y algunos expedicionarios se retrasan un poco. “¡Pedro!” exclama algien; “¡Sra. Rotenmeier!” otro; “¡que viene copito de nieve!” contestan … por lo que parece que estemos con Heidi en sus montañas. Mientras se reagrupan comemos un poco para reponer fuerzas y emprender la gran pala de nieve, en excelente estado, que se cierne ante nosotros. Después de un pequeño corte que me hice con unas piedras y un “picnic basket” son las ocho y cinco.
Ya se empieza a dominar un buen panorama hacia la cresta de las Espadas y al Monte Perdido y el Marboré. El cansancio ya pesa un poco sobre nuestras piernas pero el humor, los ánimos y el optimismo que el día facilita nos empujan a continuar. Nos ponemos los crampones y subimos por otra pala de nieve, está un poco más dura pero de mejor calidad, hasta la cresta del Sabre. El panorama es maravilloso: delante se levanta imponente y señorial el Posets, con la canal Jean Arlaud y la afilada cresta de las Espadas, hacia el sur el Llardana, Bagüeñola y Eristes. La Punta Suelza, los Batouas, las “Tres Sorores”, el Vignemale y la Munia por aquí; el Gourgs Blancs, el Clarabide y el Perdiguero, aparte de numerosas montañas francesas, por allá.
Descansamos un poco. Nos quitamos los crampones y mientras llegan los más retrasados haciendo un último esfuerzo los otros los animan a hacer la cresta que si bien no muestra una dificultad aparente si que infunde un cierto respeto ya que en el lugar de las losas hay piedras sueltas, no muy seguras y la pendiente es considerable en el caso de resbalar. No faltan las siempre agradecidas recomendaciones de que “no falten los tres puntos de apoyo” y “rodillas no” que los que tienen experiencia no se han de cansar de repetir a los que no la tienen en demasía o, aclaparados, resulta que se olvidan. La seguridad es un todo y en las alturas no hay que apresurarse nunca ya que las consecuencias pueden ser negativas. El humor no falta y como el día es bueno no hay prisa.
Baja alguna que otra piedra y a veces hay que desviarse para no encontrársela. Pasamos por una canal marcadamente abierta al vacío. Algunas piedras heladas. Reposamos otro tanto. Alguien dice que ya estamos arriba pero, en realidad, están más las ganas que no quien lo dice aunque ya no tardaremos mucho en llegar.
Desde la Punta del Sabre (3136 m) se domina prácticamente el mismo panorama descrito desde el collado. También se distingue claramente el Pico de Alba, la Maladeta, el Aneto, los Bessiberris y con un poco de esfuerzo la Pica d’Estats. El día es maravilloso. No hace mucho viento. Sólo a unos pasos podemos encontrar la cresta que nos conducirá al Gran Bachimala (3177 m). La cresta es bastante afilada y en algunos lugares hay que tener cuidado con la nieve. Hay que franquear algunas rocas por su costado y en otras cogerse bien fuerte. Incluso hay que subirse a caballo de una y hacer un pequeño saltito. La prudencia nos hace ponernos otra vez los crampones con el objeto de cruzar un pequeño collado nevado que no tiene un peligro en sí sino porque la pala tiene una pendiente acentuada y si bajas no hay quien te recoja. Otros lo pasan sin crampones y siguiendo las pisadas porque el que conduce a los badaloninos parece querer desafiar el peligro y hacer así, evidente, su experiencia olvidándose que cuando uno se acerca demasiado al fuego se quema. Esta montaña se ha cobrado ya al menos tres víctimas y no querríamos ser nosotros las siguientes.
Gran Bachimala, Machimala, Schrader, Pétard o “Bichomalo” en la versión de Albert un nombre marcadamente aragonés y que realmente es difícil de pronunciar tanto o más que de subirlo. La satisfacción es grande: dos de los expedicionarios han hecho por primera vez un tres mil, y … ¡vaya 3000!, y … por ¡partida doble!! Unas fotografías, limonada, azúcar, almendras, queso. Alegría y cansancio juntos son una aparente antinomia pero real en la montaña y en la vida. Lo que vale cuesta y lo que cuesta da alegría porque eleva la vida y nos mueve a ser agradecidos. Ha sido una victoria de todos y lo celebramos más que nunca. Hemos llegado a las doce y media. Cuando salimos es la una. Dos de los expedicionarios más valientes que los demás siguen la cresta hasta la Punta Ledormeur y el Pequeño Bachimala mientras los demás emprendemos la bajada.
Primero seguimos la cresta nevada y afilada. Después bajamos por las piedras y por las largas palas de nieve que están en perfecto estado. Pasamos una de más dura y después superamos unas piedras con cuidado. Paramos al lado del río y nos refrescamos un poco a la vez que comemos alguna cosilla. Ahora ya por el mismo camino de la ida regresamos al refugio al que llegamos a eso de las cuatro. Hace Sol. Da gusto estirarse sobre la hierba después de una excursión de estas magnitudes. El objetivo ha sido cubierto ampliamente.
Cuando nos vamos llegan los que habían continuado por la cresta. El camino hoy parece que está en peores condiciones que ayer. En Plan encontramos al secretario y al cura. Comemos un poco y plantamos la tienda junto al campo de fútbol. La iglesia de San Juan de Plan está menos bien conservada pero la pila baptismal es más bonita que la de Plan. Los niños del pueblo tienen la cara muy roja por el Sol y hacen cara de gozar de buena salud. Incluso se pelean. Uno de ellos nos acompaña a la Fonda Sánchez para cenar. El médico explica a unos excursionistas de “sequé” itinerarios de unos “ibones” helados que no lo entienden. Al final opta por dirijirlos a nosotros que les acabamos diciendo que se maravillen de la visión del Posets. No tardamos en irnos a dormir pues el sueño empieza a pesar.
Antes de salir de Plan hemos de cambiar una rueda. Salimos a las siete y media por el mismo camino de la ida llegando a Girona a las tres y media de la tarde. Desayunamos en Graus. Encontramos dos motos que se estiran. Cuatro camiones cargados de gruesas vigas que nos hacen retrasar un poco. Y un camión volcado en la autopista. Ha sido una excursión completa. Se han elaborado los planes para el campamento de verano y próximas excursiones. El afán de subir nunca desciende. El club se va anotando victorias en su corto pero completo historial.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

2017 - Miquel Pavón