Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

Etiqueta: perros

El orden de los factores no altera el producto

7 de julio del 2002.
Pocas veces he salido de excursión solo y esta vez ha sido una de ellas. Según mi madre, que aún tiene humor de leer los periódicos, en el día de hoy aparece un artículo en la prensa que dice que no hay que salir sólo a la montaña. Como a lo largo de mi vida me ha gustado sistemáticamente ir a la contra de todo lo que se supone que hay que hacer yo atiendo estas sabias indicaciones haciendo lo que no hay que hacer. La verdad es que no me lo he pasado mal dejando aparte el terrible calor que se notó ya desde las nueve de la mañana y de una acidez importante en el estómago resultado de un experimento culinario poco afortunado. Sería eso de las seis de la mañana, o algo antes, que estaba exprimiendo unos limones, cuatro para ser exactos, en mi cocina. Como ya sabía que iba a pasar mucho calor y que últimamente sufro unos ataques de sed impresionantes en la montaña no se me ocurre nada mejor que prepararme una limonada natural para combatir la futura sed. El resultado del concentrado de limón junto con una buena dosis de azúcar y una pequeña cucharadita de sal lo pongo en mi cantimplora y espero a añadirle agua a que llegue al Pirineo y recojerla de cualquier fuente o riachuelo. Otra cosa que no hay que hacer porque resulta que puedes salir contaminado … Pero como a estas alturas de mi vida ya debo estar requete-contaminado disfrutaré de una refrescante y fría bebida durante todo el día. Absorto en este pensamiento acabo de preparar la mochila y, un poco antes de las siete de la mañana, salgo por el portal. Sé que es algo antes de las siete porque la panadería que tengo delante de mi casa, aún y siendo domingo, no ha abierto sus puertas al público. Aunque tiene ya la luz abierta y, según tengo entendido, puedes intentar comprar lo que puedas necesitar si tienes un poco de paciencia después de llamar a la puerta. Y es que hoy día lo primero es el trabajo y luego la diversión. Aunque suelen ser los que acaban de divertirse los primeros clientes de los primeros que empiezan a trabajar. Pienso que quizás puedo comprarme algo de pan o algún que otro bollo pero la verdad es que voy ya desayunado y con el estómago lleno dicen que se suele comprar menos. Algo de verdad debe tener este dicho puesto que yo no compro nada y me voy al coche directamente.
Salgo de Girona cruzando una ciudad desierta. En la entrada de la ciudad no están los “Mossos” haciendo soplar al personal por lo que pienso que ya voy un poco tarde pero tanto da. Hoy no funciono al ritmo del reloj. Tengo tiempo de disfrutar de un amanecer algo sombrío porque todavía queda un cielo encapotado como continuación del mal tiempo que hizo ayer. Pienso hay que tener algo de fe en las predicciones del tiempo pero la verdad es que todos los pronósticos apuntan para el día de hoy un tiempo magnífico. ¡A ver si será verdad! La carretera me la conozco de memoria y voy más absorto en mis pensamientos que en la ruta que hay que seguir. Son algo menos de dos horas lo que hay de coche desde Girona hasta el aparcamiento de las pistas de esquí de VallTer 2000 por lo que llegaré sin ningún imprevisto remarcable a eso de las nueve menos cuarto de la mañana.
La cuestión es que voy todo el trayecto algo adormilado y se me queda en la cabeza eso del trabajar de la panadera y de un pensamiento salto a otro. Me viene a la memoria la conversación que tuve el día anterior con el director de la caja por teléfono. Resulta que me dice que termina las vacacines hoy domingo y que se ha ido a trabajar anteayer viernes. Es raro, ¿no? Debo estar muy dormido pienso yo … ¿Cómo es posible que alguien que termina unas vacaciones hoy vaya a trabajar anteayer viernes? Le van a pagar lo mismo … ¿o no? ¿Y porqué lo ha hecho? Y si lo ha hecho es porque seguramente se ha pasado unas vacaciones de “perros” pensando que le han quedado cosas importantes pendientes a la caja. Pero ¿qué cosas importantes pendientes puede tener alguien que trabaja para una caja y que cobra lo mismo tanto si la caja tiene cosas importantes pendientes como si no las tiene? ¿Será lo que me ha dicho por teléfono una cosa importante pendiente de la caja motivo suficiente para que un director de una oficina disfrute de un día menos de sus preciadas vacaciones? La verdad es que sigo conduciendo muy adormilado y la cadena de pensamientos continua … Vamos a ver … Pero si a mi me ha llamado por algo que es una estupidez. Claro que es una estupidez a mi modo de ver las cosas. Supongo que al modo de ver de una caja mi tema es importante y requiere una pronta resolución caso contrario le ejecutaremos lo que tenga hasta que se quede en calzoncillos y tal y tal … ¡Oooooossstraaasssss! En definitiva: no estoy adormecido lo que estoy es soñando porque esto es metafísicamente imposible. Algo que para mí no es importante y para otro sea cuestión de vida o muerte, más de muerte que de vida, no puede ser posible en el mundo real. Pero una vez más en esta vida estoy equivocado. Analicemos la cuestión. Resulta que me ha llamado, preocupado, amenazante, agobiado y sin un día menos de vacaciones porque en una cuenta tengo unos novecientos euros en negativo desde no sé cuantos días … ¿y qué? le respondo yo algo alucinado. ¿Eso es algo novedoso o realmente importante que merezca una llamada agonizante? me pregunto yo algo idiotizado. ¿No verdad?. Pues resulta que es algo importantísimo tanto que el mundo puede llegar a una crisis económica de índoles incalculables … ¿Veis? Nunca os ireis a dormir sin saber algo más … Os lo anuncio: voy a ser yo el responsable por deber no sé cuantos días algo más de cien mil cochinas pesetas a la caja de que se vaya esta inocente entidad a la quiebra. Y como resultado de ello no habrá podido cumplir con sus acreedores y ellos a su vez a sus otros acreedores y así hasta el infinito momento en el que el mundo va a llegar a un paro económico de gravedades irreversibles. Y todo por mi culpa. Tranquil@s. No todo está perdido … Se va a poder evitar la hecatombe económica mundial. Continuando con mi simpleza telefónica le contesto al representante legal de una caja a punto de quebrar por mis pasivos … oye … ¿y por qué no traspasas el dinero que te falta de forma tan imperiosa de alguna de las otras cuentas que tengo en tu agónica entidad y la salvamos del fiasco? ¡En fin! Miserias del mundo aparte. Ahora que estoy despierto sigo sin entenderlo. Pero a lo tonto a lo tonto ya he llegado al aparcamiento de las pistas de esquí y empiezo a ver algo de normalidad a mi alrededor. Salgo del coche y a pesar de que voy sólo oigo un agradable “bon dia” que me pone en situación.
Con las botas puestas me pongo a caminar hacia las ruinas del antiguo refugi de Ull de Ter para llenar mi cantimplora de fresca y contaminada agua para terminar de preparar mi limonada. Delante mío hay un grupo de un club excursionista que ha llegado en autobús. Lo típico. Después de bajar se oyen los consabidos consejos y recomendaciones de última hora y el guía o cabeza de grupo se las pira a toda velocidad dejando a la peña distraída a su suerte. Hay una pobre chica que ha pensado al bajar del bus que necesitaba embadurnarse con la crema para protegerse del Sol y ha necesitado rescatarla del fondo de la mochila. Para ello ha tenido que deshacerla toda en medio del aparcamiento, embadurnarse y rehacer la mochila de nuevo. Mucha tarea es esta en un mundo en el que impera la velocidad puesto que al terminar esta cadena de innumerables cosas y mira en busca de los integrantes de su club resulta que ya casi no se ven el horizonte. No tardaré en verla dentro de una hora, extenuada del esfuerzo que representa poder intentar alcanzarlos, en el coll de la Marrana planificando su abandono en lugar de disfrutar del paisaje reinante.
Al poco rato y a un paso realmente lento llego a las ruinas del antiguo refugio después de subir un par de largas cuestas herbosas. Me paro. Lleno la cantimplora de agua. La agito. La cantimplora … evidentemente … Y bebo el primer sorbo de mi refrescante limonada … ¡Agggggggggggggg! ¡Más ácida imposible! ¡Esto quita la sed hasta al mismo Mahoma después de cruzar el desierto y de haber perdido todo su aliento! La relleno de nuevo de agua para rebajar la acidez todo lo que pueda y continuo por unos suaves repechos rodeado de vacas. Al final del llaneo se llega al camino que es el GR-11 y empieza la subida propiamente dicha al coll de la Marrana. La palabra camino no es lo que lo define mejor puesto que la cosa se parece más a una autopista que a un camino. Aquí ya se puede ver a más gente y se aprecia bien los diferentes tipos de aficionados a la montaña en una situación de crudeza sin igual. El Sol aplasta con su agobiante calor. La subidita de marras conduce al coll de la Marrana por lo que la pendiente de la subida es una “marranada”. No es que sea lugar de paso del Tour pero en este tramo se suelen ver todas las miserias de la humanidad. Veo a una familia con el padre delante cargado con la mochila, los hijos quejándose a pesar de que no llevan mochila y allí, rezagada, a la madre que está dudando del porqué de su existencia viendo a sus seres queridos allí en la lontananza. Me adelanta un grupo de fornidos y jóvenes chicos vestidos todos con la misma kamiseta a todo “meter” y entre ellos una única chica con un paso igual de rápido que el de los machos y con la única diferencia de la kamiseta que, aparte de ser diferente, la lleva remangada al igual que los pantalones largos porque habrá pensado que hoy es una buena ocasión para rebajar alguna que otra caloría y es un buen momento para coger algo de morenez para su blanca piel. Unos minutos más tarde también me adelantará otra chica que ha perdido ya el tren de su grupo. Conozco a qué grupo pertenece por la kamiseta que lleva y entiendo que este es un buen sitio para rebajar esos molestos kilos que la sociedad se encarga de recordarnos que hay que perder y así mejoramos, de paso, la economía de los hospitales públicos. Como la subida es larga ya casi en la coronación del collado me alcanzan dos abueletes que han venido a pasar el domingo y haciendo uso de su incontestable experiencia ya van preguntándose si esas nieblas que se ven a lo lejos hoy van a derivar hacia una tremenda tempestad de consecuencias impredecibles. Aunque soy lento pero no tanto llego finalmente yo al coll de la Marrana y me los encuentro a todos retozando o recuperando el precioso aliento. No me entretengo mucho. Apunto los datos que me indica el GPS mientras muchos me miran intrigados y de reojo. Sólo un simpático y listo niño de unos cinco o seis años que sabe bien que el aparato que tengo entre las manos no es un móvil viene con toda naturalidad a preguntarme que es. Yo con la garganta algo dolorida por culpa de otro trago a mi exquisita y ácida limonada le contesto muy brevemente que es un GPS pero antes de que pueda explicarle algo más detalladamente su utilidad prefiere ir corriendo a preguntárselo a su madre que le reconoce desconocer qué aparato es un GPS. Mientras yo ya he recojido todos mis bártulos y emprendo camino hacia el coll de Tirapits siguiendo el GR-11.
Voy parando cada vez que encuentro algo que pueda ser de interés de medir con el GPS y me voy cruzando con la avanzada de otro grupo excursionista que ya van algo agobiados por la falta de agua y que van a poder saciar su sed en las fonts del Freser. En la cabaña de Tirapits aprovecho para comer aguna cosa y por uno de esos misterios que tiene la ciencia no se me queda grabado el punto en la memoria del aparato. No me doy cuenta de ello hasta que estoy ya en el coll de Tirapits y la verdad es que me da mucho palo volver a bajar para grabar el punto de nuevo. Paso de todo y me quedo analizando el paisaje. Me viene a la memoria lo mal que lo pasé aquí un mes de febrero del año 1979 haciendo la travesía Nuria – Setcases porque estábamos perdidos y también recuerdo lo que me comentaba en una carta mi primo Narcís que en este mismo sitio se perdieron aún y ser verano. No me extraña. El mapa está equivocado por lo que espero que mis datos GPS puedan servir algun día a alguien de ayuda. Me cruzo aquí con dos montañeros que aún y salir juntos de excursión cada uno va a su aire y a uno lo ves por aquí y al otro lo ves por allá pero que muy allá. No tanto como dos perdices que van muy juntitas y que no sé muy bien de qué marca son puesto que me llevan en plena coronilla una cresta de un rojo intenso que no había visto nunca. Ya se nota que no corre por esta zona mucha gente porque no huyen con mi presencia. A lo tonto a lo tonto llego a la primera cumbre del día el Pic Inferior de la Vaca (2832 m). Tiene muy buena vista hacia los Torreneules y la olla de Núria por un lado y hacia el Pic de l’Infern por el otro. En frente se empiezan a ver los lagos franceses y detrás quedan el Pastuira y el Balandrau.
Empieza aquí mi recorrido de hoy por unas cuantas cumbres de más de 2800 metros. A partir de aquí ya el camino deja el GR-11 y sigue ya siempre por la cresta cimera con pocas excepciones casi simbólicas. En la bajada al collado siguiente me encuentro de nuevo al grupo excursionista que me ha acompañado en la bajada del coll de la Marrana. Aquí la madre del niño que me preguntó qué era lo que tenía y que yo le dije que era un GPS no resiste su curiosidad. Me pregunta su utilidad y cuando comento que los datos van a ser publicados en una web ya me miran casi todos los del grupo con una cara de admiración que consigue disimular el evidente cansancio que tenían anteriormente. Más de uno dice que van a visitar mi web por lo que si leen la crónica aprovecho la ocasión para saludarlos. No sé por qué pero el jefe de este grupo que voy encontrando en estas últimas dos horas cada vez que me mira lo hace con una cara como si yo le hubiera hecho algo y estuviera dolido por ello … ¡En fin! Igual la cosa viene de mis anteriores reencarnaciones. No sé. Absorto en el pensamiento de la reencarnación dirijo mis pasos hacia el Pic de l’Infern. Me miro bien los repechones anteriores que hay antes de llegar a la cumbre para intentar descubrir el Pic dels Gorgs que aparece en el mapa de la Alpina. La verdad es que no lo se ver por ningún lado y concluyo que o es un pico fantasma o se trata de alguno de los repechones de la cresta que alguien lo debe considerar como si fuera un pico de verdad. Aún y seguir bastante por la cresta no sé resolver esta geográfica cuestión por lo que la voy a dejar como pendiente para resolverla en una próxima vez y después de estudiarme bien las fotos que he hecho hoy.

Llego al collado sur del Pic de l’Infern y me encuentro con otro grupo excusionista que llevan todos la misma kamiseta. Será que hoy va la cosa de kamisetas y yo no me he enterado. Hay un señor que se planta en el collado renunciando subir a la cumbre mientras comenta sus problemas de corazón y la cantidad de pastillas que debe tomar una y otra vez a casi todos los miembros del grupo a medida que van descendiendo de la cumbre. Otro lo consuela comentando los problemas que le ocasiona su gorda barriga. También hay una chica en el grupo que desentona de la tipología general que se la ve muy a lo suyo en plan “flipe fotográfico”. Veo que la cumbre después de tanto ajetreo me la han dejado para mí sólo y aprovecho para disfrutarla y comer algo acompañado de mi menos ácida limonada que la he podido hacer bebible gracias a que en las fuentes del Freser pude rebajar su ardor al rellenarla una vez más de agua. Eso sí cada vez antes de beber hay que agitarla bien. La cantimplora … evidentemente … más que nada para que el azúcar del fondo la suavice un poco. En la solitud de la cumbre oigo ruido a mi espalda. Es un simpático perro de un no tan simpático solitario excursionista francés. Y al rato llega otro algo más simpático excursionista solitario que me comenta el tremendo calor que hace hoy. Parece que todos llevan prisa y se quedan poco rato en la cumbre que está a 2880 metros. Yo como es la primera vez que sé seguro que la he subido después de muchos años de intentarla la disfruto algo más de tiempo y me voy sentado mirando un rato hacia alguna dirección diferente. Creo que como resultado de mi larga estancia puedo concluir que la mejor vista es hacia el lado francés.
Empiezo a bajar y la cosa va de parejas hasta que llego al Pic Freser (2843 m). La primera pareja es la del típico hombre que va como loco por la montaña de aquí para allá y la mujer que le intenta seguir bastante rezagada. Yo la saludo pero la pobre va tan cansada que no le sale ni tan siquiera un proyecto de saludo. La segunda pareja que me encuentro es de niñas que empiezan a ir por la montaña y van más de cháchara que de montaña. Y a la tercera pareja me la encuentro en el casi único lugar de la travesía que hay que utilizar las manos. Son dos abueletes que van preocupados por que no quieren que les pille la tormenta y nos quejamos de que ahora ya no hay nadie que se dedique a marcar los caminos. Total que estamos allí como tontos buscando el mejor paso posible. Pero como yo ya he hecho la mitad de la dificultad y ellos la otra mitad nos intercambiamos la información y así salimos todos airosos.
En la cumbre del Pic Freser ya no me encuentro más parejas me encuentro a un trío. Mientras una está preocupada porque no ve la cruz que indica que ha llegado a la cumbre otro comenta que le gusta mucho ir al Infierno. Después de leer en la guía excursionista la explicación del camino que deben realizar para ir al Infierno y confirmar que deberían estar en un sitio con una cruz repasan de nuevo todo lo leído con una brújula. Parece que no acaban de estar del todo seguros. Al final les acabo aclarando sus dudas indicándoles tanto el camino que deben tomar como que hace unos diez años yo ví justo en mis pies una pequeña cruz que hoy, efectivamente, ha desaparecido. Esperamos todos que no haya sido esta desaparición por algún fenómeno sobrenatural o infernal dado que estamos al lado del mismísimo Infierno. También comentamos que ellos hacen la travesía del Bastiments al Infierno y yo, en cambio, la hago en el sentido contrario. Discutiendo si puede ser mejor un sentido u otro acabamos concluyendo que el orden de los factores no altera el producto. Es decir, que cansado acabas igual de cansado tanto si lo haces de una manera como de la otra.

Una alegría grande en el día de hoy hubiera sido, por ejemplo, haber podido encontrar y tener de acompañante de excursión a la Araceli Segarra pero no ha sido así evidentemente. En cambio, gracias a que voy solo y alejado del bullicio que hacen los excursionistas en la collada de les Comes de Mal Infern me he encontrado, por primera vez desde hace muchos años por esta zona, a un solitario “isard”. El encuentro ha sido de las cosas más entrañables que me han sucedido en esta vida. Resulta que al vernos por primera vez él me lanza como un grito y yo le contesto intentando imitarlo lo mejor que sé. Sorprendidos tanto el uno como el otro vamos “hablándonos” y consigo irme acercando a él lentamente hasta tenerlo a unos pocos metros. Realmente es un animal inteligente mucho más que muchos de los hombres que nos presuponemos inteligentes. A mi me fascina. Una vez llego a la collada ya no nos gritamos empezamos a jugar. Primero el juego va de mirarnos y escondernos. Cuando yo me acerco él se esconde retirándose collado abajo. Cuando yo me retiro hacia el collado él se me acerca hasta que consigue verme. Si me escondo se me acerca hasta que me ve y al revés. Luego el juego deriva a las proezas animalísticas. Aquí él me gana la partida. Empiezo haciendo un salto. Menos mal que nadie humano me ve … A continuación me imita con unos botes impresionantes. A partir de aquí, de verdad, ya alucino. Me pasa el tiempo volando y yo debido a las miserias de esta sociedad debo partir puesto que me queda una subidita nada desdeñable hasta el Bastiments (2892 m). Me acompaña durante toda la subida el isard que me sigue siempre a distancia. Vuelve a lanzarme su grito característico pero con un tono algo más melancólico. A mí me da mucha pena. Al final también le grito esperando que me salga un tono menos melancólico que el suyo. No sé si lo conseguí o no. Él esperaba mi despedida. Con mi último grito alzó sus orejas. Nos miramos. Y parece que regresó tranquilizado a su reino, a su aire y sin prisas. Yo me encamino hacia el mío la cumbre del Bastiments que me hará parar alguna que otra vez para cojer aliento y es que mi forma física ya no me perdona y debo hacer los últimos metros mucho más despacio que el resto de las subidas.
En la cumbre me encuentro francamente mal. Me empieza a doler la cabeza y tengo un ardor de estómago impresionante como resultado de la limonada de las narices. Sed lo que es sed no he pasado nada de sed pero la acidez de estómago me hace pasar un mal rato. Me obligo a comerme una manzana y me voy a la segunda cumbre del Bastiments medio “grogui”. Allí me encuentro a un grupo de chicos y chicas que acaban de llegar. Les oigo decir que temen una tormenta. La verdad es que no estoy para conversaciones y no les digo nada porque me encuentro mal. Les iba a decir que no habrá tormenta hoy porque hay un isard arriba cerca de las cumbres de las montañas pero esto me requeriría un gran esfuerzo de pedagogía. Si quieres saber qué tiene que ver una cosa con la otra puedes verlo en mi artículo “Las vacas suben, los sarrios bajan; entonces … a las cuatro va a llover”. Son las tres de la tarde. Mientras los chicos del grupo van a la segunda cumbre y las chicas se quedan en la primera yo bajo lentamente hacia el valle. No sé si es que estoy muy “grogui” o que pero me parece ver a dos que estan subiendo al Bastiments a estas horas. Fueran chico y chica pensaría que éstos se lo han pasado de miedo esta noche y después se han decidido subir pero como son dos chicos no entiendo nada. Si yo ya he pasado calor imagínate ellos. Siempre es un consuelo.
Me pongo el piñón fijo y empiezo a bajar lento pero sin parar hasta que llego al río que hay cerca de las ruinas del antiguo refugi d’Ull de Ter. El agua me reanima y me pasa algo el dolor aunque me va a acompañar hasta que llegue al coche. Pienso tomarme una aspirina pero al final prefiero superar la crisis sin ella. Llegaré al coche a eso de las cinco de la tarde pero a medida que voy llegando acaba apareciendo el otro tipo de colectivo que frecuenta habitualmente la montaña: el “botejara”. Es decir, rollo familia incluidos normalmente abuelos, tíos y sobrinos que van a pasar el domingo al monte. A medida que desciendes hacia Setcases la cosa aumenta en “horterismo” puesto que acabas viendo al mismo tipo de familia pero incluyendo tumbona, mesa de camping y cesta de comida. Comprendo que es una actividad como otra, yo mismo lo he hecho, pero ponerse con la mesa a dos metros de la carretera ya es un poco patético, pienso yo, con la de sitios que hay en la montaña. Y es que hoy la gente sólo va hasta donde llega el coche y ni un metro más allá. Menos mal que el contrapunto lo ponen una pareja cargados con voluminosas mochilas que se ve de una hora lejos que están haciendo el trayecto del GR-11 hacia Setcases. Como no hacen autostop continuo. Me paro en la fuente que hay en la entrada de Setcases para beber y llenar la cantimplora de agua. Se acabó por hoy las limonadas. Y ahora ya sí sin parar voy bajando tranquilamente hacia Girona. Poco a poco se me va pasando el dolor de cabeza y la acidez de estómago hasta casi desaparecer.
Una vez llegado a casa me ducho y al poco rato llega mi ex que me trae a Néstor. ¿Dónde has estado que estés tan rojo? En la montaña. Papá, me dice mi hijo, la próxima vez que vayas a la montaña yo quiero ir contigo. Pues el fin de semana que viene nos vamos a intentar tú y yo el Montardo d’Aran …
Datos GPS de los puntos clave de la travesía desde el Coll de la Marrana
Coll de la Marrana (GR-11) 31T 437770.33 4696571 2536.33
Estany Feixa Llarga (GR-11) 31T 437114 4696616 2447
Fonts del Freser (GR-11) 31T 436527 4696790 2423
Cabaña de Tirapits 31T     2706
Coll de Tirapits (GR-11) 31T 435016 4696428 2790
Pic Inferior de la Vaca 31T 434840 4696603 2832
El Portell dels Gorgs 31T 435049 4696905 2747
Coll Sur del Pic de l’Infern 31T 435473 4697301 2854
Pic de l’Infern 31T 435413 4697354 2880
Coll Pic de l’Infern – Pic Freser 31T 435657 4697237 2802
Pic Freser 31T 435871 4697244 2843
Coll Pic Freser – Bastiments (secundario) 31T 436065 4697404 2744
Collada de les Comes de Mal Infern 31T 436287 4697551 2716
Pic de Bastiments II (piolet) 31T 436822 4697663.50 2882.50
Pic de Bastiments I (vértice geodésico) 31T 436988 4697590 2892
Coll de la Marrana (GR-11) 31T 437770.33 4696571 2536.33
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

¿Quieres llegar a ser un divo? (Preliminares)

Del 20 al 31 de julio de 1983.
Reglas básicas:
1º Despelleja a los demás y no permitas que nadie te haga sombra. Si quieres llegar a divo tienes que ser el mejor no basta con ser uno de los mejores.
2º Si con tu historial no tienes bastante … ¡miente! No tengas falsos escrúpulos. Por apuntarte paredes de clavo no haces daño a nadie.
3º Desclava y machaca los buriles de las vías que hagas. Así te conocerá todo el mundo. Te pondrán verde. Pero al fin y al cabo es publicidad.
4º Cuando estés rodeado de mucha gente di cosas como: “Pertenezco a la corriente ecologista de Greenpeace por lo que no se deben estropear las vías clavando pitones”, “hice la primera ascensión invernal en kamiseta de color verde ya que soy un mecánico que hace el servicio militar voluntario” o, simplemente, “escalar en libre es hacerlo sin kuerda, sin material, sin komida y abriendo vía”. Son tonterías pero promocionan una barbaridad …
5º Si graduas una vía, aunque la pases en artificial, tú simplemente pon IV- y los demás que se busquen la vida. Mientras te estén llamando bocazas te estarán haciedo publicidad.
6º Quítale horas a tus itinerarios. Lo que haces en 21 horas pon simplemente 5. Los vivacs a muerte en la montaña son muy comentados en el ramo. Así harán que aún suene más tu nombre.
7º Escribe artículos en las revistas especializadas. En ellos tus escaladas tienen que ser las más difíciles, las más peligrosas y en las que tú siempre salvas la vida al compañero.
8º En los refugios monta broncas. No dejes dormir a nadie. Mientras te maldigan te están haciendo publicidad.
9º Intenta siempre hacer primeras repeticiones. Aunque cantes mucho y abandones no importa. Las primeras repeticiones son muy comentadas.
10º Kuando ya seas un divo deberás conseguir amig@s. Pues seguro que te habrás quedado sin nadie con quien salir.
Efectivamente. Hace ya unas semanas que leía esto en las páginas de una prestigiosa revista especializada de montaña. En las notícias de última hora venía un curioso artículo que decía algo así como … “el concurso se dio por finalizado con el reparto de premios. La medalla de oro, al mejor divo de este año, se le ha concedido a Patrice de Bellefon por sus múltiples éxitos en …”. ¿Será posible? Y … digo yo, ¿cómo lo habrá conseguido? … ¡Es evidente! me contesta impasible, EO, mira que decir en su libro de las cien mejores ascensiones al Pirineo que tanto los quince gendarmes como la Salenques se hacen en cinco horas … y es que “flipas” …
Bueno, lo mejor será que empezemos por el principio. Si explicamos el final de la historia esta crónica no va a tener nada de gracia.
Girona. Erase una vez un día algo oscuro. Las calles estaban mojadas. Hace poco que ha llovido. Suena un despertador. Todo es normal. Hemos quedado a las seis de la mañana en la estación. Esto ya no es tan normal. EO no se ha acostado en toda la noche porque no le merecía la pena y Miguel no oye el aparato antes mencionado y se duerme las horas de los dos. Como esta historia no va a terminar mal antes de tiempo veremos como Miguel se levanta justo a tiempo para llegar a la carrera a la estación y coger el tren. ¡Sí señor! Ya tenemos a nuestros dos personajes despiertos gracias a un revisor que se cerciora, cumpliendo su trabajo, de que lleven el billete correcto de Girona a Barcelona Término.
Barcelona. Con paso cansino, cargados con grandes mochilas, recorremos la estación hasta la ventanilla de Cercanías.
– “Por favor, un billete con el descuento del 40% para Monzón en el tren que va a salir ahora”.
– “Lo siento este billete lo deberán comprar en las ventanillas de largo recorrido”.
Cuando llegamos a la ventanilla me pregunto si lo del largo recorrido es por el camino que hace el tren o por el que debe realizar un viajero que desee un billete ya que están muy alejadas la una de la otra.
– “Por favor, un billete con el descuento del 40% para Monzón en el tren que va a salir ahora”.
– “Lo siento, ya no quedan billetes con ese destino hasta mañana”.
– “Hombre, mira ¡qué gracia! A estas horas de la mañana ya no quedan billetes. ¿Es que no hay ningún empleado de Renfe que sepa pensar que simplemente hay que enganchar un vagón más al tren?”.
– “Lo siento, ya no quedan billetes con este destino hasta mañana”.
Visto que más que una taquillera esto es una máquina parlante y no tiene, que digamos, mucha variedad en su locución nos dirijimos a INFORMACIÓN.
– “Por favor, querríamos ir a Monzón en el tren que va a salir ahora”.
– “Lo siento, ya no quedan billetes con ese destino hasta mañana”.
EO, mejor es no insistir. Esta empresa funciona igual de mal en todos sus departamentos. Nos las arreglaremos por nuestra cuenta. Salimos a la calle.
Miguel se acuerda que la compañía de autobuses Alsina-Graells le llevó, hace unos años, de noche de Lleida a Barcelona por lo que piensa que igual hay un servicio a la inversa. Y así es. Salimos de Barcelona a las 10.30 de una calle cercana a la Plaza Universidad. El viaje se puede aprovechar de dos maneras posibles: dormir o oír la radio. Nosotros las abarcamos las dos. EO escoje la primera y yo la segunda. El autobús resulta que incluso va por la autopista por lo que en menos de dos horas llegaremos a nuestro destino.
Lleida. Entramos en la estación de autobuses. Todo es desconcierto. Gente por los suelos que esperan su autocar. Hay quien corre porque se le escapa el transporte que le llevará a casa. Un tipo lleva en una jaula animales vivos, una mujer la cesta de la compra de la semana y un chico una preciosa lámpara que aún no sé cómo no se le ha roto. Es el último autocar que va a Barbastro en el día de hoy. Ya no quedan billetes para Barbastro. Quedamos los cuatro últimos. El revisor tiene siempre la última palabra. Pasando de nosotros el cobrador se pone a hacer sumas interminables. Pasa el tiempo. Aumenta nuestra impaciencia.
– “Perdone, se ha equivocado en esta suma los que lleva son cuatro y no tres”.
– “Brrrrrrrrr”.
Sigue sumando. Seguimos esperando. El primer billete que despachen es para nosotros. Ya llega el revisor. Después de hacerse de rogar, como se debe de hacer en estos casos, parece que nos va a hacer un hueco por ser pocos. Menos mal. Parece que hoy las cosas quieren salir bien. El revisor nos coloca en el pasillo con unas sillas plegables. Estamos en medio de un grupo bastante numeroso que su distintivo es la camisa roja, pantalón bávaro azul oscuro, tirantes con la “senyera” y armar todo el follón que pueden. Tenían que ser de Barcelona …
Barbastro. Esta vez el trayecto ha sido con paradas. Aunque no por ello hemos llegado más tarde de lo previsto. Parece que a medida que llegamos al Pirineo el servicio público va mejorando. Será que la montaña imprime carácter aunque sólo sea porque les toque el aire de lejos …
Comeremos en unas sillas cómodamente en el centro de la ciudad. La sombra ya se agradece. La cerveza también. Como el tiempo normalmente no se para llega el momento de ir a cojer el último autobús. Charlamos con un personaje que se conoce muy bien la ciudad y nos indica estupendamente cómo llegar a la estación de autobuses que La Oscense tiene para los autobuses de esta otra línea.
Benasque. Ya es tarde. Estamos bastante cansados de viajar. Empieza a oscurecer. Tenemos que esperar a ver si nos vienen a buscar. Estamos en la plaza del pueblo. Junto a las fuentes. Un seiscientos con matrícula de Zaragoza es el que tiene que venir y no apareció ninguno en todo el rato que estuvimos allí. Tampoco vinieron los primos de EO ni sus amigos. Lo que pasa es que hemos quedado en Cregüeña en el caso de que no nos encontráramos aquí. Y esto de concretar un campamento de alta montaña entre Girona y Zaragoza por teléfono ha sido, al final, un poco enfollonado. Otra vez miraremos de sincronizar mejor todos los preparativos. De momento no nos podemos quejar. Por la plaza van desfilando seres vivientes de lo más diverso: pastores, ovejas, vacas, montañeros, divos, perros, turistas, … y ¡mira por dónde! Pero si es mi amigo Miguel S. y su compa. ¿De dónde venís tan tristes y tan cansados? Pues por lo visto hace unos días fueron al Aneto por la Salenques y después del primer gendarme tuvieron que rapelarlo hasta el glaciar por el mal tiempo y los quince gendarmes no los pudieron ni tan siquiera intentar también debido a una tormenta. Eso es mala suerte y lo demás son historias. Después de quedar para salir juntos otro día nos despedimos. Ya es muy tarde. Decidimos ir a dormir a la chopera y mañana emprender el camino a Cregüeña. Buenas noches.

El vivac está cerca del pueblo. Ya es de día. Abro un ojo. Y … ¡horror! Veo una cara de perro con un palo en la boca. ¡No! Estimad@s lectores no estoy insultando a EO … ¡es un perro de verdad! Nuestr@s lectores que conocen bien a EO saben que es su costumbre llevar siempre un palillo en la boca y se deben de haber confundido. Craso error. ¡Quita bicho! ¡Oye! Este es de los que te entiende. Está bien educado. Con mi grito, ahora, ya se ha despertado EO. El perrazo en cuestión ve como se ha movido y se le acerca. Le da el palo ahora a EO para que se lo tire. Tanto EO como yo hemos visto el juego en los tebeos pero no nos creemos que pueda ser posible en la realidad. Pero como el can le insiste éste finalmente lo coje y lo tira. Nos quedamos patidifusos cuando vemos que efectivamente el animal va presto a por él. Y así que jugamos un rato. El problema es al final cómo explicarle al chucho que no queremos jugar más con él pero, al fin, el amo interviene y consigue hacérselo comprender.
Una vez hemos desayunado lo recojemos todo y nos disponemos para la marcha. Tenemos que llegar a Cregüeña y el camino es bastante largo. Andaremos siguiendo la carretera hasta los Llanos de Senarta. Cada año este lugar se llena más y más. Es impresionante la cantidad de gente que se instala aquí para pasar unos días. De hecho esto tiene todas las desventajas propias de las grandes aglomeraciones y de las de la alta montaña. Las cojen todas. Esto sí que es moral y no otra cosa. Dejemos las cosas como están sin organizar líos y pasaremos entre el público que nos repasa de arriba abajo. Ya hemos iniciado la pista que sale de los Llanos y que, siguiendo la otra orilla del Ésera, nos conducirá a la palanca de Cregüeña. A poca distancia de Senarta estaba, algo escondido y aparcado, un seiscientos azul con matrícula de Zaragoza. Buena señal. Sin duda alguna, pensamos, es el que ayer nos tenía que haber venido a buscar. Estamos consiguiendo el primer objetivo: reunirnos tal como estaba previsto en el caso de que fallara todo.

La subida desde la palanca se las trae. Es muy empinada y llevamos unas mochilas bastante pesadas. Aquí ya no se ven “julais” ni divos ni nada que se les parezca. Únicamente moscas, muchas moscas que nos acompañan, que por cierto, no sé si les ha pasado alguna vez pero les aseguro que su presencia es bastante ingrata. A mitad del camino paramos a comer y beber algo. Por fin se ven excursionist@s. Bajan. Ligamos un poco.
– “Oiga, por favor, no habrán visto por casualidad una tienda marrón”.
– “Pues sí. Había un chico algo bajo, fuerte, rubio y con bigote.”
– “¡Huy! gracias. Exacto. Ese es mi primo”, me comenta EO.
– “No hay de qué”.
– “Y qué pesadez de moscas”.
Y tal y tal.

Animados por lo que nos han dicho re-emprendemos el camino. Esta vez ya apretamos algo el paso. Nos han dicho que ya no nos falta mucho para llegar. Así que ánimo.
Por fin. Ya estamos todos juntos. Las presentaciones. Los dos primos de EO se llaman Javier y José Ángel. El propietario del seiscientos Juan Carlos y los dos amigos que les acompañan Ángel y Santiago. Los cinco vienen de Zaragoza. ¡No! No se crean que cupieron todos en un seiscientos. No. Dos de ellos también utilizaron los transportes públicos. Ya tenía suficiente carga el vehículo con tres personas y sus respectivos equipajes. EO y Miguel son los que acaban de llegar por lo que el equipo de ataque queda ya al completo. Vienen, como ya sabrán si han ido leyendo este rollo (que lleva más de seis folios), de Girona.
La crónica termina aquí. El resto lo añado ahora que la paso a limpio pero en realidad ya no os voy a hacer sufrir más con texto. Os dejo que disfruteis con las fotos de las excursiones que hicimos. Un saludo a tod@s.
dot  El 23 de julio realizamos la cresta de los quince gendarmes al Gendarme de Alba (3054 m) y al Pico de Alba (3118 m).

dot  El 28 de julio subimos al Crabioules Este (3116 m) por su pared sur y por la cresta llegamos al Crabioules Oeste (3106 m) los descendemos por la vía Mammy y continuamos, posteriormente, por la cresta hasta el Pico Royo Superior de Literola (3121 m).
dot  El 30 y 31 de julio subimos al Aneto (3404 m) por la cresta de Salenques pasando por el Margalida (3241 m), Tempestades (3290 m) y la Espalda del Aneto (3350 m).

© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

 

Todos los Santos de 1978: la excursión de los Juanes, Caouarere y Culfreda

Una excursión realizada el 4 de noviembre de 1978.
Son las nueve menos cuarto cuando nos encontramos en la calle con la mochila en la espalda cuatro Juanes para hacer con otros seis compañeros más una excursión. Vamos llenando los coches y salimos a eso de las nueve y diez.
Una niebla bastante espesa nos acompaña hasta Martorell y luego se vuelve a reenganchar, ahora de humo y de gases de mal olor, entre Mollet y Sabadell. En El Vendrell tenemos que esperar que pase el tren y aún y así llegamos a Calafell más pronto de lo que la madre de PK se esperaba. Muntaner también tiene ganas de ir a Torredembarra a ver a sus padres. A pesar de lo ocupados que estan los demás lo pasamos con vinillo, almendras, avellanas, sugus y pan de la casa. Salimos de Calafell a eso de las cuatro menos cuarto y llegamos a Plan pasadas las ocho de la tarde. Es de noche y hemos hecho 531 kilómetros. Hace frío. Nuestra primera reacción es ponernos el jersey y entrar en el bar del lado de la carretera. Dentro, la estufa de leña y los hombres quemados por el Sol jugando a cartas dan un tono familiar al ambiente. Pedimos comer los bocadillos que llevamos y nos sirven el resto muy amablemente. Mientras los compañeros cenan PK y Gerald hacen una primera prospección del pueblo y se encuentran con dos gratas sorpresas: una viejecilla que con toda la amabilidad nos acompaña hasta el Hostal y la casualidad de oír por la tele, y de forma muy repetida, el nombre de San Juan de Plan mientras estamos bebiendo en la barra. Resulta que emiten el programa “Raíces” dedicado a los bailes y delicados útiles de trabajo de artesanía -como podrían ser los calcetines de lana, mantas, tapetes, etc- que tan bien se han conservado en este pueblecito tan alejado de la civilización y acostumbrado a sufrir las inclemencias meteorológicas más duras superándolas con los medios materiales que están a su mano. Con un acompañamiento tan gustoso la abundante ración de sopa y las costillas se comen con más deleite. Los que se han quedado en el bar de abajo todavía lo viven más intensamente puesto que algunos hombres que estan a su lado aparecen en el programa o son parientes de los que estan saliendo.
Enbobados con este espectáculo plantamos las tiendas en la chopera del lado del río Cinqueta. Una nube con forma de cabeza que se deja caer con forma de gotas frías lo humedece todo pero la tienda la repele en una noche en la que el sueño no es ni muy profundo ni muy relajador. Lo que sí nos relaja un poco, aunque nos hace pensar, es el juego de adivinar las montañas a partir de las cifras de sus alturas. Luego el juego va derivando poco a poco a montañas que llevan nombres de montañeros y, como no, montañas que llevan nombre de montañeras … Antes de dormirnos Braxman nos relata ampliamente las sensaciones que uno tiene cuando escala una pared y resulta que ves claramente que te has desviado de la ruta correcta.
El viernes nos levantamos a las ocho. Hace fresco y no hay nubes. Mientras, el Sol va enseñando la cara detrás del Puig Alfar y va calentando las casas más altas del pueblo. mientras vamos desayunando lo presenciamos todo. Un espectáculo vivo y rítmico de un despertar y salida de las personas y animales del pueblo: pequeños grupos de vacas grises con sus respectivos terneros, cabras, mulas y burros acompañados de sus pastores y pastoras de piel quemada y arrugada con perros de todas las medidas y pelajes más variados desfilando a pasos acompasados por el camino del río. También pasa, camino del Monte de Plan, un Land Rover que carga a los bosquetanos del pueblo. Y un hombre que ya ha hecho el trabajo puesto que los dos mulos que lo siguen llevan unos grandes fardos de leña para el fuego.
Ya es mediodía cuando emprendemos, en coche, el camino de Viadós. Está asfaltado hasta San Juan de Plan y el brancal que lleva hacia Gistaín. El pueblo se encuentra a 1400 metros de altura en el lado soleado de la montaña con torres de diversas casas señoriales y de un campanario que sobresale por encima del resto de los tejados. Baja por un camino de piedras un mulo que lleva las alforjas llenas de mierda hacia los próximos desnivelados campos. Es con este paisaje que uno entiende lo que significa la supervivencia y la utilidad de los múltiples animales en estos lugares. En la entrada del pueblo un hombre menos corpulento pero no menos amable de los que habíamos conocido antes nos dice que el refugio de Tabernés está abierto, que hay muchas vacas en Viadós, que la carretera es buena pero con bastantes piedras a las que habrá que subirse con las ruedas con el objetivo de no rebentar el cárter -como ya han hecho algunos-, que están haciendo muchas pistas por la zona de Plan y que desde aquí mismo arranca una con el objeto de llegar a Bielsa, que no quedan nunca incomunicados, que nos les hace miedo que se les ponga un metro de nieve en la puerta, y … etc. etc. etc.
Una vez estamos en el camino o pista de Viadós podemos comprobar como no se denomina así sino que se llama “senda pirenaica” que le da un aire como de maño o madrileño al igual que la torre de vigilancia que se encuentra instalada en el lado de uno de los campamentos. Un reguero de bordas o “quadras” se va extendiendo en el centro de los prados situados a lado y lado del camino. Se ven mujeres tejiendo calcetines y hombres durmiendo a la vez que guardan sus respectivos rebaños de vacas. Las pétreas y largas crestas del Posets y Las Espadas junto con las más proporcionadas de La Forqueta y de los Eristes se nos muestran soberbias y altívolas ante nuestros flipados ojos cuando llegamos a los Llanos de Viadós y empezamos a andar, menos los conductores, camino a Tabernés. Hay vacas en los prados que rodean el refugio. El Batoua, conocido en este país como Culfreda, preside majestuoso este frío valle.
Para conocer mejor el camino que tendremos que hacer mañana por la noche un grupo anda una hora hacia el Puerto de la Madera. Cuando regresa la comida-merienda-cena ya está preparada y el fuego enrojece e ilumina la fría estancia. El pastor se calienta y con un hablar rápido pero mesurado y amigal nos explica que guarda quince vacas en este terreno comunal. Por lo visto, la parte baja del valle es particular, en Gistaín hay casi ochocientas vacas, que en el invierno lo pasan muy mal para alimentar a tanta vaca y las tienen que tener dentro de las bordas, que el año pasado subió aquí un solo coche en el mes de enero, y tal y tal y tal … Nos abandona muy a su pesar … El Sol dora con sus últimos rayos la mole del Culfreda y nosotros meditamos alrededor del fuego las aventuras del Braxman entre los esquimales, las condiciones que le conducen a uno a tirar cocteles-molotov, las posibilidades de usar un piolet como arma defensiva, …
El sábado nos despertamos que son poco más de las tres de la mañana. El cielo sigue estrellado como ayer y una helada que te pone la piel de gallina cubre la tierra. Un vaso de leche chocolatada nos pone a buena temperatura.
Salimos a las cinco con pasos cortos y sólo los alargamos cuando nos llega un azote de aire frío procedente del Puerto de la Pez. A las seis y cuarto pasamos por la piedra que tiene pintado en rojo “camino del Puerto de la Madera” que está situada poco después de aquella que pone eso de “senda pirenaica”.
Empieza a clarear cuando subimos por una zona de hierba y matojos. Un gendarme de la cordillera que pasa a nuestra izquierda nos cautiva. Más tarde son las primeras luces del alba que pinta de oro viejo la falda y paredes del Culfreda y la larga cresta que desde éste desciende hacia el Puerto de la Madera. Por fin, y limitándonos a los elementos orográficos más inmediatos, ante nosotros las paredes cortadas a plomo de la Peña Blanca.
Nos paramos a desayunar -queso, chocolate, membrillo, fuet, bacon, jamón, higos, avellanas, pan, limonada, leche y litines- bajo el mismo puerto, en el lugar que nace el río, a las ocho y media. PK que hasta ahora a ido subiendo lentamente y animándose con mútua conversación con el Braxman dice que no tira y que se va a quedar en el puerto: va a ser el anuncio de un manifiesto, largo y doloroso suplicio.
Continuamos la fuerte subida por la hierba y tartera hasta el Puerto de la Madera. Llegamos en un cuarto de hora. Las penumbrosas y pálidas paredes de la Punta Fulsa tienen un aspecto muy invernal. De poniente a levante el Marboré y el Posets dominan, aunque lejanos, todo el paisaje. A medida que vamos superando la enfilada y ancha cresta del Cauarere van apareciendo detrás suyo los picos que escondía el Monte Perdido, los Astazus, el Vignemale coronado de nieve. PK y Braxman se quedan y los demás coronamos los 2901 metros a las diez y media. Casi sin pararnos y en una media hora más llegamos al Culfreda de 3034 metros sorteando las dificultades de su entretenida cresta unas veces por la vertiente española y las otras por la francesa.
Asímismo, la diferencia de color entre cada una de las vertientes es muy evidente. Por el francés los abetos remontan la ladera casi hasta nuestros pies y se descubren grandes manchas de nieve entre sus pobladas copas y se puede llegar a ver, incluso, un pueblo enblanquinado y un embalse de color sepia en medio de un general color oscuro. Por el español el único habitáculo es el refugio donde hemos dormido y todo lo demás son montañas pedregosas y afiladas, clapeadas de nieve en las paredes más resguardadas y bañadas por dos estanques inmersos en la penumbra: el de Ordiceto y los ibones de Bachimala.
Por lo que respecta a las cumbres, y en dirección E-S-W, la corta estancia en la cumbre me hace descubrir el Baliner, el Lostou, el Abeillé, el Pequeño y Gran Bachimala, la Punta del Sabre, los Gemelos, el Posets, Las Espadas, el Pavots, la Forqueta y el grupo de los Eristes, la Peña Blanca, las Tres Huelgas, la Punta Suelza, la Punta Fulsa, las montañas del cañón de Añisclo, las Tres Sorores, los Astazus y el Vignemale.
Bajamos, ahora siempre por el filo de la cresta hasta encontrarnos de nuevo con PK y el Braxman a eso de las doce del mediodía. En el descenso PK va acusando las punzadas y la asfixia producidas por la hernia de esófago. Para acabarlo de rematar no encontramos agua hasta que llegamos a la mitad del bosque. El sufrimiento moral y físico tanto de PK como de los que lo acompañamos es notable. Afortunadamente un azucarillo con nieve y después otro con agua ferruginosa le permiten hacer un gran erupto. Parece que le alivia algo y conseguir llegar fatigado al refugio a eso de las tres de la tarde sin haberse dado cuenta de nada de lo que le ha sucedido en todo este tiempo.
Comemos un poco, lo recojemos todo y nos las piramos. Los que bajan a pie se lo cojen con calma porque dicen que estan cascados pero resulta que cuando se les aparece un perro saben correr como el que más. Reencontramos al pastor de ayer y a la gente de Plan y de San Juan de Plan que regresan al pueblo con mulas cargadas de leña y burras que si no obedecen se las insulta con un clarito “burra del cojón” estrepitoso. En Plan la gente nos pregunta si hemos subido y si allí se pasa frío. En Sin nos repasan con una cara de curiosidad y extrañeza -vamos tres coches- muy inquietantes. Pero nos ofrecen la rectoría para que vayamos a dormir.
Cenamos en el comedor familiar del bar de la carretera de Plan. Nos sirven sopa, ensalada, verdura, tortilla, hígado, costillas y fruta todo por 300 pesetas mientras Braxman intenta convencernos de bajar el Fluvià con una balsa de madera hecha por nosotros mismos (Nota del traductor: como podeis claramente comprobar Braxman es, ni más ni menos, que el precursor del rafting) y PK se enrolla con lo de la universalidad de los sabadellenses. Entendemos la amabilidad con la que nos ha acogido esta gente cuando la señora del bar nos dice que tuvieron un maestro que era de Girona. Pobre hombre. ¡Qué destierro!
El domingo salimos a las siete y cuarto de Plan. Sólo encontramos un par de coches hasta La Foradada. En Arró un Sol redondo como una pelota reluciente pero que está difuminado por un cielo calichoso y que saca la nariz por encima de la montaña constituye el tema fotográfico de todos los objetivos exigentes del coche. En Barbastro acabamos las provisiones y hacemos la crónica del mercado musical.
Braxman sale el primero. No vemos por donde ha salido. Esperamos a que el semáforo se ponga verde y el urbano nos deje salir. Apretamos el acelerador a fondo y paramos en Monzón para considerar las posibles hipótesis más probables: Huesca o Lleida. Lo esperamos media hora y seguimos el camino. Paramos de nuevo en Las Balsas y esperamos infructuosamente una hora y media más. Durante este rato nos entretenemos a arreglar el reventón del Simca. Planteamos la hipótesis de que se hayan ido a Huesca y regresado por Fraga y la autopista o que simplemente se hayan ido hacia Girona sin parar. Desanimados proseguimos nuestro camino. En el área del Vallés telefoneamos y nos dicen tranquilamente que ellos ya han llegado. El hambre aprieta y les maldecimos los huesos. Cuando uno de los coches se para o se atrasa los otros siempre es esperan pero ya se sabe … la excepción confirma la regla … ¡Por algo es Braxman!
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Campamento Taga XV: agua constantemente (y II)

Una excursión realizada el 20 de julio de 1978.
Miércoles día 19 de julio de 1.978.
Como es natural después del esfuerzo de ayer [verlo en la crónica de la excursión del Aneto por Coronas] nos levantamos tarde a eso de las diez con un precioso día por delante. Una vez desayunados es importante la tarea de reparar las tiendas, de la cocina, ir a buscar leña, lavar los platos, enderezar el mástil y cualquier otra actividad que pueda empezar con la erre o con cualquier otra pero que nos producen una satisfacción especial. Y para no acabar con la tónica impuesta por la erre recibimos numerosas visitas internacionales de alemanes, ingleses y yugoslavos que van todos buscando la “estrada” o “camino internacional” o como sea que va al Hospital de Benasque y alguna que otra más familiar como es la de nuestro amigo Pito G. que por lo visto no ha perdido la locura de subir montañas y se ha acordado de visitar nuestro campamento que ya lleva 15 años de vida. Después del café para pasar el rato nos embarcamos a explicar aventuras de miedo psicológico preparado, de escalada del Braxman y chistes dodecafónicos del Pedro P.
Jueves día 20 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las cinco. Hace un viento fresco y sano. Nos equipamos debidamente y emprendemos el camino hacia el Hospital unos a pie por la carretera asfaltada en algunos tramos y otros en coche por la pista de Los Baños. La cascada de Remuñe sigue presidiendo el valle homónimo y todo el valle del Ésera mensajero insaciable de la virginal frescura de las cumbres. Unos sombreros de vapor matinal, ahora que los sombreros ya sólo los llevan los mexicanos y de vapor (al menos lo parece) son los vestidos de moda de este año, cubren los pequeños estanques del llano de este mismo nombre difuminando amablemente por el polvo inmerecido causado por nuestros vehículos al cruzar este bello paraje. Los coches los dejamos delante de una puerta que pone con letras muy grandes prohibido aparcar a las siete menos cuarto. En el complejo refugístico de La Renclusa encontramos unos perros con unos ladridos afónicos y un hombre grande con igual afonía que dice “Anetu?” y que nosotros afortunadamente le podemos contestar con un clarito “Alba”.
Empezamos a pisar la nieve a los 2200 metros. Los ibones de Paderna duermen en paz a la sombra del espigado y pétreo pico que lleva su nombre. El fuet, el queso y la leche nos ponen en condiciones de superar con el sudor que el día prevee la dura subida que vamos a emprender. Superando la depresión en la que estamos inmersos un espectáculo alucinante de nieblas tranquilas aparecen tras el Puerto de Benasque. El camino que lo sube en unas ingeniosas curvas y el glaciar de la Maladeta nos dejan maravillados. Mientras saltamos por el canchal y Jaume C. (mi profesor de gimnasia) se entretiene a perseguir perdices nivales (tiene la “pájara”), aunque no se atreven a levantar el vuelo, PK va sufriendo por los cinco que hoy han decidido subir al Puerto de Benasque.
El acceso a la cresta norte del Pico de Alba por el glaciar se presenta muy empinado y no muy claro debido a la presencia de una rimaya. Por eso hacemos reunión en unas piedras, comemos un poco y sale una primera avanzadilla de dos personas a inspeccionar la vía a seguir. Cuando llegan a una ancha brecha que forma la cresta avisan que suba una cordada de cuatro con crampones. Una vez en la cresta y superada una corta subida de piedras sueltas que hay después de la nieve el grupo se desata y va flanqueando por el lado oeste de la cresta cogiéndose en las piedras más seguras y animando a un PK que está afectado por otro “mal de muntanya” que le produce amnesia. Siguiendo con la tónica de encuentros fortuitos Robert se encuentra con un cordino dejado por algún aficionado a los rápeles. El altímetro del Gerald va dando cifras bastante razonables pero que según como se mire pueden dar falsas esperanzas como es el caso de que marca un 30 queriendo decir 3030 y algunos lo interpretan como que faltan 30 metros para la cumbre. Una canal de piedras bastante seguras y grandes nos conduce de nuevo a la cresta y a partir de aquí ésta ya no presenta grandes dificultades hasta la cumbre. Llegamos a la una.
Un trago corto, unas fotos, las nieblas inamovibles de la zona francesa, los tres compañeros que han llegado hasta el final del glaciar, la cresta afilada y clapeada de nieve, la nieve hasta el pie del Diente de Alba y las Maladetas, el Posets difuminado por las nubes, las cabezas pétreas peladas y colgadas de los temibles Crabioules, Maupás y Boom, las paredes claras y lisas de la Aguja Blanca y los Ibones de Alba y de Villamuerta perdidos y casi ignorados en medio de tanto monte tresmilero.
La bajada no tiene más alicientes que los propios del piolet ramage y otros estilos más espectaculares y desafortunados pero que son entretenidos y hasta algo amables para el que se lo ve de lejos. En La Renclusa unas mulas poco simpáticas nos miran con una cara de extrañeza que las vacas nunca la pondrían y unas cervezas a diez duros nos hacen rascar un bolsillo bastante roto. La bajada hasta el refugio la liquidamos en hora y media y el trozo que nos falta hasta los coches se ve amenizada por las nieblas tranquilizadoras que se dejan caer calmosas por el lado español del Puerto de Benasque. Después la luz roja de la gasolina mantiene intrigados a los ocupantes del 127 y al final hasta Alfonso nos tiene que dar un golpe con el pie. Las dos expediciones llegan al campamento a la misma hora y nos encontramos con la agradable sorpresa de que los tres que se han quedado han tenido la amabilidad de ordenarlo todo, lavar los platos e incluso nos han preparado la comida. El baño, la comida y un pródigo partido de fútbol en goles nos ponen a tono.
El fuego nocturno tiene una primera parte muy emotiva de despedida a Gerald con vino, la dedicatoria de Pedro P. con un canto de “cuando un amigo se va” y unas poesías montañeras de este chico que se cansa tanto subiendo a las montañas pero que siempre quiere regresar. Y una segunda con relatos de excursiones pasadas y próximas junto con la trágica notícia de la muerte de uno de nuestros vecinos corazonistas en un accidente ocurrido hoy en la montaña.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Campamento Taga XV: agua constantemente (I)

Una excursión realizada el 18 de julio de 1978.
A pesar de la oposición declarada al deporte del montañismo por grandes sectores de la población gerundense y del mismo colegio, más por ignorancia que por otra cosa, nuestra afición a la montaña no decae y las llamadas para organizar el campamento han sido más numerosas que nunca. Unos días en los que la gente desea pasar el calor submergiéndose casi desnuda en las azules aguas de nuestra Costa Brava sin pensar en las colas que habrá que hacer para poder llegar. Y es que cansarse por cansarse yo prefiero el Pirineo a las planícies. Menos mal que para neutralizar un poco la cosa nos han puesto un Governador civil que el campamento le debe agradecimiento por su jamón y otras delicias del mismo calibre.
PK está levantado desde las tres y todo el mundo llega puntual al lugar de reunión mostrando una cierta impaciencia para abandonar esta muy inmortal y a la vez muy contaminada ciudad de los cuatro ríos. Las ganas se acrecientan más si cabe cuando vemos llegar las cajas de melocotones un tercer domingo bastante caluroso de julio. Los coches se van llenando de cosas útiles y de gente. No encontramos ya respuesta a la pregunta de si falta algo más.
La despedida pasa por la desagradable aduana que es el río Guell rojo de sangre animal que nos empuja a salir cuanto antes a buscar las aguas puras del Pirineo. Antes de llegar a la fuente hemos de soportar el para y avanza de los barceloneses que van a tostarse la barriga a Castelldefels, los relieves suaves y huérfanos de vegetación de la zona de Cabra, el Segre a su paso por Lleida y su complejo piscinícola lleno a rebentar, el río Sosa totalmente seco pero con el recuerdo de una destrozadora crecida que hizo caer el puente que lo cruzaba, la alegre compañía de Pere F. y sus compañeros en Graus bajando del Aneto en un día precioso, la salida de la bajada del Ésera con piraguas, la dura prueba de ir detrás de un tractor cargado de paja a paso de pulga después de ir a velocidades vertiginosas, la compra de una docena de huevos y un pan de menos (compensadas con un bastoncito de más), las advertencias de PK en Benasque, y, finalmente, la cascada que hay llegando a la presa de Senarta que nos anuncia un buen remojón en el puente del Plan de Baños.
Recibidos los primeros encargos, y esquivando a los mosquitos, nos disponemos a poner las tiendas tarea difícil si tenemos en cuenta la gran cantidad de piedras y la inclinación del terreno, en el que nos hemos puesto por un mal entendido. Faena que no habrá más remedio que terminarla con la luz del butano. La cena tiene hoy un tanto de improvisación fruto de otro mal entendido. Pasamos con poca cosa pues tampoco es que hayamos gastado tantas energías a parte de los conductores. En la sobremesa se nota el sueño y otros factores psicológico-físicos por lo que en lugar de contar chistes salen encargos, historias pasadas y avisos para un futuro campamental mejor.
Lunes día 17 de julio de 1.978.
Nos levantamos a las ocho. El agua helada del Ésera despierta nuestro físico. Un par de vasos de leche con chocolate deshecho, galletas y mermelada preparan nuestro estómago para la apretada mañana que nos espera a los acampados.
Los corazonistas han tenido el buen corazón de dejarnos el mástil y sólo hay que desplazarlo y clavarlo entre unas piedras que van de perilla. En la cocina se desarrolla una tarea de búsqueda de losas, limpieza de ortigas, cálculo de la situación del fuego y la instalación de un cordel para colgar los utensilios. Con más pena que gloria avanza la excavación de un hoyo para la basura y la fabricación de una mesa de tal forma que para la comida ya la podremos usar eso sí vigilando no te caiga el cubierto, vaso o catimplora entre el ramaje de su superficie.
Después del café la parábola del niño que rompía geranios saliendo enfadado del vestuario porque había perdido el partido y que fue invitado por el profesor a plantarlo de nuevo me hace pensar que es lo que deberían practicar muchos de los ecologistas vociferantes de hoy día. Los practicantes de la montaña no solemos ir a patadas pero sí podemos utilizar indebidamente el piolet, las manos o la palabra. Sea como sea, con estos pensamientos en la cabeza empezamos a preparar la ascensión al Aneto por el valle de Coronas.
Los que tienen la suerte de hacer el camino hasta Vallhiverna a pie gozan del largo encanto de ver la maravillosa colección de cascadas que cuelgan de los verticales relieves de este valle tan característico. Los que tenemos que sufrir la agobiante prueba de hacerlo en coche con el objeto de subir el material de acampada y las mochilas reciben, para no dormirse, pesadas lecciones de geografía pirenaica y geología lacustre adornadas de comparaciones tan burdas como las que se establece entre el Lago de Banyolas con los de Cregüeña y Llosás. También presenciamos el paso de un rebaño de 2800 ovejas conducidas por dos únicos pastores y dos perros que son realmente algo que pronto veremos extinguir. Prueba de ello son sus quejas hacia el Ayuntamiento de Benasque por dejar pasar vehículos por esta pista y que les hacen ir mal en sus tareas cotidianas.
Con pesadas mochilas y tiendas emprendemos el camino de Coronas a paso calmoso. Tendremos que sacarnos el pañuelo del bolsillo para secar el sudor que nos cubre el rostro. Las peladas y retorcidas montañas de Vallhivierna y Culebras ofrecen un contraste patente con la cascada que ruidosa baja entre la hierba y los matojos del primer ibón de Coronas y las afiladas losas manchadas de nieve de la cresta de Cregüeña.
Un trueno, modesto por su ruido pero funesto por lo que anuncia, es el toque de atención. Algunos se dan prisa para plantar las tiendas pero en realidad no les da tiempo ni a poner la primera. Con la misma destreza que habían utilizado para clavar los clavos se disponen a desclavarlos y salir a esconderse. La tienda bajo una piedra y los que la ponían en una cueva cercana que resultará apta para ver los destellos de los rayos aunque tengo un molestísimo goteo que me va justo a la oreja. Los que vienen detrás sólo han podido llegar a un pequeño montículo que da justo encima del ibón y no nienen mas remedio que tumbarse al suelo con la única protección de su mochila ante el gran viento y pedrizo que les cae. Con el desconcierto se dejan en el lugar piolets, crampones y algún anorak.
Nota del traductor: querría ampliar el dantesco espectáculo que tuvimos… Yo estaba al final de la comitiva. Ni siquiera habíamos llegado al montículo. Teníamos enfrente la cascada que cae del ibón. En el grupo íbamos casi diez personas. La gente estaba más que aterrorizada. Para muchos era su primera excursión a la alta montaña. Se vio clarísimamente cómo el viento llegaba a tener tanta fuerza que el agua de la cascada no llegaba a caer al suelo. El viento huracanado y encajado levantaba por completo todo el agua de la cascada y la subía un centenar de metros con una violencia increíble. Agua por doquier de la lluvia y de la cascada. Un pedrizo nunca visto. Un chaparrón de los que hace historia. A todo esto vociferando espoleaba a la gente para ir al refugio de la cueva. Pero… cuando veías los rostros de la gente se veía claramente la expresión del horror… no avanzamos ni un paso así… hubo que esperar a que amainara… Pero la aventura no acaba así… Continua el cronista.
Pasados los primeros espantos y remojones acabamos todos bajo la gran cueva y nos cambiamos la ropa los que podemos.
Nota del traductor: ¿todos? igual como lo del Astérix… ¿todos, todos? ¡No! Resulta que los ánimos van calmándose bajo la cueva poco a poco y la gente se empieza a organizar. Ha parado de llover. Yo en eso que un no sé porqué cuento a los que estamos allí… ¿y? Pues que me faltan dos. Vuelvo a contar… Sí me siguen faltando dos… Le digo a Robert que disimuladamente cuente él… Y llega a la misma conclusión que yo. Faltan dos. Decidimos Robert y yo no decir nada a nadie. A PK le decimos que nos vamos a mear. Empieza el rastreo… Nada por aquí. Un piolet por allá. Un peazo tienda en esa rama. Una bolsa de comida en unas piedras. Y… ¡Por fin! Nos encontramos a los dos que nos faltaban. Acurrucados. Abrazados. Llorando… ¡de miedo! ¡de terror! Se habían quedado allí inmóviles y allí se hubieran quedado estoy seguro de ello si nadie va a por ellos. Una vez tranquilizados regresamos con el grupo… Continua el cronista.
Cuando para de llover es pronto pero oscurece pronto. Nos disponemos a plantar de nuevo las tiendas cerca del ibón y cenar un poco. Una especie de espanto y sordera acaba adueñando a todo el mundo. Un “broncón” que se queda paradójicamente sin respuestas. Se empieza a trabajar en silencio. Sigue faltando más material. Objetos de valor como los piolets y los crampones son necesarios para poder mañana subir al Aneto. Por suerte dos voluntariosos se pasan parte de la noche rastreando las cercanías y acaban dando con todo lo que falta justo en la cumbre del montículo. Nos ponemos a dormir entre las doce y la una de la noche. Aparecen las estrellas en el firmamento y con ellas la calma que le sigue a toda tormenta.
Martes día 18 de julio de 1.978.
El más impaciente se levanta a las cuatro. Un viento frío te hace venir una piel de gallina. Cuatro estrellas hacen que alguien empiece a tocar un impertinente pito a estas horas tan inoportunas. Nadie hace mucho caso al toque de diana y la verdad es que hacen bien. Finalmente se decide a despertar al jefe con el infalible sistema de hacerle cosquillas y percusión aunque no logra su objetivo a la primera. El viento y el frío han parado. La voz acaba siendo secundada y abandonamos el campamento a las cinco y media. Cuando el cielo se aclara unas nubes finas y no muy dispuestas a moverse hacen acto de presencia por el sur. Las piernas empiezan a enflaquecer y presienten nuevas tormentas como la de ayer. Poco tardamos en empezar a pisar grandes manchas de nieve no muy dura.
La llegada al segundo ibón constituye una alegría muy reconstituyente puesto que además del espectáculo que representan sus aguas azules, heladas en su zona central, comprendo que hemos pasado lo peor, el tarteral de piedra, y que ahora toca el turno a la nieve y a pasear. El tercer ibón es más grande y está totalmente helado. El bacon y la limonada tienen mucho éxito a pesar de que no son tan buenos como otras veces.
La larga subida por nieve hasta el collado de Coronas no se hace excesivamente pesada ya que la nieve está normal incluso tirando a dura en algunos lugares por lo que decidimos encordarnos con una visión del Posets sumamente animadora. El ibón Coronado con el hilo de agua que lo cruza y abandona por un hueco en el hielo viene a ser un oasis en este desierto de nieve y hielo “de dos brazos de ancho y cuatro o cinco de largo” que es el glaciar del Aneto. Llegando a él todavía hace falta realizar un último esfuerzo hasta la cumbre. Las palabras del poeta lo recuerdan y viendo el mar de nieblas con pequeñas islas y levantando la cabeza tímidamente por encima de la Vall d’Aran y del Garona francés me permito pronunciar junto con Verdaguer sus versos…

“los núvols, que voldrien volar sins a sa testa,
si no els hi puja l’ala de foc de la tempesta,
s’ajauen a sos peus”.

Hay una rara calma del aire y eso que estamos por encima de los 3300 metros. El Sol deja sentir su carícia quemando nuestra cara y ablandando la nieve a nuestros pies de tal forma que casi me ahogo al andar en cordada muy lentamente. En las frecuentes paradas me entretengo a mirar la afilada cresta que del Coronas sale hacia la Maladeta y la gran cuenca que se forma bajo su protección, a La Forcanada que sobresale entre las nieblas y el Ibón de Barrancs que parece una gota de agua fundida al pie de un vaso de hielo. Después de estirar la cuerda unas cuantas veces llegamos a la plataforma que hay antes de pasar el paso de Mahoma. Son las once. Hemos de esperar que los grupos que han llegado antes que nosotros pasen este temible accidente geográfico. Una espera que se hace larga sin el líquido elemento y sin nada sólido que poder echarse al estómago. El corto trayecto hasta la cumbre más alta del Pirineo es algo más que entretenido y culmina en la cruz y la Pilarica que lo presiden.
Desde aquí se puede apreciar a la cresta sur que parece asequible junto con las paredes que flanquean el Tempestades. Las fotos de ritual. La alegría es desbordante para muchos que han logrado su primer tresmil.
En la bajada la nieve se hunde más, aunque no en exceso, hasta el collado de Coronas. Encontramos a varias cordadas que justo ahora estan subiendo y una de ellas viene del Coronas que nos explica que allí la nieve está más dura. El agua del ibón Coronado sirve para llenar las catimploras de vitaminas que nos hacían mucha falta y para imprimir un poco de cautela a nuestros movimientos en el siguiente tramo del camino. La cuerda para muchos resbalones y acaba presenciando formas de descenso un tanto peculiares.
Una dosis de preocupación y tristeza nos entra cuando oímos gritos de socorro y pánico mientras vemos caer y chocar con las piedras de la vertical brecha inferior de Llosás a un excursionista que la pretendía bajar sentado cuando nosotros estamos en el segundo ibón de Coronas. Intentamos hacer algo enseguida y en su auxilio pero vemos como los compañeros suyos llegan y nos indican que no es necesario que subamos por lo que marchamos desconociendo la magnitud del accidente. Mientras, los primeros que han bajado han desplantado las tiendas y emprendemos entre fuentes y cascadas por todos los lados la bajada hasta la pista.
Llegando al campamento base las cosas han cambiado un poco para hacer la cosa más emocionante. El río baja mucho más caudaloso y acelerado por debajo del puente de troncos, el viento ha tumbado un par de tiendas y ha repartido por doquier todos los objetos de la cocina. Sacrificamos el baño, ya que el Sol también se ha ido, con el objeto de arreglar pronto los desperfectos y hacer una comida-cena ya que hay hambre y tampoco se va a cocinar nada más. Una nueva tormenta traslada al estado mayor del campamento a Los Baños de Benasque y en el bar se respira un ambiente muy amigal y familiar al ritmo de las melodías de Antonio Machín. En el campamento hay alguien que ha estornudado tan fuerte (no es exactamente así) que ha hecho caer el palo de la tienda y acaban siendo infructíferos los esfuerzos para levantarlo de nuevo por lo que acaban durmiendo con la cosa tal cual. Mañana será otro día.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Pentecostés: la dificultad de unos nombres

6 de junio de 1.976.
El afán de subir montañas y disfrutar de la belleza y la paz que reinan en las alturas nunca se acaba por lo que los mismos de la excursión a los estanys de la Pera decidimos ir a Viadós. El fin: conocer la zona y desgranar posibilidades a la vez que realizamos trámites burocráticos para preparar el campamento de verano.
Salimos el sábado a las doce y media del mediodía. Pasamos por Sabadell y Terrassa y a las dos y veinte estamos en Alella. Comemos rodeados de camioneros, estos hombres que han de tener más paciencia y prudencia que el resto de los conductores, y a las tres y cuarto salimos. Pasamos por Tàrrega a las cuatro y media; el trigo ya va amarilleando y los recolectores ya estan preparados para empezar su trabajo. Por Balaguer pasamos a las cinco menos cinco y por Graus a las seis y cinco. Entre Alfarràs y Benabarre encontramos guardias civiles y policías que esperan a la “Vuelta ciclista de Aragón”. A las seis menos diez estamos en Ainsa, capital del Sobrarbe. Hay gente francesa y chicos con los bolsillos rotos. Compramos algo y podemos admirar ya el maravilloso panorama que ofrecen las “Tres Sorores” manchadas de nieve. Salimos a las siete y cuarto y hemos de seguir un buen rato a un rebaño transhumante con dos pastores tostados por el Sol y dos perros que van muy a la idea. A nuestra derecha la Peña Montañesa corta el horizonte con sus paredes imponentes. La carretera, que primero sigue el Cinca por un amplio valle, bordea después el Cinqueta horneada entre acantilados muy pintorescos. Después de Saravillo hay unos cuantos túneles y el pueblo de Plan. Son las ocho. El día es bonito y no hace mucho frío.
Ascendemos por sus empinados y empedradas calles. Un bonito y escultural portal del siglo XVII recuerda que fue importante en otros tiempos. La iglesia, románica de tres naves, se conserva en su estado primitivo aunque se la ha emblanquinado. La gran pila baptismal es lo más destacable del conjunto. Encontramos al sacerdote que nos acompaña hasta el Ayuntamiento. El secretario nos dice que no tendremos problemas y poco a poco nos apercatamos del carácter amigable de estas gentes. Bajamos por una calle estrecha como lo son todas y que ésta lo es aún más al tener una bala de paja en el medio. Salimos de Plan a las nueve menos diez.
La pista de Viadós, que deja San Juan de Plan a la derecha y Gistaín a la izquierda, es notablemente estrecha. Encontramos un Dodge y dos hombres montados sobre sus mulas con una bonita piel como ensilladura. Bordas y prados por todos los lados. Nos equivocamos de pista y nos damos cuenta de ello cuando el coche se para debido a la gran pendiente. Grandes máquinas cortan los pinos de largos y grosores también considerables. Bajamos hasta encontrar la buena senda que llega al campamento de la Virgen Blanca. Un paraje maravilloso con un edificio que desentona un poco, algunas tiendas y un pastor que nos indica el camino a Tabernés. La carretera empeora por momentos. En el refugio hay un grupo de nueve excursionistas de Badalona que ya se disponían a dormir puesto que mañana quieren hacer faena al igual que nosotros. El fuego tira que es una alegría. Comemos un poco y nos ensobramos. Hay algunas nubes por la zona de los Eristes. Hace viento.
A las cuatro de la mañana ya hay quien madruga. No tardamos en hacerlo los demás puesto que todos queremos ir al Gran Bachimala (Bichomalo, Machimalo o Schrader): en realidad nadie sabe como se pronuncia. A las cinco salimos. Cruzamos el río y subimos por el lado izquierdo del bosque. Encontramos la cabaña de Culrueba y a las seis menos cuarto cruzamos un puente que se menea para ascender seguidamente por el valle de la Señal de Viadós. A las seis y media encontramos una cabaña. Aparecen detrás nuestro los Batoua con algunas pronunciadas canales de hielo. El ritmo es muy fuerte, y la subida también, y algunos expedicionarios se retrasan un poco. “¡Pedro!” exclama algien; “¡Sra. Rotenmeier!” otro; “¡que viene copito de nieve!” contestan … por lo que parece que estemos con Heidi en sus montañas. Mientras se reagrupan comemos un poco para reponer fuerzas y emprender la gran pala de nieve, en excelente estado, que se cierne ante nosotros. Después de un pequeño corte que me hice con unas piedras y un “picnic basket” son las ocho y cinco.
Ya se empieza a dominar un buen panorama hacia la cresta de las Espadas y al Monte Perdido y el Marboré. El cansancio ya pesa un poco sobre nuestras piernas pero el humor, los ánimos y el optimismo que el día facilita nos empujan a continuar. Nos ponemos los crampones y subimos por otra pala de nieve, está un poco más dura pero de mejor calidad, hasta la cresta del Sabre. El panorama es maravilloso: delante se levanta imponente y señorial el Posets, con la canal Jean Arlaud y la afilada cresta de las Espadas, hacia el sur el Llardana, Bagüeñola y Eristes. La Punta Suelza, los Batouas, las “Tres Sorores”, el Vignemale y la Munia por aquí; el Gourgs Blancs, el Clarabide y el Perdiguero, aparte de numerosas montañas francesas, por allá.
Descansamos un poco. Nos quitamos los crampones y mientras llegan los más retrasados haciendo un último esfuerzo los otros los animan a hacer la cresta que si bien no muestra una dificultad aparente si que infunde un cierto respeto ya que en el lugar de las losas hay piedras sueltas, no muy seguras y la pendiente es considerable en el caso de resbalar. No faltan las siempre agradecidas recomendaciones de que “no falten los tres puntos de apoyo” y “rodillas no” que los que tienen experiencia no se han de cansar de repetir a los que no la tienen en demasía o, aclaparados, resulta que se olvidan. La seguridad es un todo y en las alturas no hay que apresurarse nunca ya que las consecuencias pueden ser negativas. El humor no falta y como el día es bueno no hay prisa.
Baja alguna que otra piedra y a veces hay que desviarse para no encontrársela. Pasamos por una canal marcadamente abierta al vacío. Algunas piedras heladas. Reposamos otro tanto. Alguien dice que ya estamos arriba pero, en realidad, están más las ganas que no quien lo dice aunque ya no tardaremos mucho en llegar.
Desde la Punta del Sabre (3136 m) se domina prácticamente el mismo panorama descrito desde el collado. También se distingue claramente el Pico de Alba, la Maladeta, el Aneto, los Bessiberris y con un poco de esfuerzo la Pica d’Estats. El día es maravilloso. No hace mucho viento. Sólo a unos pasos podemos encontrar la cresta que nos conducirá al Gran Bachimala (3177 m). La cresta es bastante afilada y en algunos lugares hay que tener cuidado con la nieve. Hay que franquear algunas rocas por su costado y en otras cogerse bien fuerte. Incluso hay que subirse a caballo de una y hacer un pequeño saltito. La prudencia nos hace ponernos otra vez los crampones con el objeto de cruzar un pequeño collado nevado que no tiene un peligro en sí sino porque la pala tiene una pendiente acentuada y si bajas no hay quien te recoja. Otros lo pasan sin crampones y siguiendo las pisadas porque el que conduce a los badaloninos parece querer desafiar el peligro y hacer así, evidente, su experiencia olvidándose que cuando uno se acerca demasiado al fuego se quema. Esta montaña se ha cobrado ya al menos tres víctimas y no querríamos ser nosotros las siguientes.
Gran Bachimala, Machimala, Schrader, Pétard o “Bichomalo” en la versión de Albert un nombre marcadamente aragonés y que realmente es difícil de pronunciar tanto o más que de subirlo. La satisfacción es grande: dos de los expedicionarios han hecho por primera vez un tres mil, y … ¡vaya 3000!, y … por ¡partida doble!! Unas fotografías, limonada, azúcar, almendras, queso. Alegría y cansancio juntos son una aparente antinomia pero real en la montaña y en la vida. Lo que vale cuesta y lo que cuesta da alegría porque eleva la vida y nos mueve a ser agradecidos. Ha sido una victoria de todos y lo celebramos más que nunca. Hemos llegado a las doce y media. Cuando salimos es la una. Dos de los expedicionarios más valientes que los demás siguen la cresta hasta la Punta Ledormeur y el Pequeño Bachimala mientras los demás emprendemos la bajada.
Primero seguimos la cresta nevada y afilada. Después bajamos por las piedras y por las largas palas de nieve que están en perfecto estado. Pasamos una de más dura y después superamos unas piedras con cuidado. Paramos al lado del río y nos refrescamos un poco a la vez que comemos alguna cosilla. Ahora ya por el mismo camino de la ida regresamos al refugio al que llegamos a eso de las cuatro. Hace Sol. Da gusto estirarse sobre la hierba después de una excursión de estas magnitudes. El objetivo ha sido cubierto ampliamente.
Cuando nos vamos llegan los que habían continuado por la cresta. El camino hoy parece que está en peores condiciones que ayer. En Plan encontramos al secretario y al cura. Comemos un poco y plantamos la tienda junto al campo de fútbol. La iglesia de San Juan de Plan está menos bien conservada pero la pila baptismal es más bonita que la de Plan. Los niños del pueblo tienen la cara muy roja por el Sol y hacen cara de gozar de buena salud. Incluso se pelean. Uno de ellos nos acompaña a la Fonda Sánchez para cenar. El médico explica a unos excursionistas de “sequé” itinerarios de unos “ibones” helados que no lo entienden. Al final opta por dirijirlos a nosotros que les acabamos diciendo que se maravillen de la visión del Posets. No tardamos en irnos a dormir pues el sueño empieza a pesar.
Antes de salir de Plan hemos de cambiar una rueda. Salimos a las siete y media por el mismo camino de la ida llegando a Girona a las tres y media de la tarde. Desayunamos en Graus. Encontramos dos motos que se estiran. Cuatro camiones cargados de gruesas vigas que nos hacen retrasar un poco. Y un camión volcado en la autopista. Ha sido una excursión completa. Se han elaborado los planes para el campamento de verano y próximas excursiones. El afán de subir nunca desciende. El club se va anotando victorias en su corto pero completo historial.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.001.

2017 - Miquel Pavón