Blog de Miquel J. Pavón Besalú

Desvaríos escritos en cualquier hora intempestiva de la noche

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¿Cómo lo hago Santiago? porque …. vaya tela es ir a Compostela !!!!

ESTA CRÓNICA RELATA LOS HECHOS ACAESCIDOS A DOS PEREGRINOS QUE TUVIERON LA PEREGRINA IDEA DE PEREGRINAR JUNTO CON OTROS MILES DE PEREGRINOS MÁS LO IMPEREGRINABLE: EL CAMINO DE PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA.
Relato de Néstor Pavón Cercas. Año 2010.

 

 
Día: 19 de agosto del 2010. Campo (Huesca) – Ponferrada (León). Tiempo: 10 horas. Link complementario.
Salimos de Campo y fuimos en la furgo hasta Ponferrada. De Ponferrada a Santiago de Compostela andamos unos 220 kilómetros aproximadamente. Después de estar todo el día en el coche llegamos a una gasolinera y compramos algo de comida. Paramos en un pueblo de la carretera y buscamos un sitio para sentarnos y cenar lo comprado. Después mi padre montó la cama y me puse a dormir. Él mientras conducía yo dormia :). Llegamos ya muy tarde a Ponferrada y durmimos en la furgo en el aparcamiento de un hotel que hay en la misma entrada de la población.

 

Día: 20 de agosto de 2010.  Ponferrada – Villafranca del Bierzo. Tiempo: 6 horas. Link complementario.
Hoy mientras yo dormía mi padre condujo hasta la estación de autobuses. Preparamos las mochilas, pero estuvimos un rato discutiendo sobre los objetos que había que llevar en ellas. Era porque pesaban mucho y había que reducir el peso ….
Buscamos un bar para desayunar. Pedimos unos bocadillos de tortilla y que nos hicieran el pan con tomate (porque fuera de Cataluña no saben hacerlo). Nos dijeron que no tenían tomate. Van y nos traen los bocadillos de tortilla con mantequilla y queso del caserío. Muy amables nos pusieron el sello de su bar en mi libreta del viaje y nos desearon una buena peregrinación. Al salir y nos preguntamos …. ¿Y ahora pa dónde? Buscamos a un poli. Nos encontramos una poli que nos indicó un camino. Luego, al poco rato, nos encontramos otro que nos dijo algo completamente distinto. Este último, eso sí, nos indicó el camino entero. Fuaaaa, nos oxidamos allí escuchándolo. Al cabo de un buen rato de andar vimos una indicación y ya nos incorporamos al camino de verdad.
Pronto, en un parque, vimos a un chico de unos 20 años y en la mochila llevaba una guitarra. vaya ganas de llevar peso. También vimos una familia con un cochecito y todo. Incluso un perro perdido nos siguió hasta el albergue. Como mi padre iba lento me adelanté un poco pero me salté un desvío. Resulta que el camino normal pasaba por arriba de una montaña y nosotros le dimos la vuelta sin tener que subirla.
En el albergue conocimos gente que llevaban ya unos 2500 y 3000 km en bici desde su casa de Italia. Nos preguntaron cuántos kilómetros habíamos hecho y les dijimos: “hoy es el primer día”, y el italiano con cara de asombro dice …. “¿hoy primer día? FIESTAAAA !!!” fue muy bueno y nos reímos toda la mesa.
A la hora de dormir tuvimos a un tío que se puso a chillar como si se fuera a morir. Entonces, aparece el de la guitarra y se puso a tocar. Los del albergue les dijeron que se callasen todos que había gente que mañana había que madrugar …..
Día: 21 de agosto de 2010. Villafranca del Bierzo – Vega de Valcarce. Tiempo: 6 horas. Link complementario.
Me despertó mi amigo el chillón a las 6. Empezamos a andar a las 7:30. Con la calorada que nos dimos ayer por empezar a andar muy tarde aprendimos que teníamos que madrugar si no queremos quedar asados en el camino. Nos adelantaron dos chicos y uno de ellos llevaba una guitarra. Madre mía !!!!! con las guitarras …. Mientras andaba los coches me pitaban y no era para reñirme sino para animarme. También nos dicen todos …. “Buen camino peregrino” y mola mogollón porque te sube el ánimo al infinito.
Al pasar por el pueblo de Pereje en la ermita había un abuelo que iba chillando a los peregrinos para que la vieran y ponerles el sello.
Cómo estábamos hambrientos entramos en un bar y pedimos unos bocadillos de tortilla española (o sea sé …. de patatas). Allí te hacen unos bocadillos que hacen 8 centímetros de alto x 10 de ancho. Eso no hay quien sea capaz de abrir la boca para pegarle un buen bocado y se lo termine.
Llegamos al albergue y ZZZZZ … durante 3 horas. En el albergue había un peregrino coreano de 22 años que iba solo. Como él sólo sabía inglés tuvimos que repasar nuestros conocimientos de dicha lengua. Como vio que dominábamos bastante nos pidió si le queríamos hacerle de traductor. Fuimos al bar y nos dijeron que teníamos que esperar para cenar el menú del peregrino y tuvimos que esperar a que fuera la hora. Mientras estuvimos hablando para hacer tiempo y hambre sobre el fútbol, las comidas, el Zara, … Entramos a cenar y seguimos hablando. Nos contó que en Korea no hacen siesta y que es: VERY INTERESTING LA SIESTA !!!!! Iba haciendo fotos a los platos que se iba comiendo. Fue muy divertido. Al pagar mi padre pagó la comida de los tres. El chico, que se llama Hun, se sorprendió mucho. Nos hicimos una foto los tres y nos intercambiamos los msn.
Día: 22 de agosto de 2010. Vega de Valcarce – Cebreiro. Tiempo: 6 horas. Link complementario.
Hun se fue muy tempreno. Mi padre y yo no porque nos fuimos a desayunar. El alberguista nos recomendó algunos albergues donde podíamos dormir bien sin mucha gente. Empezamos a andar con la salida del Sol. Subimos a Cebreiro que está en la frontera de Galícia. Es, quizás, la etapa más dura de todas porque hay que de subir una montaña muy muy alta. Lo hicimos con un cacho pan y un poco de jamón. Un señor se paró ha hablar con nosotros. Dijo que era la tercera vez que hacía el camino y que después de El Poio era todo bajada. Suerte que no me lo encontré porque lo mataría. Todo bajada ….. ¡Estuvimos todo un día subiendo! También nos dijo que a partir de Arzúa todo era muy feo. Al contrario …. fue de lo más bonito. Ese tío no había hecho nunca el camino …. fijo. Había uno que llevaba un piano colgado de la mochila. XD ¿Cómo pensáis que se puede llevar un piano colgado? ….. Era una tienda de aquellas que se montan solas.
Tuvimos que hacer cola para el albergue. Bueno ….. más que un albergue eso se parece más a un gallinero porque hay un mucho jaleo por las noches y muchos ronquidos. Vamos que se duerme poco. Conté las literas que había en la habitación ….. 26 literas de 2 personas ….. 26×2= 52 personas durmiendo en la misma habitación. Allí conocimos a un chico profesor de instituto de Barcelona que había hecho de Roncesvalles a Santiago y una vez en Santiago volver a Roncesvalles para luego ir otra vez de Roncesvalles a Santiago. De Roncesvalles a Santiago hay 737 kilómetros. 737×3 = 2211 kilómetros  ¡andando! Vaya colgado del camino. Y para acabar los cálculos éste era el noveno año que lo hacía !!!
Después de comer estuve ZZZZZ ….. la siesta (recordad es very interesting) 2 horas. En las duchas no había, ni habrá, puerta para la intimidad. Al terminar de cenar nos metimos en la cama y había un francés abriendo todas las ventanas ….. no os ni podeis imaginar a la temperatura a la que te sometes con 52 personas. Allí dentro seguro que alcanzamos los 40º y va muy en serio fue brutal. Claro por eso estaba abriendo las ventanas XD. Entonces el francés empieza a gritar: “Sacad los sacos del Himalaya que esta noche vamos a pasar mucho frío”. Después continuó a grito pelado: “ESTA NOCHE VOY A DORMIR EN PELOTAS” con su típico acento de extranjero. Fue la monda. Con una sonrisa sarcástica, luego nos dijo: “Ya verás como está esto a las 4 de la mañana …..”.
Día: 23 de agosto de 2010. Cebreiro – Tricastela. Tiempo: 7 horas. Link complementario.
A las 4 de la madrugada empieza el folklore. Unos ya estaban recogiendo para empezar a andar. Pero claro, a las 4 no hay luz y no se puede hacer la mochila a oscuras. La gente enciende una linterna que parece un faro de la playa. Ya ves ….. éstos dando linternazos a la peña y uno les grita: …. “prefiero que enciendas la luz antes de que me deis más linternazos” ….. Al final encendieron la luz. Terminaron las mochilas se fueron y cerraron la luz. A las 5 de nuevo más personas haciendo mochilas. Otra vez más de lo mismo. A las 6 se levanta un español, del final de la sala, la cruza entera abre las luces todo cabreado y dice gritando: “ARRIBA TODO EL MUNDO !!!!! ESTOY HASTA LOS COJONES DE LAS BOLSAS DE PLÁSTICO, DE LOS PALOS QUE SE CAEN, DE LOS LINTERNAZOS Y DE LAS MOCHILAS QUE NUNCA TERMINAIS DE HACER !!!!!”. Toda la sala partiéndose el culo. Fue lo mejor del viaje.
Hoy toca subir dos puertos de montaña con un viento y un frío que te llevaban a Santiago en un flay. Encontramos una señora alemana que tres ciclistas le habían golpeado la pierna. Cada vez que pasaba uno le empezaba a reñir en alemán XD. Los ciclistas se regalaban de ella pero tal cual. Muy mal educados.
Llegamos a Tricastela y todos los albergues estaban llenos menos uno. Eso sí te cobraban el doble pero tenías dónde dormir. Luego fuimos a un bar y pedimos bocadillos de tortilla (que raro XD) le dijimos a la camarera que los queríamos el pan con tomate. Nos trajo los bocadillos con las tortillas y por encima de la tortilla un tomate a rodajas. Mi padre y yo regalándonos.
Día: 24 de agosto de 2010. Tricastela – Samos – Sarria. Tiempo: 9 horas y media. Link complementario.

Para desayunar teníamos unas galletas pero las tuvimos que tirar porque estaban incomibles. Ya nos ves sin comer, diluviando, … de Tricastela a Samos 11 kilómetros y los hicimos sin comer porque no encontramos nada abierto. Pero eso sí en Samos estaban todos los peregrinos desayunando.
Visitamos el monasterio, pero había una parte de él que costaba 3 euros visitarlo. Llega un extranjero y saca para pagar un billete de 50 euros. Y va el cura y le dice: “Los ricos no pueden entrar a la casa de Dios”. Pero la verdad es que no tenía cambio de 50 euros XD.
Seguimos la travesía y nos encontramos un cruce. Había dos caminos y las señales una indicaba uno y la otra el otro. Cogimos el de la izquierda ….. si la etapa era de 19 kilómetros nosotros hicimos 26 km. Porque ese camino daba la vuelta entera a Galicía (irónicamente).
En el albergue de Sarria conocimos una alemana llamada Ana y un francés muy simpático cuyo nombre no me acuerdo.
Día: 25 de agosto de 2010. Sarria – Portomarín. Tiempo: 7 horas. Link complementario.
En Sarria se acoplan todos los que hacen andando los últimos 100 kilómetros. El camino se masifica de gente que quiere que se les perdonen los pekados haciendo lo mínimo. A partir de aquí incluso la mentalidad cambia. Ya casi nadie nos deseará el simpático “Buen camino peregrino”. Aunque lo más alucinante es el montaje de teletransporte de mochilas que consiste en dejar la mochila a primera hora del día en un punto de recogida y unos taxis se encargan de transportarlas al final de etapa.
Me despierta un comentario de un ciclista que en el momento de adelantarme les está diciendo a sus compañeros ….. “yo lo único que hecho en falta a estas alturas es un buen polvo ….. ya me duelen hasta los huevos !!!!” …. y la carcajada de la gente que había a su alrededor fue impresionante.
Estábamos ya andando (sin comer) y vimos que nos faltan 108 kilómetros hasta Santiago. En el primer área de descanso vemos que pone: “servimos desayunos”. Entramos y vemos 7 máquinas expendedoras ….. sólo me paré para sellar. Despliego la credencial y la chica que tenía detrás se quedó flipada y dice a sus amigas: “fua, este chico tiene la mitad ya llena y yo sólo llevo dos sellos”.
Miramos cuánto nos tocaba hacer hoy y vimos que eran 12 kilómetros nada más y la siguiente etapa eran otros 9 km por lo que decidimos juntarlas …… Me sorprendí al final del día porque pasamos de ser adelantados a adelantar a mucha gente.
En Portomarín nos encontramos con el francés y con Ana mientras comíamos bajo unos agradables porchos de la plaza.
Día: 26 de agosto de 2010. Portomarín – Palas del Rey. Tiempo: 8 horas. Link complementario.
En estas últimas etapas hay mucha gente que hace el recorrido. Está masificado. Nosotros dormimos en una habitación de un hostal privado porque estaba todo lleno. En los pueblos cuando pasa esto también te dejan dormir en las instalaciones deportivas pero nos tenían dicho que hay mucho follón y está sucio. Gracias a poder dormir bien empezamos recuperados para esta otra larga jornada.
Tengo la sensación que nos perdimos de nuevo. Esto se sabe porque de golpe sigues señales pero dejas de ver a la gente. En el cruce donde creo que nos perdimos conocimos a unos peregrinos andaluces que también se perdieron como nosotros y por eso los conocimos. Nos fuimos encontrando en todo este tramo del camino con los andaluces, el francés y su amiga alemana, unos madrileños que llevaban haciendo de entre 40 y 50 kilómetros al día, porque resulta que habían calculado mal y era su única posibilidad de poder acabar XD y con una familia que la bautizamos con el nombre de botejara. Eso sí, en toda la mañana no vimos ni a un solo peregrino con mochila ….. Sólo nosotros …… Todos iban sin !!!! Extrañados nos preguntábamos si estaban paseando (pero claro eran muchas personas) y descubrimos que hay un servicio que te llevan la mochila cada día a dónde quieras.
Una de las enseñanzas del camino es que uno carga con innumerables cosas inútiles que te perjudican para conseguir tu objetivo final si cargas con ellas. Es por esto que en estas últimas etapas te vas encontrando montañas de objetos que la gente va dejando para aligerar las pesadas mochilas.
Día: 27 de agosto de 2010. Palas de Rey – Boente. Tiempo: 7 horas. Link complementario.
Hoy día 27 de agosto quiero aprovechar para recordar que es el cumple de mi primo Guillem.
Hemos salido a la misma hora que los madrileños, los que dicen que hacen cuarenta o cincuenta kilómetros cada día XD. Mientras desayunamos vimos 42 mochilas (contadas) que esperaban a los taxis. También nos encontramos en el bar una alemana que iba con el francés y la otra alemana.
Luego paramos para comer algo a media mañana. Esa vez comimos una rosquilla y un bizcocho mastodonte. La familia botejara se paró en el mismo bar a comer. El padre se compró un sombrero de peregrino y su hija (la única chica de mi edad que he visto) le dijo: “con ese sombrero pareces Sancho Panza”. Si que lo parecía porque estaba algo gordito.
Llegamos a Melide, allí terminaba la etapa. Como sólo habíamos hecho 12 kilómetros decidimos seguir. Pero la siguiente era de 14 kilómetros. Así que cuando llevábamos 23 km mi padre me dijo que estaba cansado y que no quería seguir.
En el albergue donde paramos conocimos a una malagueña que nos contó que había conocido a una señora de 67 años que hacía unos 40 kilómetros cada día !!! dijo que había empezado en Roncesvalles y en 15 días ya estaba a 60 km de Santiago. Pero, por lo visto, no pensaba acabar aquí. Tenía pensado continuar hasta Finisterre que son 88 kilómetros más. Y para colmo iba ella sola con su bastón coronado con unas flores. Madre mía !!!! Y yo creía que las abuelas del pueblo de Campo en Huesca eran energéticas porque jugaban a bolos y hacían aquagym. Pero comparadas con ésta no son nada. ¡¡¡¡¡ Qué mundo ….. !!!!
Día: 28 de agosto de 2010. Beonte – Pedrouza. Tiempo: 7 horas. Link complementario.
No pasó nada interesante. Sólo voy a contar que nos hemos ido encontrando con: los andaluces de Chiclana, la familia botejara de Reus, dos chicas de Barcelona (Sílvia y Rosa), la malagueña y un conboy de cuatro chicas asiáticas. Esta noche en vez de coger albergue pedimos una habitación con TV :P. Como estábamos hambrientos bajamos al bar y pedimos una paella de arroz negro una para mí y la otra para mi padre. No sobró nada. Llegaron los botejara de comprar y se pusieron a la mesa de al lado a hablar un rato antes de ir a dormir.
Día: 29 de agosto de 2010. Pedrouza – Santiago de Compostela. Tiempo: 6 horas. Link complementario.
El último obstáculo que nos quedaba era subir lo que se conoce como el Monte do Gozo.
Al llegar a Santiago una chica argentina se nos enrrolló por la calle y nos colocó un cuchitril. Así que pudimos dejar las mochilas y luego fuimos a ver la catedral. Había tres colas distintas para entrar a la catedral. Una para oir misa, otra para ver la catedral y la última para abrazar al Santo y ver el sepulcro de lejos. Lo de abrazar al Santo antes era sólo para los peregrinos de verdad pero ahora es una atracción turística más. Yo quise saludar a la gente que oía la misa desde el Santo pero mi padre no me dejó.
Si haces los últimos 100 kilómetros andando o a caballo te dan la compostela, ó 200 kilómetros en bici. Para la compostela necesitas sellar la credencial en los albergues, iglesias ermitas y monasterios. Pero como a las 7 de la mañana no están las ermitas abiertas tuve que rellenar la credencial con sellos de bares :P. La compostela está en latín y no se entiende ni torta. Pero como tengo a mi frikiabuela me la tradujo toda en un santiamén. Evidentemente, si la compostela está escrita en latín mi nombre también lo escribieron en latín. Ya sé que no quereis saber mi nombre en latín pero os lo digo porque me hace ilu :P. Es NESTORUM. Después de recoger la compostela abrazé al Santo, visité su sepulcro y asistí a los últimos minutos de la misa.
Regresamos al cuchitril y recordamos que nos dijeron que en la habitación del al lado había unos italianos que se habían ido a Finisterre y que no volverían hasta bien de noche. Cuando llegaron al verlos nos dimos cuenta de que los conocíamos y que habían estado durmiendo varias veces con nosotros en las literas de abajo de los albergues multicolectivos.
Día: 30 de agosto de 2010. Santiago de Compostela – Ponferrada (León) – Campo (Huesca). Tiempo: 10 horas. Link complementario.
Nos levantamos muy temprano para coger el primer autobús. Llegamos a la estación de autobuses a las 7 de la mañana.
La señora de la taquilla nos dice:
– ¿Quereis billete para el autobús de las 7 ?
Nosotros: – Sí.
Señora: – Esperad que lo mire ….. lo siento no hay.
Señora: –  ¿Quizás querais, pues, un billete para el de las 8?
Nosotros: – Sí.
Señora: – Lo siento está lleno. Pero …. ¿quereis para el de las 9:45?
Nosotros: – Si hay sitio si …..
Señora: – Quedan dos sitios pero no estareis juntos.
Nosotros: – ¡Da igual!
Así que ya nos veis allí esperando en la estación de autobuses de las 7:00 hasta las 9:45. Y para colmo el autobús paró casi en cada pueblo. Llegamos a las 2 a Ponferrada. Cogimos la furgo, comimos y de vuelta para Campo. Cuando estábamos por Zaragoza el depósito de gasolina marcaba que había para 470 kilómetros. Media hora después marcaba que había para 500 kilómetros por arte de magia. De Zaragoza a Campo no hay 500 km ni pasando por las carreteras viejas y dando vueltas. Al pasar por Barbastro los cálculos del coche dicen que nos queda sólo gasolina para 80 kilómetros. Pero ya sabemos que este coche a partir de los 100 baja muy rápido el cálculo de la gasolina que queda. Nuestro susto fue cuando vimos un letrero de una gasolinera que decía que estaba abierta sólo de las 6 a 22 y eran las 22:17. Llegamos a una gasolinera por fin y estaba la chica subiendo al coche para marcharse. Mi padre baja, la alcanza y le dice: “¿puedes ponerme gasolina?” Y ella nos dice que no. Mi padre le suplicó que aunque fueran 10 euros para poder llegar a casa y ella contesta que no, Un rollo …. que ya estaba la alarma puesta y que vendría la policía y tal y tal ….. Pero nos dijo que en El Grado la gasolinera cierra a las 23. No nos la creímos pero era nuestra única opción. Fuimos allí a contrarreloj, Apurando las curvas. A toda velocidad. Y llegamos cuando faltaban 10 minutos para cerrar. Mi padre sale del coche y se puso la gasolina el mismo. El chico nos dijo un atajo por la carretera vieja para llegar a Campo. No habíamos cenado aún y el bar de Campo cerraba a medianoche. Ya nos ves otra vez a contrarreloj para llegar y poder comer unos tristes bocadillos. Pero cuando llegamos unos minutos antes van y me dicen no nos hacen los bocadillos porque la cocina está cerrada. Por lo que no nos quedó más remedio que ir a casa y comer de lo que había y nos pusimos a dormir. Fue un día bastante cansado.
Seguir el relato en Los días de Néstor.

Carretera, carretera y Yelmo

21 de junio de 1982.
Como todas las excursiones esta ha sido divertida y dura todo lo que seas capaz de imaginarte.

Todo comenzó el domingo día 20 de junio a las 8.30 cuando nos damos cuenta de que no teníamos bicis suficientes y estábamos a punto de perder el tren. Teníamos previsto llevar las bicis en el tren hasta Ávila y desde allí pedalear hasta Gredos para hacer alguna excursión. Como vimos que nuestro transporte para Ávila lo perdíamos decidió Miguel J. sobre la marcha y con total improvisación ir a la Pedriza. El recorrido ahora será todo en bici desde Madrid y así ahorrábamos el dinero del tren.
Pasó el tiempo y finalmente todos tenían una bici. Algunas eran de carreras y otras no pero la cuestión es que ya todos teníamos una y ya podíamos marchar. Salimos de Madrid a buen ritmo y pedaleando fuerte pero pronto aparecieron las primeras víctimas. En la primera gasolinera de la autopista tuvimos que arreglar con cinta aislante una potente raja en la cubierta de la bicicleta de Carlos P. Pero para nosotros eso no era nada y gracias a la experiencia de Miguel J. estuvo solucionado en un abrir y cerrar de ojos. Continuamos los trece rodando por la carretera. Parábamos a menudo pues el cansancio, el calor y los dolores corporales se hacían notar en nosotros.

Y como merecimiento a nuestro esfuerzo paramos a comer o a desayunar ya no sé exactamente qué pues eran las doce del mediodía. Después de la suculenta comida llegamos a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios y desde allí seguimos el recorrido hasta que al fin, casi desesperados, llegamos al palacio de Chema. Rellenamos nuestro aparato digestivo y tuvimos mucho cuidado con su pino. Rápidamente nos embalamos directamente a Soto y buscamos un bar que nos dejara entrar para ver el partido de España contra Yugoeslavia del campeonato mundial de fútbol España-82.
Continuamos la aventura hasta que llegamos al pantano de Santillana. Había un gran cartel que anunciaba: “PROHIBIDO EL PASO. HIDRÁULICA SANTILLANA, S.A.” Pero eso no nos detuvo y pasamos ampliamente. Eso sí nos instalamos en un lugar oculto para vivaquear y los que quisieron fuimos a ver jugar a España.
Al día siguiente nos encaminamos hacia el Yelmo. Es un monte con una altura de 1714 metros formado en su mayoría de piedra granítica pero será mejor que me deje de sabidurías. Al grano. Bien remojados en un caño de agua comenzamos la primera subida. Ahora ya lo hacemos a pie. La primera parada fue muy corta pues no era muy necesaria. Paramos en un río donde Justo, Carlos y Jaime cazaron de todo. Entre sus presas y bichos varios destacaré dos culebras de agua que llegaron a conservarlas hasta el final de la excursión como mascotas. Aquí ya nos dividimos. Algunos continuaron subiendo y los otros se quedaron en el río. Llegó el momento crucial. Estábamos en la falda del Yelmo. Estábamos algo decaídos. Pero abrimos las latas de melocotón en almíbar y con su dulce jugo mojamos nuestro seco paladar quedando reanimadas nuestras mentes y repuestas nuestras fuerzas. Poco a poco seguíamos el camino que un tal Maesso había marcado con líneas blancas y amarillas. Los cardos hacían mella en nuestras piernas y el Sol quemaba nuestras espaldas sudadas y cansadas.


Pronto nos encontramos delante de una inmensa roca de unos 250 metros aproximadamente. No sabíamos por dónde proseguir. Había que escalar. Después de reconocer el terreno dimos con un camino que subía por una empinada chimenea. Cuando llegamos a la cima gritamos tres veces victoria.
Bajamos a la velocidad del rayo y llegamos pronto al pantano donde nos bañamos para limpiar la mugre. Luego bajamos a Soto para comprar comida para los días siguientes. En el nuevo amanecer nos bañamos en el pantano sin que nos viera nadie y desayunamos en gran cantidad para emprender la vuelta. A gran velocidad llegamos a la gasolinera en la que habíamos tenido la primera avería y desde allí ya fue todo sangre, sudor y lágrimas como dijo Wiston Churchill.
Nota del webmaster MJ: José Mª cuando me escribió esta historia tenía doce años …
© José Mª Garrido. Año 2.002.

Con mucho: ‘Soley, Soley ….’ y después de mucho: ‘Tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac ….’ llegamos a la cima

ESTA CRÓNICA RELATA LAS HAZAÑAS QUE LES FUERON ACAESCIDAS A NUESTROS ONCE CABALLEROS DURANTE UN CAMPAMENTO INVERNAL DE CUATRO DÍAS EN LA SERRANÍA DE GREDOS.
Día 9 de noviembre de 1981.
Efectivamente. Así ocurrió. Miguel unos días antes había descubierto el “acueducto”. Era impresionante. Todo encaja. Todo lo previsible está a favor. Disponíamos de un fin de semana alargado con un lunes. El nueve de noviembre es la fiesta de La Almudena que es la patrona de la villa de Madrid. Las predicciones meteorológicas pronosticaban, como muy pronto, un cambio del tiempo para el lunes o el martes. Correspondía a unas noches con la Luna llena. Resumiendo. Todo a favor. Había que salir de excursión.
El plan a desarrollar era clarísimo. Desde muchos días antes estaba ya todo previsto (esto es lo que se debe decir siempre). El equipo organizador se ocupaba de todo.
El primer plan, fabuloso, era que: Nacho F., Quique A., Pablo L-P., Álvaro G. y Miguel irían en un coche a Sepúlveda. Es una zona que conoce muy bien Quique y es un lugar muy apropiado para realizar acampadas de varios días. El segundo, más ambicioso si cabe, fue ir a Granada en tren o Land Rover y con mucha gente. El tercero, reduciendo costes, fue ir a Gredos. ¡Bien! ¿A qué sitio de Gredos íbamos a ir? … Sólo Miguel lo sabe (mejor dicho: podía saberlo).
El jueves hacemos una reunión para preparar y explicar el plan. Ya se concretaron los últimos detalles. Vimos la gente que quería salir. Se resolvieron todas las dudas y se fijó la salida para las siete del día siguiente. Quedaba por detallar el medio de transporte pero esto no alteraba el plan a efectuar.
El viernes a primera hora Miguel pide las comidas para la excursión. Después se pone al teléfono para confirmar los horarios de autobuses y de trenes. Con los datos en la mano, el mapa de la zona, un mapa de carreteras nacional y una calculadora al son de la música de Super-Tramp repasa mentalmente el plan y pondera los posibles imprevistos que pueden suceder. Es una locura.
A media mañana llama Pedro L. para decirle que disponemos de la casa de sus parientes en Ávila pero que no puede dejarnos el coche. ¡No todo tenía que salir bien! Con las últimas noticias en la cabeza, preparo las cosas para la excursión y me voy a comer.
Por la tarde ya suceden las cosas muy rápidamente. Idas y venidas. Voy a buscar la tienda de campaña que falta y una mochila. Digo que volveré pronto y me voy a por las comidas que me las sacarán preparadas a media tarde. No están. Muevo hilos y me aseguran que estarán para las nueve de la noche. Vuelvo. Meriendo con Alfonso S. y al final no se decide a salir. Hablo con el padre de Chimo y me dice que me deja su coche para la excursión. Estupendo.
Noticias frescas. Quique A. se ha puesto enfermo esta misma mañana. Mariano R. ha ido al punto de encuentro y como no ha encontrado a nadie ha cogido los trastos y se ha ido a casa. Luego, por teléfono, dice que saldrá con el grupo que marchará al día siguiente. Jesús E. tenía el 99% en contra el día anterior por la tarde, el 51% en contra por la noche y en aquellos momentos había un 100% a favor de posibilidades. Tanto era así que allí estaba como un solo hombre. Miguel Ángel S. sin que le hubiese dicho nadie nada se había enterado y estaba allí dispuesto a ir a donde fuera preciso. Fenomenal.
Eran las nueve pasadas. Pusimos todas las cosas en el coche y nos fuimos al lugar donde habíamos quedado para juntarnos. Llego. Cuento los que van a salir y … ¡es evidente que no cabemos todos en el auto! Veo a: Xema L-P., José Mª G., Curro M., Gabriel E., Jesús E., Chimo G., Nacho F., Pablo L-P., Rafa S., Miguel Ángel S. y a mí marchándonos a la estación de tren de Chamartín ya que no hay otra forma de ir tanta gente que no sea en medios públicos. No cabemos todos en un coche.
Las mochilas y el material de excursión siguen en el coche del padre de Chimo. Resulta que Gabriel se ha ido con su padre a casa a recoger el carnet de familia numerosa que se le ha olvidado. Los demás vamos a esperar el autobús. Gus se ofrece a esperar a que llegue Gabriel, a que saquen la comida de una vez por todas y marchar luego, a la carrera, a la estación con el coche, las mochilas, Gabriel y algo de comida. En medio de todo este caos, que se contrapone a cosmos (orden, armonía, …), se ofrece el padre de Gabriel con una furgoneta Mercedes a llevarnos a todos a la estación. ¡Total! Que cambiamos todas las cosas de coche y con el acelerador a fondo llegamos a la estación a las diez menos veinte. Resulta que a las diez sale el último tren para Ávila. Ya estamos en el vestíbulo de Cercanías rellenando todos los vales para que nos hagan los descuentos por familia numerosa.
Voy a la ventanilla y nos dicen que no es allí. Esos billetes se despachan en la taquilla de venta anticipada. Dos gritos y ya estamos corriendo hacia allí. En el camino nos dicen que es un expreso que va a Gijón y, por lo tanto, más caro. Tanto da. Ahora ya no podemos echarnos para atrás. Llegando a la ventanilla nos dicen que hay otro que sale a las diez y veinte y que el de las diez ya lo hemos perdido. Al acabar de pulsar nuestras teclas en el ordenador se oye en la estación, por los altavoces, que el tren que va a Gijón tiene todas las plazas de sentado y de pie ocupadas. Habíamos sido los últimos.
En el tren nos hicimos amigos de todos. Esto, sin embargo, no fue motivo para que alguno de nosotros consiguiera asiento. Ya venía escrito muy clarito en el billete: “este viajero no tiene derecho a asiento”. Se rió de la nota hasta el revisor. Eso sí de pagar lo mismo que los demás. No lo entiendo. Creo que todos los viajeros del tren pasaron por nuestra zona de pasillo. Unos buscaban el bar, otros se habían equivocado de clase, otros no tenían asiento, otros iban al vagón contiguo, … Dada la enorme afluencia de gente nos pusimos a jugar a varias cosas. La que gustó más era que se formaba un pasillo de gente y el que pasaba por él tenía que acertar quién le daba un manotazo. Otro fue que nos tumbábamos en el suelo, como si se durmiera, y reírse de la gente que pasaba con sigilo para no despertarnos. También hicimos pasillo a la gente que pasaba con la misma pose que una jura de bandera. Jejeje! ¡casualidad! al poco rato pasó un militar de verdad tan o más cachondo que nosotros y simuló que hacía un reconocimiento médico de las tropas con un “sony”. Con tanto follón pasó lo que tenía que pasar y hubo que calmar los improperios de las abuelas cascarrabias y demás personajes que por lo visto querían conciliar el sueño. Por lo que se entiende resulta que nosotros echábamos por los suelos sus propósitos.
Poco antes de llegar a Ávila Pablo y Nacho ante la enorme cantidad de gente que pasaba por delante nuestro con latas de bebida se encaminaron hacia el bar. Hacía muy poco rato que lo habían abierto. A todos los que pasaban les pedían algo para beber. Viendo la jugada una tierna señora les preguntó:
– “¿Cuál es vuestro problema?
Y al unísono le contestaron:
– “La sed”.
Entonces, sin mediación de más palabras salieron del monedero 75 pesetas que tardaron muy poco en ser invertidas en la compra del líquido elemento. Una vez dieron buena cuenta de la Mirinda vinieron a contárnoslo los muy puñeteros.
A las dos horas llegamos a Ávila. Después de cruzar la ciudad “to tieso, to tieso” y, siempre y cuando, vayas a la izquierda o a la derecha en sus debidos momentos llegamos a la casa que nos habían dejado. Llegamos cantando y gritando canciones populares.
Las 12.30 de la noche. Emilio ya nos ha oído de lejos y nos ha abierto. Hay un problema. En Ávila cortan el agua por la noche. No podremos apagar la sed hasta mañana. Sin embargo, nos atiende estupendamente en todo lo demás. Nos enseña el lugar dónde podremos dormir y las otras dependencias de la casa. Después de cenar y de una guerra de sacos Miguel apaga las luces pasadas las dos de la noche.
La ciudad se despierta con la llegada del agua. Son las ocho de la mañana. Es un nuevo día. Nacho y Chimo desean salir a pasear pero no lo consiguen ya que la puerta está atrancada. Eso sí, las duchas empiezan a funcionar. Y en otra habitación ha empezado una batalla campal para ir abriendo boca.
Una vez todos duchados y desayunados se decretó que había un rato libre. La mayoría lo aprovechó para visitar la ciudad. Al principio cada uno fue un poco por su cuenta pero a media mañana nos reunimos para continuar la visita turística.

En la entrada de una de las Iglesias le dice un vigilante a Miguel que para entrar hay que pagar dos pesetas por persona. Después de una rápida conversación nos hace desistir de ello y probar suerte en otra. Vamos a la Iglesia de Santiago y también tiene guarda. Como vemos en un cartel que dicen misa a las once intentamos entrar sin pagar con la excusa de que queremos ir a la misa. Pero … según el guarda el sacerdote que decía esa misa se había muerto. Todo es ya un poco kafkiano por lo que debemos concluir que el horario de misas debe ser algo anticuado. Es una ciudad sin orden ni concierto. No se aclaran ni los mismos habitantes entre ellos. Preguntamos a todos y acabamos corriendo de un lado para otro. Como en Ávila lo que hay para ver son todo Iglesias de pago acabamos en las puertas de otra. En esta otra tampoco había misa. Nos hemos equivocado de nuevo. Pero … y ¿esa gente que hay dentro? Son de un entierro nos contesta con cara de circunstancias su cobrador. Total que como no nos ofrece ya mucho divertimento las escenas que devinieron optamos por marcharnos a pesar de que muchos excursionistas nunca habían asistido a un acto de estas características y resulta que no se lo querían perder. Acabamos en la plaza mayor de la ciudad. Aprovecho para comprar un carrete de diapositivas. Y decidimos ir a estrenarlo a las murallas puesto que el Sol estaba en su mejor momento.

Cansados de saltar, correr y posar para la cámara de Miguel nos fuimos a comer. Teníamos que hacerlo temprano para que nos diera tiempo a organizar toda la expedición y llegar a tiempo a la estación de autobuses.
Nos despedimos de Emilio. Se le notaba en la cara su alivio. Dejamos todo el peso que nos fue posible en la casa y con los disfraces de montañeros puestos nos fuimos a la estación de autobuses a primera hora de la tarde.
Cojimos el autobús que nos llevaría a Arenas de San Pedro y engañando al revisor y a los pasajeros nos pudimos instalar en la parte de atrás del autobús.
Aquí destacaron Pablo y Nacho que dieron el do de pecho. Estaban todos los viajeros asombrados. No sabían qué éramos. Unos debieron creer que éramos un grupo musical y otros, pocos, que éramos excursionistas. La verdad es que nos cantamos todas las canciones de la radio. Nos preguntaban a dónde íbamos. Los chicos contestaban que a Gredos y ante lo absurdo de la respuesta, puesto que ya estábamos en Gredos, dejaban de insistir sobre este tema. Las canciones eran a varias voces y nosotros mismos vocalizábamos los instrumentos musicales que la orquesta requería para la tonadilla. Yo con mi acusada timidez hice ni más ni menos que de presentador y animador al igual que los de la radio al resto del público del autobús.
Ha quedado para la posteridad como canción de la excursión la que dice algo parecido a:
“En la parada del autobús / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
y al picar el bono-bus / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac.
Un cigarrillo de fumar / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
para calmar mi ansiedad / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
mi corazón se pone a palpitar / tic, tac, tiqui, tiqui, tac, tic, tac
y no lo puedo remedia-aaaar.”
Después de muchos giros a la derecha e izquierda, de subir y bajar, después de decenas de kilómetros e innumerables pueblos llegamos a Arenas de San Pedro. Era ya media tarde. Nos lanzamos en busca del panadero y de algún establecimiento que despachara vino. Cruzamos el pueblo y al final, allí, en la otra esquina conseguimos cinco barras de pan y un litro de vino que fue directamente a la bota.
A las ocho estábamos en marcha. Conocíamos ya a todos los pueblerinos. No se veía a un palmo de nuestras narices. Érase una noche a unos excursionistas pegada. Fuimos hacia Guisando siguiendo la carretera. Algunos se empecinaron en llamar al pueblo cocinando. Será, quizás, que no entienden bien el nombre. Unos meses más tarde me enteré que era el famoso pueblo que tiene eso de los toros prehistóricos. A los señores lectores no les sé decir si realmente eso es cierto o no ni si son tan interesantes como dicen ya que yo, personalmente, me dediqué al llegar a abrir latas debajo de la luz de una farola. Y dí tanto yo como los demás una buena cuenta a lo que había en el interior de las chapas. Seguimos hasta un lugar en el que los del Icona tienen un campamento. Estábamos a poco tiempo de la plataforma. Miramos a ver si nos podíamos colar en alguna cabaña pero como no había ninguna abierta plantamos la tienda de campaña y preparamos la sopa. En la sopa pusimos un ingrediente nuevo que unos lo llaman “barco” y otros “submarino” según sea la capacidad de inmersión del mismo. Los dos Miguel se instalaron un vivac al lado del fuego. Es el colmo del “morro” supongo yo: no sólo nos metemos en el terreno del Icona y plantamos una tienda sino que encima hacemos fuego y no nos dice absolutamente nada nadie.
El tiempo sigue inmejorable. A las nueve estamos en pie y a las diez y cuarto lo tenemos todo recogido, habíamos desayunado, nos habíamos lavado y proseguíamos la excursión.
Objetivo: llegar a comer al refugio Victory de los Galayos pasando por la cumbre de La Mira. El plan inicial era haber llegado a dormir allí pero esto nos fue imposible dadas las condiciones del camino que llevaban a él y por el enorme desnivel que nos quedaba por recorrer.
Al poco rato de empezar a andar se paró un coche preguntando por un lugar conocido por la “cabra”. Como no sabíamos lo que era ni a dónde era le recomendamos que subiera hasta la plataforma y allí se lo podrían indicar mejor. Se nos ofrecieron a subirnos las mochilas e incluso cupo alguno de nosotros. Llegamos a la plataforma y allí había una magna cabra en un pedestal. Cuando me dí cuenta estaban todos subidos allí y querían que les fotografiara. Creo que alguno se llegó incluso a colgar de los cuernos.

En la plataforma hay un refugio. Pero el refugio Victory estaba muy lejos aún. Pasando por las construcciones de la zona quisieron tirar algunos petardos pero fueron pillados con las manos en la mecha. Entonces fue cuando empezó la gran caminata. Anduvimos por un río seco, lleno de rocas, por el que estuvimos poco tiempo al encontrar un camino mejor algo más arriba y a nuestra derecha. Era más fácil de andar por él pero el cansancio ya empezaba a notarse. Seguimos. Después del bosque cambió el paisaje. Se divisó ya el refugio y toda la sierra de Gredos de esta zona. El refugio Victory estaba enfrente nuestro. A simple vista daba la sensación de estar en un sitio inaccesible. En realidad está justo en la ladera de La Mira. A la derecha va apareciendo todo el Galayar con esas paredes que desafían a cualquier escalador. Veo muy impresionante al Torreón cuya escalada por su cara norte está conceptuada como de máxima dificultad y fue conquistada por primera vez por Teógenes Díaz en 1934. La Torre Amézua, junto con la Aguja Negra, es una de las más bellas del Galayar y su cara oeste es también una de las más difíciles abierta en 1968 por Gerardo Blázquez y Rafael de Miguel. Aparte de las mencionadas las agujas de más difícil ascensión son el Gran Galayo de Puerta Falsa, que es la más alta, el Pequeño Galayo, el Galayo o Risco de la Ventana, la Punta Tonino Re, el Diedro de la Punta María Luisa, la Aguja Gemela Sur, la Punta Margarita, la Aguja Desconocida y la Aguja Nueva.
Poco a poco íbamos acercándonos al refugio. Desde la plataforma empezábamos a ir más acompañados. Se notaba por la gente que había que era un domingo correspondiente a un puente largo.

Faltan unos 40 minutos para llegar al refugio. Llegamos a una bifurcación. Se puede llegar a La Mira directamente cruzando el río Pelayos y si no se cruza se llega directamente al refugio. Nuestro camino va a complicarse un poco puesto que transcurre a través de unos pedregales. El grupo estaba fraccionado. Algunos ya casi en el refugio mientras que a los demás nos queda todavía un buen tramo. Detrás vamos cuatro Rafa, Xema, Jesús y yo que cierro siempre la comitiva. Andaba algo preocupado por lo que estaba viendo y oyendo. Eran las dos y media. Seguían ahora, imponentes, las paredes de los Galayos a nuestra derecha. Se veían cordadas progresar en ellas y en las vías conocidas había un grupo de aprendices dirijidos por monitores de algún club de montaña. En algunas de las vías se llegan a ver hasta cuatro cordadas evolucionando a la vez.
Observo. Escucho. Reflexiono. Me hace pensar todo lo que pondero que puede ocurrir un fatal desenlace. Lo comento con los demás y seguimos avanzando. ¿Qué se puede hacer? ¡Nada! Pero es que la situación es evidente. Lógica. Ya es tarde. Al poco se oyen voces de socorro. Ha sucedido. Nos enteramos de las primeras noticias por un grupo que baja corriendo a dar la alarma al pueblo. El resto de nuestro grupo, que ya estaba en el refugio, ha visto la caída perfectamente. Los que vienen conmigo no entienden qué me ha hecho deducir y predecir lo que ocurriría antes de que sucediese y el haberlo hecho con tanta rotundidad.
Al poco tiempo está todo el mundo ayudando a bajar el accidentado para llevarlo al pueblo. Por los gritos de dolor del herido nos damos cuenta de la magnitud de las heridas. Ha caído casi 80 metros. La ha salvado, si se salva, la cuerda que le dejó colgando a un par de metros de las piedras del suelo. Rebotó mucho en la pared. En nuestro pensamiento hay un sincero deseo de que todo tenga un desenlace feliz. Después de colaborar en lo que pudimos, comimos y reemprendemos la marcha hacia La Mira. A las cinco de la tarde todavía no había llegado ningún grupo de rescate a la bifurcación citada anteriormente por lo agreste del terreno.

Nosotros estábamos en un collado que no era el que queríamos y para colmo estábamos agotados por el esfuerzo realizado. Nos tomamos unos melocotones en almíbar y bajamos un poco para ir más a la izquierda. En la cumbre de La Mira vimos cómo empezaba a oscurecer. Memorizamos el camino de regreso y descansamos todo lo que quisimos. La Mira se llama así porque resulta que existe en su cumbre un torreón troncocónico utilizado en tiempos pasados para el telégrafo óptico que lo pusieron allí dada la extensión de terreno que desde allí se domina. Es también un vértice geodésico.
Desde la cumbre vemos las altas cumbres del circo de Gredos y del de Cinco Lagunas. A lo lejos se ve una granja que no parece que esté muy lejana y trataremos de llegar hasta allí puesto que nos puede servir bien de referencia.
Y se nos echó la noche encima y nos aplastó. Pasamos descaradamente por delante de unos toros bravos y alguién tuvo que salir corriendo porque no se le ocurrió cosa mejor que tirarles un par de buenas pedradas. Se lo tiene bien merecido.

Nos pusimos a bajar y con muchas peripecias llegamos a la carretera que conduce a Hoyos del Espino. Por la carretera comprobamos el tiempo empleado en recorrer un kilómetro. Exactamente son once minutos considerando que era bajada y que íbamos a un buen ritmo de marcha.
En las orillas del Tormes pusimos un nuevo campamento. El fuego esta noche no quería arder. Gabriel consiguió que tuviéramos sopa a base de soplar las brasas insistentemente. Molidos y con frío acabamos acostándonos el resto. Un nuevo vivac y arriba.
A las seis estábamos levantados y a las siete en la parada del autobús que nos llevaría a Ávila. Estuvimos esperando casi una hora. Una broma de muy mal gusto. Todos nos movíamos para no congelarnos de frío justo al lado del bar Gredos de Hoyos del Espino. No nos quedaba nada para comer. En el autobús esta vez se durmieron todos. El viaje fue para recuperar fuerzas y vitalidad. En Ávila ya nos conocíamos la senda a cojer “to tieso, to tieso” y después de comprar el pan llegamos a la casa. Estaba Emilio, nuestro sino, que nos preparó un desayuno que se recordará para siempre no por lo rico que estaba sino más bien por lo poco que sobró. Lo recojimos todo y nos fuimos a la estación. El tren estaba a punto de salir. Mientras se subían las cosas lo más pausadamente que pudieron yo compraba los billetes. El taquillero se lió con las prisas. A cambio de los billetes que nos despachó le dimos el dinero que quedaba de la excursión. Nos habíamos quedado sin un duro.
En el tren lo único que se puede resaltar es que dejamos las cuentas claras con la RENFE y que enfadamos de verdad al revisor. Seríamos algo sospechosos. Viajábamos en la parte final del tren que iba a Madrid Norte y resulta que los billetes eran para Madrid Chamartín. Chimo, que aún le quedaba humor para hacer travesuras, se había escondido en el cuarto de baño. Le dí todos los billetes al revisor y cuando éste quiso ver las fotocopias de familia numerosa empezó el lío. Había dos billetes con una reducción del 50% y un único viajero con la fotocopia correspondiente. De hecho ese billete era uno comprado de más pero no avancemos acontecimientos. Para aclarar el “gracioso” que se estaba colando repartimos a cada viajero su billete. Chimo, para aumentar el mosqueo del pica-pica, en el reparto sale del cuarto de baño para coger su billete. Sorpresa. Para el revisor también tenemos billete. Sobra uno pues el segundo con descuento del 50% se lo damos al acalorado buen hombre de recto quehacer en su tarea de revisar y encontrar maleantes que viajan sin pagar. Cachondeo, follón, aplausos, risas. El enfado, como es de suponer, llegó a extremos insospechados y nunca vistos en la empresa ferroviaria. Con ánimo de ser un viajero ejemplar organizo la situación. Todo el mundo en fila india y quietos en posición de firmes. Empezó a continuación un rastreo profundo por todos los rincones en busca del viajero escondido. Como llegó a la verdadera conclusión de que no existía se procedió al repaso uno por uno de cada billete expedido y realizando el acto supremo de picar el billete una vez comprobado que todo estuviera en perfecto orden. Como estamos en fila, cada uno con su billete, fotocopias y demás a presentar el revisor se puso en el pasillo y procedió a realizar su tarea. Para ello acordamos que una vez esté todo comprobado el viajero podrá proceder a entrar en el vagón y despejar el rellano intermedio. Nacho entra con su chequetren, todo correcto, no tiene que tener billete ya que el chequetren es lo mismo que un billete. Yo y Curro entramos con los billetes del 40% de descuento y la fotocopia correcta. Chema y Pablo también lo tienen todo correcto y tienen sus billetes normales. Rafa y Miguel Ángel tienen billetes con el descuento del 40% de descuento cuando en realidad sus fotocopias al estar mal sólo pueden tener un descuento del 20% por lo que deberemos pagar la diferencia. Anótelo. Chema y Jesús entran con billetes de ida y vuelta, un descuento del 25%, pero resulta que no estan sellados por el taquillero de la estación así que los debe sellar el revisor para que esté todo correcto. Chimo tiene la fotocopia caducada y aunque le vale el descuento practicado deberemos pagar una multa por ello. No se le olvide, apunte y siga. Gabriel lo tiene todo correcto. Sorpresa. Efectivamente, sigue sobrando un billete por lo que le rogamos nos devuelva su importe. Total que una vez aclarado todo empieza a sumar y restar acabando la cosa en que le debemos trescientas pesetas. Y empieza otro problema. No nos queda dinero. La discusión llega a límites inconcebibles a la mente humana. Pero un rayo de luz aparece por la ventanilla y le da de pleno en el cogote de Gabriel que no se sabe porqué pero resulta que empieza a revisar frenéticamente los bolsillos de su mochila y aparecen milagrosamente justo las trescientas pesetas que nos hacían falta. Le damos el dinero y quedamos en paz. La RENFE es eficaz.

Como no tenemos dinero no tenemos más remedio que ir andando desde la estación Norte hasta la Moncloa para coger el autobús. Resulta que la suerte nos acompañaba y entre todos los bono-buses que teníamos nos llegó para pagar un viaje para cada uno. Eso sí al final de la parada tuvimos que andar de nuevo y cruzar todo un barrio a pie para poder llegar a casa justo una hora más tarde de lo previsto gracias a la efectividad del transporte público. Cuando nos recuperamos del esfuerzo por la tarde ya empezábamos a recordar las horas pasadas y a pensar en la próxima oportunidad de huir del mundanal ruido.
© Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Todos los Santos de 1978: la excursión de los Juanes, Caouarere y Culfreda

Una excursión realizada el 4 de noviembre de 1978.
Son las nueve menos cuarto cuando nos encontramos en la calle con la mochila en la espalda cuatro Juanes para hacer con otros seis compañeros más una excursión. Vamos llenando los coches y salimos a eso de las nueve y diez.
Una niebla bastante espesa nos acompaña hasta Martorell y luego se vuelve a reenganchar, ahora de humo y de gases de mal olor, entre Mollet y Sabadell. En El Vendrell tenemos que esperar que pase el tren y aún y así llegamos a Calafell más pronto de lo que la madre de PK se esperaba. Muntaner también tiene ganas de ir a Torredembarra a ver a sus padres. A pesar de lo ocupados que estan los demás lo pasamos con vinillo, almendras, avellanas, sugus y pan de la casa. Salimos de Calafell a eso de las cuatro menos cuarto y llegamos a Plan pasadas las ocho de la tarde. Es de noche y hemos hecho 531 kilómetros. Hace frío. Nuestra primera reacción es ponernos el jersey y entrar en el bar del lado de la carretera. Dentro, la estufa de leña y los hombres quemados por el Sol jugando a cartas dan un tono familiar al ambiente. Pedimos comer los bocadillos que llevamos y nos sirven el resto muy amablemente. Mientras los compañeros cenan PK y Gerald hacen una primera prospección del pueblo y se encuentran con dos gratas sorpresas: una viejecilla que con toda la amabilidad nos acompaña hasta el Hostal y la casualidad de oír por la tele, y de forma muy repetida, el nombre de San Juan de Plan mientras estamos bebiendo en la barra. Resulta que emiten el programa “Raíces” dedicado a los bailes y delicados útiles de trabajo de artesanía -como podrían ser los calcetines de lana, mantas, tapetes, etc- que tan bien se han conservado en este pueblecito tan alejado de la civilización y acostumbrado a sufrir las inclemencias meteorológicas más duras superándolas con los medios materiales que están a su mano. Con un acompañamiento tan gustoso la abundante ración de sopa y las costillas se comen con más deleite. Los que se han quedado en el bar de abajo todavía lo viven más intensamente puesto que algunos hombres que estan a su lado aparecen en el programa o son parientes de los que estan saliendo.
Enbobados con este espectáculo plantamos las tiendas en la chopera del lado del río Cinqueta. Una nube con forma de cabeza que se deja caer con forma de gotas frías lo humedece todo pero la tienda la repele en una noche en la que el sueño no es ni muy profundo ni muy relajador. Lo que sí nos relaja un poco, aunque nos hace pensar, es el juego de adivinar las montañas a partir de las cifras de sus alturas. Luego el juego va derivando poco a poco a montañas que llevan nombres de montañeros y, como no, montañas que llevan nombre de montañeras … Antes de dormirnos Braxman nos relata ampliamente las sensaciones que uno tiene cuando escala una pared y resulta que ves claramente que te has desviado de la ruta correcta.
El viernes nos levantamos a las ocho. Hace fresco y no hay nubes. Mientras, el Sol va enseñando la cara detrás del Puig Alfar y va calentando las casas más altas del pueblo. mientras vamos desayunando lo presenciamos todo. Un espectáculo vivo y rítmico de un despertar y salida de las personas y animales del pueblo: pequeños grupos de vacas grises con sus respectivos terneros, cabras, mulas y burros acompañados de sus pastores y pastoras de piel quemada y arrugada con perros de todas las medidas y pelajes más variados desfilando a pasos acompasados por el camino del río. También pasa, camino del Monte de Plan, un Land Rover que carga a los bosquetanos del pueblo. Y un hombre que ya ha hecho el trabajo puesto que los dos mulos que lo siguen llevan unos grandes fardos de leña para el fuego.
Ya es mediodía cuando emprendemos, en coche, el camino de Viadós. Está asfaltado hasta San Juan de Plan y el brancal que lleva hacia Gistaín. El pueblo se encuentra a 1400 metros de altura en el lado soleado de la montaña con torres de diversas casas señoriales y de un campanario que sobresale por encima del resto de los tejados. Baja por un camino de piedras un mulo que lleva las alforjas llenas de mierda hacia los próximos desnivelados campos. Es con este paisaje que uno entiende lo que significa la supervivencia y la utilidad de los múltiples animales en estos lugares. En la entrada del pueblo un hombre menos corpulento pero no menos amable de los que habíamos conocido antes nos dice que el refugio de Tabernés está abierto, que hay muchas vacas en Viadós, que la carretera es buena pero con bastantes piedras a las que habrá que subirse con las ruedas con el objetivo de no rebentar el cárter -como ya han hecho algunos-, que están haciendo muchas pistas por la zona de Plan y que desde aquí mismo arranca una con el objeto de llegar a Bielsa, que no quedan nunca incomunicados, que nos les hace miedo que se les ponga un metro de nieve en la puerta, y … etc. etc. etc.
Una vez estamos en el camino o pista de Viadós podemos comprobar como no se denomina así sino que se llama “senda pirenaica” que le da un aire como de maño o madrileño al igual que la torre de vigilancia que se encuentra instalada en el lado de uno de los campamentos. Un reguero de bordas o “quadras” se va extendiendo en el centro de los prados situados a lado y lado del camino. Se ven mujeres tejiendo calcetines y hombres durmiendo a la vez que guardan sus respectivos rebaños de vacas. Las pétreas y largas crestas del Posets y Las Espadas junto con las más proporcionadas de La Forqueta y de los Eristes se nos muestran soberbias y altívolas ante nuestros flipados ojos cuando llegamos a los Llanos de Viadós y empezamos a andar, menos los conductores, camino a Tabernés. Hay vacas en los prados que rodean el refugio. El Batoua, conocido en este país como Culfreda, preside majestuoso este frío valle.
Para conocer mejor el camino que tendremos que hacer mañana por la noche un grupo anda una hora hacia el Puerto de la Madera. Cuando regresa la comida-merienda-cena ya está preparada y el fuego enrojece e ilumina la fría estancia. El pastor se calienta y con un hablar rápido pero mesurado y amigal nos explica que guarda quince vacas en este terreno comunal. Por lo visto, la parte baja del valle es particular, en Gistaín hay casi ochocientas vacas, que en el invierno lo pasan muy mal para alimentar a tanta vaca y las tienen que tener dentro de las bordas, que el año pasado subió aquí un solo coche en el mes de enero, y tal y tal y tal … Nos abandona muy a su pesar … El Sol dora con sus últimos rayos la mole del Culfreda y nosotros meditamos alrededor del fuego las aventuras del Braxman entre los esquimales, las condiciones que le conducen a uno a tirar cocteles-molotov, las posibilidades de usar un piolet como arma defensiva, …
El sábado nos despertamos que son poco más de las tres de la mañana. El cielo sigue estrellado como ayer y una helada que te pone la piel de gallina cubre la tierra. Un vaso de leche chocolatada nos pone a buena temperatura.
Salimos a las cinco con pasos cortos y sólo los alargamos cuando nos llega un azote de aire frío procedente del Puerto de la Pez. A las seis y cuarto pasamos por la piedra que tiene pintado en rojo “camino del Puerto de la Madera” que está situada poco después de aquella que pone eso de “senda pirenaica”.
Empieza a clarear cuando subimos por una zona de hierba y matojos. Un gendarme de la cordillera que pasa a nuestra izquierda nos cautiva. Más tarde son las primeras luces del alba que pinta de oro viejo la falda y paredes del Culfreda y la larga cresta que desde éste desciende hacia el Puerto de la Madera. Por fin, y limitándonos a los elementos orográficos más inmediatos, ante nosotros las paredes cortadas a plomo de la Peña Blanca.
Nos paramos a desayunar -queso, chocolate, membrillo, fuet, bacon, jamón, higos, avellanas, pan, limonada, leche y litines- bajo el mismo puerto, en el lugar que nace el río, a las ocho y media. PK que hasta ahora a ido subiendo lentamente y animándose con mútua conversación con el Braxman dice que no tira y que se va a quedar en el puerto: va a ser el anuncio de un manifiesto, largo y doloroso suplicio.
Continuamos la fuerte subida por la hierba y tartera hasta el Puerto de la Madera. Llegamos en un cuarto de hora. Las penumbrosas y pálidas paredes de la Punta Fulsa tienen un aspecto muy invernal. De poniente a levante el Marboré y el Posets dominan, aunque lejanos, todo el paisaje. A medida que vamos superando la enfilada y ancha cresta del Cauarere van apareciendo detrás suyo los picos que escondía el Monte Perdido, los Astazus, el Vignemale coronado de nieve. PK y Braxman se quedan y los demás coronamos los 2901 metros a las diez y media. Casi sin pararnos y en una media hora más llegamos al Culfreda de 3034 metros sorteando las dificultades de su entretenida cresta unas veces por la vertiente española y las otras por la francesa.
Asímismo, la diferencia de color entre cada una de las vertientes es muy evidente. Por el francés los abetos remontan la ladera casi hasta nuestros pies y se descubren grandes manchas de nieve entre sus pobladas copas y se puede llegar a ver, incluso, un pueblo enblanquinado y un embalse de color sepia en medio de un general color oscuro. Por el español el único habitáculo es el refugio donde hemos dormido y todo lo demás son montañas pedregosas y afiladas, clapeadas de nieve en las paredes más resguardadas y bañadas por dos estanques inmersos en la penumbra: el de Ordiceto y los ibones de Bachimala.
Por lo que respecta a las cumbres, y en dirección E-S-W, la corta estancia en la cumbre me hace descubrir el Baliner, el Lostou, el Abeillé, el Pequeño y Gran Bachimala, la Punta del Sabre, los Gemelos, el Posets, Las Espadas, el Pavots, la Forqueta y el grupo de los Eristes, la Peña Blanca, las Tres Huelgas, la Punta Suelza, la Punta Fulsa, las montañas del cañón de Añisclo, las Tres Sorores, los Astazus y el Vignemale.
Bajamos, ahora siempre por el filo de la cresta hasta encontrarnos de nuevo con PK y el Braxman a eso de las doce del mediodía. En el descenso PK va acusando las punzadas y la asfixia producidas por la hernia de esófago. Para acabarlo de rematar no encontramos agua hasta que llegamos a la mitad del bosque. El sufrimiento moral y físico tanto de PK como de los que lo acompañamos es notable. Afortunadamente un azucarillo con nieve y después otro con agua ferruginosa le permiten hacer un gran erupto. Parece que le alivia algo y conseguir llegar fatigado al refugio a eso de las tres de la tarde sin haberse dado cuenta de nada de lo que le ha sucedido en todo este tiempo.
Comemos un poco, lo recojemos todo y nos las piramos. Los que bajan a pie se lo cojen con calma porque dicen que estan cascados pero resulta que cuando se les aparece un perro saben correr como el que más. Reencontramos al pastor de ayer y a la gente de Plan y de San Juan de Plan que regresan al pueblo con mulas cargadas de leña y burras que si no obedecen se las insulta con un clarito “burra del cojón” estrepitoso. En Plan la gente nos pregunta si hemos subido y si allí se pasa frío. En Sin nos repasan con una cara de curiosidad y extrañeza -vamos tres coches- muy inquietantes. Pero nos ofrecen la rectoría para que vayamos a dormir.
Cenamos en el comedor familiar del bar de la carretera de Plan. Nos sirven sopa, ensalada, verdura, tortilla, hígado, costillas y fruta todo por 300 pesetas mientras Braxman intenta convencernos de bajar el Fluvià con una balsa de madera hecha por nosotros mismos (Nota del traductor: como podeis claramente comprobar Braxman es, ni más ni menos, que el precursor del rafting) y PK se enrolla con lo de la universalidad de los sabadellenses. Entendemos la amabilidad con la que nos ha acogido esta gente cuando la señora del bar nos dice que tuvieron un maestro que era de Girona. Pobre hombre. ¡Qué destierro!
El domingo salimos a las siete y cuarto de Plan. Sólo encontramos un par de coches hasta La Foradada. En Arró un Sol redondo como una pelota reluciente pero que está difuminado por un cielo calichoso y que saca la nariz por encima de la montaña constituye el tema fotográfico de todos los objetivos exigentes del coche. En Barbastro acabamos las provisiones y hacemos la crónica del mercado musical.
Braxman sale el primero. No vemos por donde ha salido. Esperamos a que el semáforo se ponga verde y el urbano nos deje salir. Apretamos el acelerador a fondo y paramos en Monzón para considerar las posibles hipótesis más probables: Huesca o Lleida. Lo esperamos media hora y seguimos el camino. Paramos de nuevo en Las Balsas y esperamos infructuosamente una hora y media más. Durante este rato nos entretenemos a arreglar el reventón del Simca. Planteamos la hipótesis de que se hayan ido a Huesca y regresado por Fraga y la autopista o que simplemente se hayan ido hacia Girona sin parar. Desanimados proseguimos nuestro camino. En el área del Vallés telefoneamos y nos dicen tranquilamente que ellos ya han llegado. El hambre aprieta y les maldecimos los huesos. Cuando uno de los coches se para o se atrasa los otros siempre es esperan pero ya se sabe … la excepción confirma la regla … ¡Por algo es Braxman!
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.002.

Aventuras en Semana Santa

Acordamos en la segunda reunión oficial del SAM celebrada el 7 de abril de 1976 ir, si el tiempo nos lo permite, por Semana Santa al Monteixo o al valle de Tavascan. Cumplidos correctamente los encargos dados a Paco G. y a Pedro P., después de unas previsiones más bien desfavorables del “hombre del tiempo”, salimos, tal como estaba previsto, un primer grupo el miércoles al mediodía. Los demás miembros de la expedición quedan citados al día siguiente en Llavorsí.
Con la carretera de Olot arreglada y con la ganancia de tiempo que representa pasar por la Cantina llegamos, en unas dos horas, a Ribes de Freser. Allí comemos comentando las proezas de las grandes figuras del ciclismo y la vida desviada y desgraciada de alguno de ellos. No obstante, estamos tan metidos en la conversación que después de llenar la bota de vino con un caldo del Priorat nos la dejamos sobre el mostrador. La collada se hace corta y una vez tomamos la carretera vieja de la Molina sus agujeros nos recuerdan los problemas de patinaje artístico sobre ruedas y la necesidad de usar los piolets para pasar han quedado ya atrás en el tiempo. La temporada invernal actual en la Cerdanya, que ya ha empezado a rebrotar, toma de nuevo color y nueva vida. Antes de llegar a la Seu d’Urgell nos revisa la Guardia Civil. La carretera de Adrall a Sort, ahora incluso indicada, está toda asfaltada y nos permite disfrutar de los últimos rayos de Sol sobre las montañas fronterizas de Andorra. En cinco horas llegamos a Àreu. Han sido 275 kilómetros hechos a un buen ritmo.
Nos dicen que la noche anterior ha nevado y que hoy hará lo mismo. Los proyectos, las previsiones se cumplen. Después de plantar las tiendas por primera vez y de cenar viendo el partido Madrid – Bayern nos vamos a dormir. La nevada nos hace sacar la cabeza de vez en cuando por la puerta y no dormimos mucho.
Cuando nos levantamos todavía nieva pero el suelo aún no está blanco ya que el viento no deja que la nieve cuaje. Calentamos leche y café. Subimos con el coche un poco. Sigue nevando. Cruzamos el río Vallferrera y ascendemos zigzagueando por el barranc dels Crusos. Por un momento perdemos el camino y lo encontramos de nuevo. Va parando de nevar y el día se va despejando. En la primera borda bebemos la leche que aún está caliente que la acompañamos con nueces, almendras, avellanas y pasas. Llenamos la cantimplora. Pasamos por una segunda borda y una tercera avanzando ahora por un llano que nos acerca a la sierra. Una vez en el pie de la ancha y empinada canal que conduce al collado paramos para recuperar el aliento y PK nos comunica su bajo estado de ánimos aunque ya ha salido el Sol por entre las nubes y el día parece mejorar. Es su voluntad de hierro que una vez más lo hace proseguir aunque penosamente. La nieve, unas veces dura y otras blanda, está normal que con la que ha caído hoy permite andar bien. Josep Ma. G. se pone un crampón y el otro no le entra. Nos desviamos ahora hacia la derecha para conquistar la cresta que desde el pueblo sube directamente hasta la cumbre. Son poco más de las doce y ya gozamos de la visión de la altiva cresta que va hasta la cumbre. Su aspecto engaña. Fotos, sardinas, pan, atún, anchoas, almendras, un poco de leche caliente y descendemos. A nuestra izquierda la vall de Tor y el pueblo más alto de España. Detrás el port de Salòria y Andorra. Primero, el descenso es normal por la hierba ligeramente blanqueada. Después, la bajada por las piedras y por el bosque se hace un poco pesada y ya tenemos ganas de llegar abajo. Hacemos otro resoplido y alguien afirma que ya sólo nos queda un cuarto de hora. Efectivamente. Al cuarto de hora vemos de nuevo la tienda a nuestro lado con una yegua paciendo y dos barceloneses que la filman ignorando la belleza que se disfruta más arriba. Prefirieren la oscuridad del valle hundido y triste. En el grupo de casas, de la parte de arriba del pueblo, quedan los dos muros y el ábside de una sencilla iglesia románica que ha perdido el tejado. Comemos, recojemos las tiendas, recordamos la nevada de la noche anterior con un lavado de pies que nos los deja nuevos y nos encaminamos de nuevo por la estrecha carretera que paralela al río nos conducirá a Llavorsí.
Nosotros somos puntuales a las cinco. El resto del grupo hace dos horas que han llegado. Han traído consigo la bota de vino que nos dejamos en Ribes de Freser sólo que está un poco más vacía de como la dejamos. Se ejerce la democracia y cada uno vota por la cantidad de pan que hay que comprar. El resultado no será acertado. Seguimos de nuevo la carretera pero hoy seguiremos el afluente de la izquierda: el Cardós. El valle es más verde y más ancho. Paramos un momento en Tavascan para comprar vino y seguimos hacia Boavi. Hay más charcos que el verano pasado. Paramos en el refugi d’Artamon. No hay magrebíes ni gente del país: sólo un grupo de excursionistas. Acampamos en la parte de abajo de la carretera y justo al acabar empieza de nuevo a nevar. Dejamos la comida en el refugio de arriba y nos vamos al local abierto que está todavía más arriba. Pronto surge un corto, espontáneo y natural coloquio sobre el “día del amor”. Calentado el corazón ahora conviene llenar el estómago con unas buenas butifarras cocidas en la estufa que parecen querer explotar y huevos, tortillas, carne, salchichas y otros complementos. El pan se acaba pronto. Después le sigue el vino, el té, el coñac y los chistes de Pedro P. acompañados de risas y voces onomatopéyicas. Cuando salimos afuera ya hay un palmo de nieve y los coches están blancos.
Viernes. Subimos un poco más con los coches hasta el Planell dels Castellassos. Nos adentramos entre las matas y por el lado derecho del río Certescan por el valle que nos conducirá a su lago. Hay mucha nieve caída reciente y te hundes en ella como si nada. Después encontramos el camino y la subida se hace menos dura. Nieva fuerte. Un servidor se pone la capucha del impermeable y se me añaden de golpe sesenta años. En un primer instante mirando a Miquel con el impermeable por encima de la mochila alguien recuerda un chiste de ayer y exclama “primero los excursionistas …”. También se incrementan las escaramuzas de arma blanca y se detienen un momento para contemplar la belleza del paisaje: una cascada de agua entre la nieve y el río helado. Seguimos la marcha y continúan las escaramuzas. A medida que sale el Sol va parando de nevar y se puede disfrutar de un blanco panorama.
Otra bocanada de aire y vemos a nuestra espalda el valle de Sotllo y de Sallente con la serra de Montarenyo. Emprendemos de nuevo la subida que va adquiriendo la magnitud de belleza. Lástima de nieve blanda. Ahora avanzamos penosamente por una hondonada con el objeto de cruzarla en dirección a la carretera de Romedo. Las bolas de nieve que bajan por la pendiente dejan un camino recto y bien hecho. El nuestro es más torcido. Llegamos a la carretera medio tapada por la nieve. No podemos avanzar más. Casi son las doce y hemos de regresar. El regreso es más agobiante puesto que la nieve es muy blanda y te hundes fácilmente. En unas piedras secas nos paramos a desayunar un poco. Jordi P. hace el sacrificio de ir a llenar la cantimplora un poco más abajo. Pedro P. y yo hacemos la limonada y los otros comen. Delante nuestro podemos contemplar el valle y arista del Sotllo de pendientes muy acentuadas, el Pic d’Estanys, el Pic de Baborte, el Pic de Basiero y la serra del Montarenyo todo blanco y con escasos contrastes. Con poco tiempo deshacemos el camino hecho no sin antes habernos tropezado con los arbustos y mojado un poco. Un tirón hace sufrir por un momento a Paco G. Pero todos los males se pasan en el baño que hacemos una vez llegamos al lugar donde tenemos las tiendas. Recojemos todo y bajamos hacia Tavascan. La gente de los bares están desbordados con la llegada de la gente de Barcelona y hemos de marchar habiendo comido una simple bolsa de patatas y una bebida. Bajamos de nuevo a Llavorsí. Comemos en el bar Els Esports: pan, anchoas, cavalla, atún, sardinas, uvas pasas, higos, avellanas, almendras, cacahuetes, etc.
Hace poco llovía pero ahora ya ha parado. Unos de Girona nos dicen que el port de la Bonaigua está cerrado y parece que ellos querían pasarlo y no han podido: ¡de Girona tenían que ser! En la Noguera Pallaresa hay algunos pescadores. Si el miércoles cantábamos Jordi P. y yo hoy muestran su voz PK y Pedro P. En la Pobla de Segur cojemos la carretera vieja de Pont de Suert: nada aconsejable. Después del coll de Perves nos hemos de esperar porque el Mehari se retrasa y en el coll de Viu casi nos pisa los talones. Bajando recordamos aventuras pasadas por estos lugares con autocares en noches de tempestad y el milquinientos que hacía explosiones. En Vilaller hemos de esperar un poco a Jaume D. Después de sus siempre cordiales y animados saludos nos hace saber que el refugio del túnel de Viella está lleno puesto que hacen el Rally de esquí y que los demás están esperándonos en Benasque. Nos dirijimos hacia allá mientras una sensacional nevada a la altura de Las Paúles dificulta en gran manera la conducción. Hacemos un intercambio de opiniones y de actividades realizadas que han sido intensas por las dos partes. En el pont de Sant Jaume ya salen a nuestra búsqueda los otros acampados. También llega la Guardia Civil que por fortuna hoy están amables. Caras conocidas y algunas que no lo son tanto. Tanto Alfonso y Pep V., con su voz siempre afable, nos abrazan amigablemente. Plantamos de nuevo las tiendas, cenamos cuatro tostadas que entran muy bien untadas con aceite y acompañadas con cuatro puñetas y nos vamos a dormir: las montañas y el sueño pesan sobre nosotros.
Un día estrellado y claro como pocos. Hace un poco de fresco pero se está bien. Entre equiparnos y arreglar las cosas pasa todavía un buen rato. Podemos subir por la carretera de la izquierda, abierta estos días para el Rally de esquí, aunque en un túnel nos hemos de parar y apretar. Una cascada cae sobre la pista y parece que nos quiere duchar gratis. Encontramos a Jaume y a Albert P. que bajan a buscar a los que faltan. El R-5 ha tenido el primer rebentón. Unas piedras grandes cortan la carretera nueva y hemos de dejar el coche. Más arriba hay otros que se han quedado cortados por el desprendimiento. Seguimos hasta el final a pie y bajamos para ir a encontrar el río continuando por el camino hacia el Pla d’Estanys. La nieve está bastante dura y el Sol se hace sentir.
En el Pla d’Estanys mordisqueamos alguna cosa. Mientras unos buscan petróleo, otros traen agua o hacen limonada y los demás comen lo que pueden: una naranja, pan, queso, galletas, chocolate, etc. Hay quien tiene prisa y se lo coje con un ritmo acelerado distanciándose pronto del grupo. La nieve es buena. Van distinguiéndose el Perdiguero, el Posets, el Gourgs Blancs, los Picos de Alba, las Maladetas, el Aneto, la Forcanada, el Tempestades, el puerto de la Picada y el Salvaguardia con el puerto de Benasque debajo. Si este era el primer objetivo ahora lo hemos cambiado por el de la Picada. Caminando a grandes zancadas nos adelantamos algunos para avisar al grupo de delante que hemos de bajar. Ellos ven que el tiempo les permite todavía subir un poco más seguramente porque no llevan ni jerseys ni comida ni piolets ni máquinas de fotografiar. Jaume C. sube hasta el collado mientras nosotros ya bajamos. Encontramos unos esquiadores del Rally y de vez en cuando miramos si bajan. Es inútil. Los vemos llegar cuando nosotros ya estamos en el Pla d’Estanys.
Con un tono expresivo, mientras bajábamos, PK le dice al otro Pep mirando al Perdiguero.
– “¿Ves qué quiere decir cuando se dice que esta montaña es una butifarra?”.
Es que realmente lo es. No por ello dejamos de parar un momento pensando cómo comérnosla y disfrutarla.
Antes de llegar a los coches se ha puesto a llover, más bien dicho, a nevar. Poco después llegan los otros. Yo llevo las llaves del coche en mi mochila por lo que hemos de esperar a que vengan a por ellas. Mientras, pasan los de la Cruz Roja y nos informan que hay dos accidentes: uno de congelación y otro de heridas en la cabeza. Es el riesgo de la montaña muy bonita pero gigante que a menudo queremos desafiar y lo pagamos con la vida o en el mejor de los casos con un buen susto.
En el campamento llueve. Tenemos trabajo para encender el fuego. De vez en cuando lo logramos y podemos calentar agua y verduras. Mientras en la cocina, Paco, que se ha quedado al no tener las chirucas secas a la hora de salir, y Jordi cuecen las patatas y la panceta. Entre todo sale una comida bastante fuerte pero buena. No todo el mundo la digerirá bien. Desmontamos las tiendas, ordenamos un poco los coches y bajamos hacia abajo. En el bar La Renclusa no tienen cafés. Vamos hasta Graus lugar en el que cenaremos y dormiremos en los alrededores.
En el regreso pasamos por Barbastro, Monzón donde el viento sopla muy fuerte, Lleida, Montblanc, Valls, Vilarodona, El Vendrell y Calafell. PK nació en Vilarodona y recuerda el lugar en el que vivía, la columnata romana, el campanario (el segundo más alto de la província), el vino (el más bueno de la província), el campo deportivo. En la salida hay un abrevadero que debe ser el mayor de la província puestos a decirlo todo y es que los hay que quieren a su patria chica y la quieren alabar en todo lo que se pueda. En Calafell encontramos a sus padres que no saben como compaginárselas para atender a tanta gente de visita ya que no se lo esperaban. Comemos en el bar Naves y acabamos con todo lo que nos quedaba. Bien faltaba algo por decir: un reventón en Mollet del Vallès. Eso en realidad fue poca cosa puesto que antes las habíamos pasado canutas para sacar las llaves del R-5 que se habían quedado dentro.
© Joan Fort i Olivella y traducido al castellano por Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2.000.

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2017 - Miquel Pavón